La Improvisación en la Música: Decisiones, Multiversos y caminos no tomados.
La Magia de Tord Gustavsen Trío.
29 de junio de 2024
Por Erik Montenegro
Imagina un concierto como una barca en medio de una ventisca. Las sogas chocan entre sí, las cajas de madera se deslizan al compás del mar enfurecido. La música se convierte en esa barca que se balancea, chirriando en las entrañas, desafiando a los elementos. Luego, la neblina trae una calma quietud, como si una novela abriera sus páginas a nuevos lectores, transformando el tumulto en una serena expectación.
El vapor se eleva sobre las cabezas del público, y el pianista se convierte en el cuentacuentos, el capitán de los sueños. Este hombre es Tord Gustavsen, cuyas interpretaciones son un viaje a través de paisajes sonoros inexplorados. En sus propias palabras: “La música es un diálogo constante entre el silencio y el sonido, una búsqueda de lo no dicho”. Cada nota que toca es una palabra, cada acorde una frase que resuena en el aire, invitándonos a explorar nuevos mundos.
Tord Gustavsen de origen noruego, conocido por su enfoque introspectivo y meditativo, ha sido aclamado por críticos y público por igual. Su álbum “The Other Side” ha sido descrito por JazzTimes como “una obra de arte que invita a la reflexión, llena de texturas y matices”. El contrabajista suelta las amarras y con su arco canta historias usando el micrófono del instrumento. Estos son otros paisajes, ajenos pero fascinantes, como las historias de los abuelos de tierras lejanas que nos embelesan al prestarles atención.
En una entrevista reciente, Gustavsen mencionó: “La improvisación es como caminar por un bosque desconocido; cada paso puede llevarte a un nuevo descubrimiento, a un nuevo rincón de belleza”. En este universo, el pianista como relojero del piano se acerca, encorvado, para mirar qué tan suave puede sonar cada tecla, puliéndolas, consintiéndolas, alimentándolas y viéndolas crecer. Este es un cuento que no tiene final pero tampoco pausas, una narrativa sin interrupciones que nos lleva de la calma al frenesí, de la tierra al cielo.

El tema “Vicar Street” llegó casi que por casualidad, todo se generó por un C# de Bach que solicitó el Capitán. Entonces arranca un nuevo viaje. No sabemos a dónde vamos, pero no importa. Las pócimas y remedios untados al piano transforman sus sonidos en paisajes de montaña, valle, bosque y raíz. Cada tecla trabaja con una tableta mágica colocada sobre un rincón del piano de cola y esta libera voces de coros, conejos que sacan sombreros, girones de emociones que se entrelazan en una sinfonía de posibilidades infinitas.
Gustavsen, con su enfoque en el minimalismo y la belleza contenida, ha declarado que “la música debe tener espacio para respirar, para que cada nota tenga su propio peso y significado”. Su trabajo, “What Was Said”, ha sido elogiado por The Guardian como “una mezcla sublime de jazz y música sacra, con una profundidad emocional que es a la vez conmovedora e inquietante”.
Si el concierto que vimos nos evoca a un libro y sus historias, pues que sea un Nobel de literatura, pero también de ciencia por cambiarle el sonido al piano acústico y de paz porque eso nos dejó a todos los asistentes que de pie, sacaran una vez más al trío para un último tema, una obra maestra donde la improvisación abre multiversos sonoros.
Cada decisión crea un nuevo camino, una nueva historia que se despliega ante nosotros. En este viaje musical, somos navegantes y testigos de un arte que trasciende el tiempo y el espacio, un arte que, al igual que la vida, está lleno de caminos no tomados y posibilidades sin explorar.
Al decidir improvisar, un músico no solo crea en el momento, sino que también abre una puerta a múltiples realidades sonoras, donde cada decisión tomada da lugar a un nuevo universo de posibilidades.
Decidir entre estas opciones es lo que hace que la improvisación sea una aventura constante y emocionante. No hay una segunda oportunidad para corregir o rehacer, lo que subraya la autenticidad y la originalidad de cada interpretación.
Hoy, que tan de moda están los multiversos, en este ejercicio jazzístico está también la elección de los caminos no tomados, de creer en el valor de lo inexplorado porque estos
son tan importantes como los elegidos.
Cada nota que se omite, cada pausa que se elige no hacer, contribuye a la narrativa musical, es parte del mismo discurso del autor. Estos caminos no explorados alimentan la imaginación y la creatividad, sugiriendo siempre posibilidades futuras y recordando al músico y al oyente que la música es un arte vivo, en constante evolución.
Ahora, si le ha parecido exagerada mi apreciación, por favor antes de pasarme a la hoguera y leña verde, ponga un disco completo del trío de marras, repose en su sillón favorito, y entonces nos tomamos un café y platicamos.







