Opus 94, 94.5 FM

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Plumas Opus
Mario Lavista

Un recuerdo...

Lucas Hernández 95
por: Lucas Hernández Bico

El día de hoy Opus 94 está de luto. Se ha adelantado en el camino una de las grandes figuras de la música actual en México. Falleció el compositor Mario Lavista (1943-2021). Fue un compositor de primer orden con una vasta obra que abarca más de 200 composiciones. Era un grande discípulo de grandes, pues estudió en el Conservatorio Nacional de Música con Carlos Chávez, Héctor Quintanar y Rodolfo Hallfter. Como sucedió con muchos compositores de su generación durante los años 60, estuvo imbuido en lo que eran las tendencias experimentales dentro de la música contemporánea, no en vano participó en cursos con Karlheinz Stockhausen en Colonia, Alemania, pero antes ya había obtenido una beca en 1967 para estudiar con Jean-Étienne Marie en la Schola Cantorum de París y asistió a los seminarios de “música nueva” impartidos por Henri Pousseur.

Mario provenía de una familia donde antes se había cultivado la música, fue sobrino del también compositor Raúl Lavista (1913-1980), autor de innumerables bandas sonoras para el cine. Pero también Mario Lavista fue acreedor a varias distinciones, en 1991 recibió el Premio Nacional de Ciencias y Artes en el área de Bellas Artes y la Medalla Mozart (México), y en 1998 ingresó a El Colegio Nacional. Era miembro honorario del Seminario de Cultura Mexicana. Dentro de su actividad académica tenía a su cargo las cátedras de análisis y lenguaje musical del siglo XX en el Conservatorio Nacional de Música y fue fundador y director de la revista Pauta, Cuadernos de teoría y crítica musical. En Opus 94 lo recordamos particularmente como una persona muy gentil que siempre accedió a concedernos entrevistas dentro de nuestros espacios radiofónicos, como durante uno de nuestros controles remotos desde la Sala Silvestre Revueltas durante un concierto de la Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México, además fue de las primeras figuras que tuvimos el honor de entrevistar en el programa “Homenajes” que se transmite los lunes a las 20 horas. Sin duda hemos perdido a uno de los más grandes compositores que ha dado nuestro país. De ahora en adelante nos queda la tarea a los medios especializados y a las orquestas e intérpretes de música el honrar la memoria de este autor ejecutando o transmitiendo su obra. Ha dejado una gran cantidad de composiciones que merecen ser rescatadas y difundidas, más allá del puñado de obras con las que normalmente se le relaciona. Recuerdo que durante la grabación del programa “Homenajes” le mencioné que una de las obras que más habían impactado en el público de Opus era su juvenil “Sinfonía Modal”. Él se mostró sorprendido de mi comentario, pues consideraba que esa obra era de un Mario Lavista que veía ya muy lejano y que ya no podía reconocer, pues consideraba que su evolución como persona y como músico lo había llevado por caminos muy lejanos. Este hecho nos demuestra que una vez que la obra artística toma su camino, puede andar por derroteros que su mismo creador no puede prever y no siempre las obras que considera mejores, son necesariamente las que le crearán fama o estar en los corazones del público. Se ha ido un gran músico, un verdadero caballero en el sentido original del término; un caballero antiguo pero un hombre totalmente contemporáneo en su música. Una síntesis de la tradición y la modernidad, que es la naturaleza de los verdaderos innovadores.

LHB.

Foto: eba.up.edu.mx

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Ana Bolena

La reina inspiradora de grandes artistas

Clodec López-min
por: Clodec López

La misteriosa leyenda de una reina que atravesó 5 siglos para ser fuente inspiradora de grandes artistas.

De Ana Bolena se ha escrito e investigado mucho, pero lo cierto es que, por la destrucción de casi todos sus retratos y documentos después de su ejecución en 1536, apenas se sabe nada.

Ana Bolena nació a principios del año 1500 siendo hija de aristócratas ingleses. Su padre Tomas Bolena era primer conde de Wiltshire y primer conde de Ormonde, su madre, lady Isabel Howard, era hija de Thomas Howard, segundo duque de Norfolk.

El padre de Ana era respetado por su profesionalismo y talento para los idiomas, no sólo fue el diplomático favorito de Enrique VIII el primer monarca de la dinastía Tudor, también impresionó a la archiduquesa Margarita de Austria que gobernaba los Países Bajos en nombre de su padre Maximiliano I. Por ello la princesa Margarita ofreció a la pequeña Ana recibir una excelsa educación en su nombre. Margarita se refería a ella cariñosamente como “La petite Boleyn” y en casa de la princesa, Ana aprendió con gran agilidad el idioma francés, amplio conocimiento de la cultura francesa y el protocolo de la corte. También fue una consumada bailarina con gran pasión por la moda, sin mencionar que escribió poemas y música poco destacada. Pero en 1514 Tomas Bolena ordenó que su hija debía seguir su educación en París, Francia y dejó la casa de Margarita de Austria para continuar como dama de honor de la Reina Claudia de Francia.

