El 3 de diciembre de 1976: intentaron asesinar a Bob Marley en su Jamaica natal. Que un simple músico pudiera ser blanco de intereses políticos por su influencia real sobre la sociedad fue una gran muestra del poder de su música. Marley, nacido en 1945, había empezado a dedicarse profesionalmente a la música en 1962, con el lanzamiento de su single de debut “Judge Not”. Al año siguiente formó el célebre grupo The Wailers, pero a pesar de su éxito local, no llevaron el reggae al público internacional hasta 1973, cuando firmaron para Island Records.
Su primer álbum con Island fue “Catch A Fire” (1973). Algunas composiciones de Marley, como “Concrete Jungle” y “Slave Driver”, eran protestas implacables, de ningún modo sujetas a acusaciones de afectación: tenían sus raíces en las experiencias reales de ser pobre y afrodescendiente en un país del tercer mundo. El tema “Stir it up”, que se alejaba de esta cruda temática, fue versionado por Johnny Nash, quien lo convirtió en un éxito en ambos lados del Atlántico. Posteriormente, Eric Clapton llevó al número uno de Estados Unidos su versión de “I shot the Sheriff”, incluida en el siguiente álbum de The Wailers, “Burnin”. En 1974, los miembros de The Wailers, Peter Tosh y Bunny Livingston, abandonaron el grupo y el mismo año, Marley ofreció el álbum “Natty Dread”, que incluía el clásico “No woman, no cry”.
Esa noche del 3 de diciembre de 1976, siete pistoleros ingresaron a la propiedad del cantante de reggae más famoso del mundo. En el patio se cruzaron con Rita Marley, la esposa de Bob. Uno de ellos levantó un arma y sin decirle nada le disparó a la cabeza. Tres de los agresores rodearon la casa y los demás entraron a la cocina en donde Marley conversaba con los integrantes de su banda, The Wailers, mientras preparaba una ensalada de frutas. Según la periodista londinense, Vivien Goldman, lo que siguió fue la escena de un fusilamiento en cámara lenta: los atacantes vaciaron los cargadores sobre los músicos, las paredes salpicaron astillas y gotas de sangre, formaron charcos en el suelo; en medio de los gritos, uno de ellos apuntó al pecho de Marley y apretó el gatillo; en total dispararon 87 balas, pero,de forma increíble, aquella noche nadie murió. Han pasado 42 años y los balazos contra la leyenda del reggae son todavía un episodio oscuro y lleno de silencios.
En 1976, la ley la imponían pistoleros y narcotraficantes, las tensiones sociales eran un barril de pólvora y los políticos jugaban con el fuego que la Guerra Fría había esparcido por el continente.
En los mapas geográficos Jamaica está más cerca de Cuba de lo que Cuba está de Miami y así también, en la cartografía ideológica de los años 70, La Habana y Kingston eran vecinas de Moscú. El primer ministro, Michael Manley, del socialista Partido Nacional del Pueblo (PNP) y cercano a Fidel Castro, buscaba la reelección frente a Edward Seaga del Partido Laborista Jamaiquino (JLP), a quien vinculaban a la CIA estadounidense. Y en medio de ambos extremos irreconciliables, estaba una estrella mundial del reggae cuya música movía a cientos de miles de votantes pero que quería mantener su neutralidad.
En 1976, la fama mundial había hecho del cantante, de 31 años, un líder casi espiritual para buena parte de los dos millones de habitantes de la isla. “Los políticos son el diablo”, señaló entonces Marley según registra Mikal Gilmore, veterano periodista de la revista Rolling Stone. Ambos candidatos buscaban que Bob Marley hiciera campaña por ellos. Y si no la hacía, entonces era mejor que mantuviera silencio. “Fue la época más violenta que ha vivido el país y Marley era casi la única fuerza que podía unir ambos bandos”, asegura el escritor jamaiquino, Marlon James. El reggae se había convertido en la expresión popular de un país empobrecido en el cual “la gente se mostraba cada vez más desesperada y violenta”, anotó la periodista Vivien Goldman sobre aquellos días, “La isla parecía llena de armas”, agregaba.
El gobierno de Manley convenció al cantante de ofrecer un concierto gratuito en la capital Kingston y así calmar los ánimos de una población harta de vivir bajo estado de emergencia. El evento se programó para el 5 de diciembre con el nombre de “Smile Jamaica”. Pero pronto el primer ministro tomó una decisión que pareció confirmar la desconfianza del cantante hacia los políticos: adelantó las elecciones para el 15 de diciembre. Fue entonces inevitable asociar a Bob Marley con la campaña reeleccionista de Michael Manley. Y aunque el cantante denunció que, debido a esto, las amenazas de muerte contra él se multiplicaron, decidió seguir adelante con el concierto.
Dos policías fueron destacados a cuidar su casa, que era también el lugar en donde ensayaba con The Wailers. La noche del 3 de diciembre de 1976, dos días antes del “Smile Jamaica”, por alguna razón que hasta hoy nadie ha sabido explicar, los siete pistoleros entraron a la propiedad de Marley sin que nadie los detuviera. Los policías no estaban en sus puestos. Bob Marley siempre dijo que lo salvó el espíritu de Haile Selassie, el emperador de Etiopía fallecido el año anterior. Para los rastafaris como él, Selassie era la reencarnación de Dios. El uso de los cabellos “rastas” y el consumo de marihuana son también parte de este movimiento espiritual nacido en Jamaica. “Si Marley en ese momento hubiera estado inhalando en vez de exhalando, la bala hubiera atravesado su corazón”, señala Marlon James. El proyectil le rozó el pecho y terminó incrustado en su brazo izquierdo. No hubo tiempo para un segundo disparo. En medio de los trozos de pared y los gritos, Don Taylor, el manager del cantante, se lanzó sobre él y lo llevó al suelo. Taylor recibió cinco disparos en el abdomen, pero sobrevivió. Más increíble aún fue el caso de Rita Marley, la esposa de Bob. La bala que le dispararon a la cabeza quedó atrapada entre su cuero cabelludo y el cráneo sin hacerle mayor daño. Dos días después del ataque, con el pecho y el brazo vendados, Marley se paró frente a 80 mil seguidores en el concierto “Smile Jamaica” y cantó durante más de una hora. Lo acompañaba su esposa Rita, que movía bajo la cadencia del reggae la bata de hospital que aún llevaba puesta.
Bob Marley desapareció a los pocos días. Fue a Bahamas, Estados Unidos y luego a Londres. En cierta forma, Jamaica nunca más fue su hogar.
El intento de asesinato inspiró en él, lo que la revista Time considera el mejor álbum de música del siglo XX: “Exodus”.
Su primera canción, “Natural Mystic” dice:
“Este podría ser el primer sonido de una trompeta
Pero también podría ser el último.
Muchos más deberán sufrir
Muchos más tendrán que morir”.
En el último minuto de un video obscuro y de mala calidad, se ve a Bob Marley al final del concierto “Smile Jamaica”. El cantante le da el micrófono a un compañero y se acerca a su público. Un policía lo escolta. Frente a la multitud, la leyenda del reggae se desabotona la camisa de manera pausada y señala la herida del balazo que le cruza el pecho y llega hasta su brazo izquierdo.
Marley llevó esa bala alojada en el cuerpo y en su música hasta el día de su muerte en 1981.







