Akinmusire-Holland
Jazz de dos. Lectura de dos.
30 de junio de 2024
Por Erik Montenegro
Hay una mujer en mi asiento.
¿Está tejiendo?
Tiene además en el asiento contiguo, -que seguramente también es de alguien más y pronto vendrá a reclamar- un sombrero blanco de gasa vaporosa y lazos, un chal tejido azul, una bolsa negra de doble asa desde donde se asoman libros y algunos pañuelos desechables usados.
Vuelvo a revisar.
Plaza de las Artes, Teatro Jean-Duceppe, fila L, asiento 36.
Estoy correcto. Hay una mujer en mi asiento.
Quizás unos 64 con la luz del teatro, 61 en la obscuridad del concierto. Afroamericana. Intuyo que bellísima tiempo atrás. Aún conserva una mirada única bajo las gafas.
-Buenas tardes, hola. –Digo con una sonrisa. Me parece que tengo este asiento.
-Estoy hecha hoy un desastre, perdone por favor dice mientras hace a un lado la libreta que sostiene con una pluma (no estaba tejiendo), las gafas se le caen, mueve la bolsa negra, le levanto las gafas café cuadradas, cambia de lado el sombrero, lo pone en el suelo –qué pena, dice.
–Por favor no se preocupe, le digo.
Finalmente el asiento 36 de la fila L quedó despejado.
-Hoy no me he podido concentrar, me dice mientras termino de acomodarme.
Vine a recargar la batería de mi vida, vine por más aire, este hombre es extraordinario.
Mi vecina de asiento se refiere al trompetista y compositor originario de Oakland al que hemos venido a escuchar Ambrose Akinmusire. Mi primera referencia fue el haberle presentado en mi programa de radio como uno de los discos más propositivos del 2018, aquél de nombre “Origami Harvest”, inolvidable el desconcertante y maravilloso intro de “a blooming bloodfruit in a hoodie”, con cuarteto de cuerdas que se transforman en el subtítulo de la voz de Kool A.D. procesada, firme e integrada, añadida al sonido acústico más natural del cuarteto de cuerdas y el combo de jazz, para después volver a la cuerda en una narrativa de por más creativa. Lo que está rapeando es tema de otra conversación. Este disco identifica a Akinmusire como alguien que busca la identidad y la justicia social en sus composiciones.
En Nueva York, donde se mudó después de graduarse del Instituto Thelonious Monk en California en 2007, Akinmusire se convirtió en una presencia formidable en bandas lideradas por Vijay Iyer, Aaron Parks, Esperanza Spalding y Jason Moran, colegas con los que desarrolló un vocabulario de jazz diverso y armónicamente avanzado. A través de su trabajo como acompañante, su perfil comenzó a expandirse y, eventualmente, Akinmusire llamó la atención de Bruce Lundvall, entonces presidente de Blue Note Records. La historia sigue su curso.

Las luces se apagan, en el escenario del Jean-Duceppe, aquí en Montreal solo, al centro hay lo suficiente para un dúo. Es lo que hemos venido a ver.
La Trompeta de Akinmusire junto al contrabajo de Dave Holland.
Aplausos
Comienza el diálogo de dos amigos que parece que se encuentran casual y se ponen al día sobre la lluvia, el tipo de cambio, el café frío de la mañana, solo que aquí la trompeta le está hablando al contrabajo y entonces éste le responde, a veces cambiándole el tema.
Después se pondrá aún más interesante la plática, pero es que una luz ha llamado mi atención. Es una pequeña luz con tono azulado, tenue que sostiene mi vecina de asiento y que tímida tapa con su mano para dejar solo un ligero asomo de luz que utiliza para abrir su libreta, tomar su pluma y escribir.
A Dave Holland se le descoloca el micrófono del contrabajo y cada rasgueo se vuelve percutivo pero de forma involuntaria, se agacha y recoloca.
Ambrose toma la batuta. El jazz de dos es para fanáticos grado alto, buscadores de tesoros, turistas extremos, almas perdidas.
Dice el previo del programa de esta noche: A lo largo de los años y a través de innumerables experiencias musicales, Holland ha llegado a definir su propósito como músico, y lo articula bien. Y entonces el contrabajista comenta: “Estoy tratando de crear música que exista en múltiples niveles, como elementos más simples junto con elementos más complejos. Para mí, gran parte del gran arte, ya sea visual, musical o escrito, tiene la capacidad de hacer esas cosas: ofrecer algunas verdades fundamentales que resuenan en las personas, pero al mismo tiempo, introducirles una nueva forma de ver esos fundamentos que les brinda una perspectiva un poco diferente…”
Mi vecina apaga su luz azulada y tose. Se escucha una tos agravada por quizás demasiada sobremesa en su vida. Saca más pañuelos desechables y los destierra en el bolsillo de su chal azul.
DownBeat, una de las publicaciones más respetadas en el mundo del jazz, ha elogiado repetidamente a Ambrose y sus álbumes, señalando la evolución constante de su música y su disposición a explorar nuevas direcciones. La revista JazzTimes también ha reconocido su impacto, calificándolo como uno de los músicos más importantes de su generación.
La relevancia de la carrera de Akinmusire se extiende más allá de sus logros individuales. Su música ha sido vista como una plataforma para abordar temas sociales y políticos, reflejando su compromiso con cuestiones contemporáneas.
Mi vecina me da un codazo y enciende su pequeña luz azulada cubierta por su mano. Pone su largo índice en lo que acaba de escribir en una caligrafía hermosa:
“Music is the refuge of souls ulcerated by happiness”.
La música es el refugio de las almas ulceradas por la Felicidad. EM Ciorán.
Lo anoté en mi celular mientras Dave Holland atacaba el contrabajo impetuosamente y Ambrose le esperaba en las sombras, para después dar dos pasos y encadenar sonidos de largas y altas notas, que primero no empatan, no se llevan, no se hablan con lo que está haciendo el contrabajo y luego; de un rato, parece que nacieron para ser una sola.
De nuevo la tos, el pañuelo desechable. Pero esta vez la lamparita de luz tenue azulada ya no se volvió a encender. Mi vecina, la del sombrero blanco de gasa y lazos, después de escribir incesamente en su libreta de notas, se quedó profundamente dormida, entre una bolsa negra de dos asas, algunos libros, unas gafas café cuadradas y las letras de Emile M. Ciorán.
Fotos: Frédérique Ménard-Aubin







