Preservation Hall Jazz Band en Montreal
La receta secreta de los ancestros, bajo llave.
29 de junio de 2024
Por Erik Montenegro
En la década de los cincuenta, un hombre llamado Larry Borenstein tenía una galería de arte en el número 726 de la calle St. Peter en el Barrio Francés de Nueva Orleans. Al abrir las puertas de la galería descubrió que el trabajo y el tener que hacerse cargo del nuevo negocio lo limitaba enormemente para asistir a los pocos conciertos de jazz locales que quedaban, y mejor comenzó a invitar a estos músicos a realizar “sesiones de ensayo” en la galería misma. Estas sesiones presentaban a leyendas vivientes del jazz de Nueva Orleans, como George Lewis, Punch Miller, Sweet Emma Barrett, Billie y De De Pierce, los hermanos Humphrey y muchos más.
Los lugares que ofrecían jazz en vivo de Nueva Orleans eran escasos. El jazz tradicional estaba perdiendo la batalla frente al Rock & Roll e incluso también luchaba contra ese nuevo ritmo frenético llamado Bebop.
No pasó mucho tiempo antes de que las sesiones de Borenstein cobraran vida propia; los entusiastas de la música dirigieron sus pasos hacia la galería, incluyendo a una joven pareja de Pensilvania llamada Allan y Sandra Jaffe.
Los Jaffe andaban de luna de miel, la pasaron bomba en la Ciudad de México y de ahí decidieron viajar a Nueva Orleans en 1960. Se enteraron como buenos melómanos de las sesiones del señor Larry y su galería, así que los recién casados conocieron a gran parte de los músicos que en la ciudad habitaban. Ya imaginarán lo que sigue, pues el matrimonio quedó impactado con lo que escucharon, música pura y sin influencias de las tendencias de la música popular.
La mayoría de estos músicos eran ya gente mayor, muchos de ellos contemporáneos de Buddy Bolden (de quien de su extraña y maravillosa vida se podría hacer una serie de TV de suscripción) y otros primeros practicantes del jazz.
Algo habían encontrado y decidieron entonces mudarse como residencia permanente a Nueva Orleans.
Tal y como lo narra el propio capítulo biográfico en línea de su sitio: Las sesiones de improvisación en el número 726 de la calle St. Peter se hicieron mucho más frecuentes, tanto que Borenstein trasladó su galería al edificio de al lado. Las actuaciones se realizaban todas las noches a cambio de donaciones y eran presentadas por una organización sin fines de lucro de corta duración, la Sociedad de Nueva Orleans para la Preservación del Jazz Tradicional. Poco después de que los Jaffe regresaran a Nueva Orleans, Borenstein pasó las operaciones nocturnas del salón a Allan Jaffe sobre una base de ganancias o pérdidas, y así nació Preservation Hall.
Funcionó como un negocio familiar, apoyando la cultura única del jazz tradicional en Nueva Orleans, que se desarrolló en el crisol local de tradiciones musicales africanas, caribeñas y europeas a principios del siglo XX. Preservation Hall fue un espacio raro en el Sur donde bandas y audiencias racialmente integradas compartían música juntos.
Con el tiempo, Allan creyó que el éxito tanto del salón como de su misión de preservación requeriría que estas bandas hicieran giras, y en 1963 organizó la recién formada Preservation Hall Jazz Band para una serie de actuaciones en el Medio Oeste.
Fiel a la estimación de Jaffe, la gira fue un éxito y el interés en la banda y el redescubrimiento de la música de Nueva Orleans se extendió hasta Japón. Las décadas siguientes encontraron a la banda viajando y apareciendo en una amplia gama de actuaciones, desde The Filmore West con Grateful Dead hasta el palacio del Rey de Tailandia (quien tocó el saxofón alto).

Es entonces,después de todos estos años una institución respetadísima, donde músicos de primera línea han pasado pos sus filas con la misma misión, preservar y cuidar las raíces de una música que es ya parte de la escencia de la humanidad y esa convocatoria fue lanzada al gran público del Festival de Montreal para un nuevo encuentro en este 2024.
Fue de nuevo el Teatro Maisonneuve el que abrió sus puertas para que en formato de sexteto apareciera la Preservation en una versión caracterizada por la juventud de los integrantes. El pase de estafeta es lo que entendemos como mensaje.
A diferencia del cartel que mostraba la foto de los integrantes de la banda, nos encontramos que no habían pasado lista mucho de ellos. Pude identificar al piano de Kyle Roussel, pero esta vez no hubo suerte de ver a alguno de los grandes maestros, unos quizás por la edad, pues Charlie Gabriel tiene ya 91 años y otros quizás por la investidura de ser quienes dirigen.
El propio Ben Jaffe, segundo hijo de aquél matrimonio de recién casados y hoy director del Preservation Hall toca el bajo con la banda generalmente, así como las participaciones de Leroy Jones o Wendell Brunious, esta vez no hubo suerte. Quizás un concierto dedicado al disco de 2019: A Tuba to Cuba sería muy apetecible escuchar y subirle la flama. Ya será para la otra.
La música, eso sí es elocuente y fiel testigo de que el asunto de la preservación ha funcionado perfecto, desde One Hundred Fires del fantástico disco So It Is, hasta los clásicos de espíritu Mardi Grass retumbaron a todo galope en la sala, consiguiendo el aplauso de pie del respetable y quizás saciando sus ganas de tropezarse con un poco de jazz de Nueva Orleans nomás para no perder la buena costumbre de reencontrarse con tan característicos ritmos.
Así que esta música no se va a ningún lado, está perfectamente custodiada y tiene nuevas generaciones felices de aprender y llevarla a sonar a todo el mundo. Si bien, este tipo de jazz puede mayoritariamente en estos tiempos sonar ya fuera de todo tema propositivo, es escencial que exista siempre bajo llave la receta original del platillo.
¿No cree usted?
*Con información histórica del sitio oficial: https://www.preservationhall.com







