El popular cantautor, poeta y activista político chileno, Víctor Jara, era partidario del presidente socialista electo de Chile, Salvador Allende, quien el 11 de septiembre de 1973, cuando el general Augusto Pinochet dio un golpe de Estado apoyado por Estados Unidos, fue asesinado. Víctor Jara, junto a miles de chilenos, fue llevados al Estadio Chile donde lo torturaron. No obstante, desafió a sus captores cantando hasta que un tiro acabó con su vida.
Jara, nacido en 1932, había sido actor de teatro antes de dedicarse a la música folk en la década de 1960. Lanzó su primer álbum en 1966 y a comienzos de la década de 1970, había consolidado su carrera y era considerado el fundador del movimiento de la Nueva Canción chilena. Sus canciones de protesta le llevaron a ser objetivo principal de los líderes del golpe de Estado chileno. Su cuerpo, con 34 heridas de bala, fue abandonado al borde de un camino. El cuerpo de Jara fue enterrado aquel 1973 casi en la clandestinidad en un modesto nicho del Cementerio General de Santiago de Chile, pero su muerte no hizo más que alimentar la leyenda.
Aunque muchas grabaciones originales de Jara se destruyeron tras su fallecimiento, su esposa Joan, logró pasar algunas de ellas fuera del país a escondidas y de este modo, pudieron salir a la luz. Sus temas han sido versionados por distintos artistas, como Arlo Guthrie y se le menciona en canciones de Pete Seeger, The Clash y hasta Los Fabulosos Cadillacs. En 2003, el Estadio Chile cambió su nombre oficial a Estadio Víctor Jara.
En 2009 el ex soldado José Paredes Márquez fue acusado del asesinato de Víctor Jara y fue encarcelado. En su declaración se autoinculpó como coautor de la muerte del cantante y confirmó que se le habían fracturado las manos a culatazos durante los interrogatorios.
Una vez finalizados los estudios forenses, se le hizo un entierro y homenaje multitudinarios. Durante tres días los restos de Víctor Jara estuvieron en la sede de la Fundación Víctor Jara y posteriormente se hizo el traslado en comitiva fúnebre hasta el Cementerio General de Santiago de Chile acompañado por unas 12.000 personas.
A finales de 2012, también fueron encausados como autores del homicidio: Pedro Barrientos Núñez y Hugo Sánchez Marmont. El 27 de junio de 2016 el tribunal federal de Orlando, declaró a Barrientos culpable de tortura y asesinato extrajudicial de Víctor Jara y le obliga a pagar una indemnización de 28 millones de dólares por daños y perjuicios a la familia: Joan Turner (esposa de Jara) y sus dos hijas Manuela Bunster y Amanda Jara.
El último poema de Víctor Jara:
Mientras estuvo retenido en el Estadio, el 15 de septiembre, antes de morir, Víctor Jara escribió un último poema titulado “Somos cinco mil”. El poema corrió de prisionero en prisionero por el Estadio hasta que fue descubierto por los militares en el calcetín de uno de los presos, al que interrogaron y torturaron para descubrir quién más lo tenía. Así pues, a pesar de que los represores intentaron borrarlo, un preso pudo sacarlo fuera y cuando empezó a conocerse dentro y fuera del país, se convirtió también en una canción de denuncia de las barbaridades que se habían cometido. A continuación, hacemos la reproducción de este profundo poema de Víctor Jara, para que más personas lo conozcan y lo compartan :
Somos cinco mil aquí.
En esta pequeña parte de la ciudad.
Somos cinco mil.
¿Cuántos somos en total en las ciudades y en todo el país?
Somos aquí diez mil manos que siembran y hacen andar las fábricas.
¡Cuánta humanidad con hambre, frío, pánico, dolor, presión moral, terror y locura!
Seis de los nuestros se perdieron en el espacio de las estrellas.
Un muerto, un golpeado como jamás creí se podría golpear a un ser humano.
Los otros cuatro quisieron quitarse todos los temores, uno saltando al vacío, otro golpeándose la cabeza contra el muro, pero todos con la mirada fija de la muerte.
¡Qué espanto causa el rostro del fascismo!
Llevan a cabo sus planes con precisión artera sin importarles nada.
La sangre para ellos son medallas.
La matanza es acto de heroísmo.
¿Es éste el mundo que creaste, Dios mío?
¿Para esto tus siete días de asombro y trabajo?
En estas cuatro murallas sólo existe un número que no progresa.
Que lentamente querrá la muerte.
Pero de pronto me golpea la consciencia y veo esta marea sin latido y veo el pulso de las máquinas y los militares mostrando su rostro de matrona lleno de dulzura.
¿Y Méjico, Cuba, y el mundo?
¡Qué griten esta ignominia!
Somos diez mil manos que no producen.
¿Cuántos somos en toda la patria?
La sangre del Compañero Presidente
golpea más fuerte que bombas y metrallas.
Así golpeará nuestro puño nuevamente.
Canto, que mal me sales cuando tengo que cantar espanto.
Espanto como el que vivo, como el que muero, espanto.
De verme entre tantos y tantos momentos del infinito en que el silencio y el grito son las metas de este canto.
Lo que nunca vi, lo que he sentido y lo que siento hará brotar el momento…







