Elisabeth Claude Jacquet de la Guerre.
La primera música dentro de Versalles.

Luis XIV, el Rey Sol, a decir de unos, fue un monarca generoso, culto y de buen gusto, a decir de otros, un gran manipulador.
Donde la crítica concuerda es que lo mejor que pudo hacer durante su reinado fue rodearse de las mentes más brillantes de la época y de los músicos más talentosos del momento, siendo Jean-Baptiste Lully su favorito.
Entre las decenas de virtuosos que había en Versalles como parte de la corte de Luis XIV, había una mujer, la única en este imperio de hombres: Elisabeth Jacquet de La Guerre. Este hecho no fue una serendipia, ella fue una niña prodigio que tuvo la fortuna de haber nacido en el seno de una familia de gran trayectoria musical. Así que su padre, un respetado organista de la época, no perdió oportunidad de presentar a su “pequeña maravilla” ante Luis XIV, quien sorprendido del gran talento natural de la pequeña clavecinista no dudó en invitarla a su palacio real y convertirla en una música más a su servicio.
Ya siendo adolescente, Elisabeth Jacquet de La Guerre gozó del privilegio que le ofreció la realeza para su formación y aprendizaje. Entró al palacio de Versalles bajo la tutela de la bella e inteligente marquesa, Madame de Montespan, examante del rey; ella acogería a Elisabeth como su propia hija, brindándole una distinguida educación, propia de la sociedad francesa y de la realeza de Versalles.
Elisabeth Jacquet no sólo impresionó tocando magistralmente el clavecín, también comenzó a escribir obras dramáticas que se representaban en la corte y en los aposentos de Madame de Montespan a manera de pequeñas óperas. Estas obras fueron aclamadas por todos los maestros de su tiempo, incluyendo al propio Jean- Baptiste Lully.
Con casi 20 años Elisabeth Jacquet de la Guerre abandonó la corte de Versalles y a Madame de Montespan para unirse en matrimonio con Marin de la Guerre; un consumado clavecinista, organista, profesor de música y compositor parisino que supo asimilar el virtuosismo de su esposa y la apoyó para continuar con su carrera artística. Músicos y eruditos de todo el mundo viajaban a París para escuchar las improvisaciones magistrales de la virtuosa clavecinista y conocer sus propios trabajos.
Desafortunadamente la muerte de sus padres, de su marido, de uno de sus hermanos e incluso de su hijo de 10 años, provocaron que la compositora dejara de escribir durante largo tiempo.
Elisabeth Jacquet regresó a la composición con una colección de danzas de tradición francesa escritas para clavecín que datan de 1707 y seis Sonatas para violín y clavecín.
En 1687 vio publicadas por primera vez, una serie de obras de su autoría, se trató del Primer libro de piezas para clavecín que contiene cuatro suites dedicadas a su mecenas y que fue una de las pocas publicaciones para clavecín en la Francia del siglo XVII. Después de la muerte de la compositora, no se supo más de este original trabajo hasta que fue encontrado casi tres siglos después, en 1970.
A lo largo de su vida, Elisabeth Jacquet de la Guerre escribió para diversos géneros: música de ballet, óperas -en este género fue la primera mujer en componer una ópera en Francia-, cantatas francesas, una magnífica serie de melodías que datan de 1715 que incluyen pasajes bíblicos y cantatas profanas. Todo esto mereció que Elisabeth Jacquet fuera la primera música a quien sus contemporáneos le reconocieron sus talentos musicales en vida.
A la muerte de Luis XIV en 1715, la compositora francesa sumergió su creatividad compositiva en un profundo silencio. Dos años más tarde se retiró de la vida pública. Murió el 27 de junio de 1729 dejando un legado musical que muestra su grandioso talento innato.
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Si quieres conocer más de la interesante vida y obra de la clavecinista Elisabeth Jacquet de la Guerre, escucha la programación de Opus 94, pero si te quieres acercar pronto a su mundo sonoro, aquí te dejamos unas referencias sonoras-visuales:








