Akinmusire-Holland Jazz de dos. Lectura de dos.
Las luces se apagan, en el escenario del Jean-Duceppe, aquí en Montreal solo, al centro hay lo suficiente para un dúo. Es lo que hemos venido a ver.
Las luces se apagan, en el escenario del Jean-Duceppe, aquí en Montreal solo, al centro hay lo suficiente para un dúo. Es lo que hemos venido a ver.
Al inicio del concierto dijo: “me gusta imaginar que somos como árboles en un bosque conectados entre nosotros y que la música es nuestro fertilizante. Vibremos y crezcamos juntos”.
Laufey sabe tocar el corazón de los jóvenes a ritmo de jazz, bossa ligerito, de música emotiva, sensible y romántica…y quién puede quejarse de eso…yo no.
Cada decisión crea un nuevo camino, una nueva historia que se despliega ante nosotros. En este viaje musical, somos navegantes y testigos de un arte que trasciende el tiempo y el espacio, un arte que, al igual que la vida, está lleno de caminos no tomados y posibilidades sin explorar.
Así que esta música no se va a ningún lado, está perfectamente custodiada y tiene nuevas generaciones felices de aprender y llevarla a sonar a todo el mundo.
La historia es conmovedora, un mosquito provinciano que sueña tocar en una banda de jazz de la gran ciudad, y que en el camino de buscar su sueño se enamora de una mosquita urbana. La manufactura es artesanalmente perfecta y la sonorización llena de matices.
Casi dos horas llenas de energía, donde Clarke pasa del bajo acustico al eléctrico, requintea, toma el arco y usa el sonido del cello para viajar con el violín y luego lo manotea, lo rasga lo agita y lo pone a vibrar.
Si a mí me quedaba alguna duda de por qué una nueva generación encabeza la edición 44 del Festival de Jazz de Montreal, fue borrada por completo con el concierto de Julian Lage. En el jazz (o en lo que se ha transformado el jazz) el currículum es lo que menos importa.
En esta edición 44 del Festival hay más de 300 conciertos programados. Es una explosión de música completamente irreal, espectacular y extraordinaria. Montreal se anota un gol olímpico de nuevo al ser el epicentro de la fiebre del ritmo.