Origen del Blues
En la noche del 22 al 23 de agosto de 1791, se produjo en Santo Domingo (actualmente Haití y la República Dominicana) el comienzo de una sublevación que sería de decisiva importancia para la abolición del comercio transatlántico de esclavos.
La finalidad del Día Internacional del Recuerdo de la Trata de Esclavos y de su Abolición es inscribir esta tragedia en la memoria de todos los pueblos. De conformidad con los objetivos del proyecto intercultural “La Ruta del Esclavo”, esta fecha representa la ocasión para efectuar un examen colectivo de las causas históricas, los métodos y las consecuencias, así como para analizar las interacciones a que dio lugar entre África, Europa, las Américas y el Caribe.
Una de esas consecuencias es la expresión musical que llegó a los Estados Unidos de América del Norte a través de los esclavos que provenían principalmente de la costa occidenteal de África, el “Blues”.
Este tráfico de esclavos se produjo desde comienzos del siglo XVII y hasta 1812, año en que quedó prohibido su comercio (sin embargo, la esclavitud no se aboliría oficialmente hasta 1863). Los esclavos viajaban encadenados en los barcos, por lo que se conjetura que la única forma musical que podían interpretar era la vocal, aunque pudiera ser que algún instrumento llegara con ellos en su viaje. A finales del siglo XVIII y comienzos del XIX, había en las plantaciones esclavos que tocaban el violín, el banjo o flautas bastante primitivas. En concreto, el banjo casi se puede asegurar que es la versión de un instrumento similar de Senegal, de cinco cuerdas, llamado halam.
La primera distinción entre las canciones que interpretaban los afroamericanos ya en el siglo XIX, está entre las canciones religiosas o espirituales y las canciones mundanas o “blues”, propiamente dicho. Mientras que los espirituales se entonaban en la iglesia por un grupo de cantantes cuyas letras se referían a la salvación en el más allá, el “blues” era interpretado por un solista y la temática era sobre los problemas cotidianos, el día a día. Ya centrados en el aspecto de esta música popular afroamericana, podríamos diferenciar entre los “work songs” o cantos de trabajo y los “hollers”. Los cantos de trabajo están asociados más a las cuadrillas de trabajadores negros o a las brigadas de prisioneros desparramados por las sucias y polvorientas carreteras del sur, interpretando ritmos uniformes y comúnmente con frases improvisadas por una voz solista y un estribillo con el que respondían el resto de los trabajadores. Por su parte, el “holler” es más un estilo a capela, con el cantante interpretando para sí mismo pero con un elevado tono de voz y una mayor libertad en el ritmo. Es así que se han relacionado más las canciones de trabajo con Mississippi y los “hollers” con Texas debido a las condiciones geográficas y demográficas que diferencian dichos estados, aunque esto haya que tomarlo con la suficiente prudencia.
No fue hasta 1890, aproximadamente, que los estudiosos del folklore comenzaron a coleccionar la música popular y hasta comienzos de 1900 no se realizaron las primeras grabaciones de esta música. Lo único que se sabe con certeza es que hasta ese momento tanto las “work songs” como los “hollers” se interpretaban sin ningún tipo de acompañamiento instrumental.
Este nuevo género musical llegó a ser conocido a través de los “Minstrels Shows” que eran espectáculos itinerantes similares al teatro ambulante, con actuaciones que incorporaban canciones, danzas e interpretaciones instrumentales acompañadas del banjo o violín. Los actores eran blancos que se pintaban la cara de negro e imitaban (la mayoría de las veces con no muy buen gusto) a los personajes y comportamiento de los esclavos negros. Estos espectáculos ambulantes eran habituales a mediados del siglo XIX y muchas de las canciones interpretadas pasaron a formar parte de la música popular. Un aspecto importante a considerar fue el abandono gradual, por parte de los músicos afroamericanos, del uso del banjo debido a imagen negativa que daban de los negros en los “Minstrels Shows”.
Fue la compañía Okeh Records quien grabó por primera vez a una cantante negra, Mamie Smith, en febrero de 1920 y aunque el sello no promocionó el disco, su inesperado éxito de ventas llevaron a esta cantante de nuevo al estudio. Además, otras compañías discográficas empezaron a vislumbrar el potencial que podían tener las grabaciones de “blues”. Hubo un buen número de cantantes femeninas que grabaron discos durante los años 20, utilizando generalmente orquestas de jazz como acompañamiento (Clara Smith, Bessie Smith, Ida Cox, Ma Rainey, Alberta Hunter). Pero a finales de los años 30 el papel tan destacado que habían jugado todas estas mujeres empezó a declinar.
A medida que se iban realizando las grabaciones de classic blues, más compañías querían entrar en el mundo del “blues” y comenzaron a buscar nuevos intérpretes, lejos de las grandes ciudades. Fue por tanto inevitable que se acabaran por registrar en disco temas de “blues rural” o “down home blues”. Parece ser que las primeras acontecieron en 1924 y los dos primeros en ser grabados pudieron ser Daddy Stovepipe o Papa Charlie Jackson (”Papa’s Lawdy Lawdy Blues” la primera grabación fonográfica de blues rural).