En 1522 Ana entró por primera vez a la corte del Rey Enrique VIII al participar en un baile de disfraces acompañando a su hermana María, que al parecer era la amante en turno del Rey. Esta presentación sirvió para que Ana no pasara desapercibida a los ojos del Rey y se diera cuenta de algunas virtudes y habilidades que Ana poseía. En efecto, ella era elegante y misteriosa; pero también podía resultar hipnótica, impulsiva, apasionada y a veces irracional por lo que no tardó Enrique en persuadirla obsesionado.

Fue en este mismo año, 1522, cuando Ana Bolena entró formalmente en la corte inglesa como dama de la reina Catalina de Aragón, primera esposa del Rey Enrique. Catalina de Aragón, que no había podido tener un varón para conservar la monarquía y el trono de Enrique VIII, fue repudiada por el mismo Rey hasta el grado de haber sido desterrarla de la corte.

El Rey Enrique, que ya había puesto el ojo en Ana Bolena para convertirla en su siguiente amante, no le resultó fácil, pues con la fama que el Rey tenía, Ana no aceptó una relación extramarital, ella quería el trono y sabía que sólo con el matrimonio lo lograría. Enrique lidió con ella para convencerla… prueba de ello son sus correspondencias enviadas con desesperación para persuadirla.

Se sabe que fueron 17 las cartas de amor que Ana recibió del soberano, pero una que data de 1527 la convenció para el matrimonio: “Las pruebas de vuestro afecto son tales (…) que me obligan para siempre a honraros, amaros y serviros”, escribió Enrique VIII.

Así en 1527, Enrique y sus ministros solicitaron a la Santa Sede una anulación de su matrimonio con Catalina de Aragón con el único pretexto de ser la viuda de su hermano mayor, Arturo Tudor. De esta manera podría matrimoniarse con Ana Bolena. Sin embargo, el Rey sólo logró una cadena de acontecimientos que condujeron a la ruptura de Inglaterra con la Iglesia Católica, asumiendo del mismo modo, la supremacía sobre asuntos religiosos.

En 1531, Catalina fue desterrada de la Corte, y se concedieron sus antiguos aposentos a Ana Bolena; que se casaría con Enrique VIII el 25 de enero de 1533, desobedeciendo a la iglesia católica.

A pesar de la alegría de Ana, que en ese mismo año dio a luz a su primogénita Isabel I, el Rey no se mostraba igual, su deseo y prioridad continuaba en tener un heredero varón. Convencido de que su matrimonio estaba maldito, desató una serie de pretextos para justificar sus crueldades y hasta la muerte de algunas de sus consortes. Así comenzó una venganza personal contra Ana Bolena que, presionada por el rey, también ansiaba un hijo varón; logrando sólo varios abortos.

Enrique, frustrado, se entregó a bailes y damas de la corte, como era su costumbre y se mostraba cada vez más irritado a las quejas de la Reina Ana. Ana por su parte, se ganó el aprecio de muchos en la corte e instituyó un gran poder.

En  1535 Enrique comenzó un romance con otra dama de la corte, se trataba ahora de Jane Seymour que había estado al servicio de  Catalina de Aragón y de Ana Bolena y ahora despertaba el interés del Rey. Evidentemente el amor había terminado entre Ana y Enrique, pero la reina que se encontraba en una posición privilegiada políticamente, ahora representaba un grave problema para el rey y su corte.

Para ser derrocada, Ana Bolena fue acusada de, entre otros cargos, adulterio, incesto y traición, que a saber fueron trampas tendidas por algunos de sus enemigos que integraban el Consejo Privado del rey (éstas han sido refutadas por la mayoría de historiadores). Sin embargo, su reputación de mujer frívola, su gusto por las fiestas en la corte con compañía masculina y sus juegos de amor apasionado, hicieron que el monarca y muchos otros la creyeran culpable.

Ana Bolena fue condenada a muerte en 1536 por un tribunal presidido por su tío, el duque de Norfolk, en el que figuraba también su propio padre y fue ejecutada el 19 de mayo de ese mismo año.

 

La historia de esta insigne mujer nacida en el siglo XVI, tuvo que trasgredir las sombras del tiempo para salir a través de las bellas artes como una musa artística. La música no fue la excepción: la canción más antigua que se conoce sobre Ana Bolena (Oh Death, Rock Me Asleep) data del mismo año en que fue ejecutada, 1536;  escrita para laúd y voz, su autoría sigue siendo un gran misterio. Algunos musicólogos la atribuyen a la propia Ana, otros a su hermano o a un músico anónimo. Sin embargo, este canto de dolor inspirado en un acto cruel e injustificado proclama la inocencia de la reina Ana Bolena hasta su final y la convierte en una fuente inagotable de inspiración universal.

Foto tomada de Archivo

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Nicoló Amati

Su esencia en los instrumentos "Stradivarius"

Clodec López-min
por: Clodec López

Al escuchar un instrumento generalmente apreciamos a primera instancia al intérprete, después hablamos sobre el sonido, pero muy pocas veces nos preguntamos sobre la verdadera esencia y profundidad del instrumento musical y su historia. De suma importancia es saber también, cuál ha sido el origen y las manos que lo han moldeado, que sin lugar a dudas define su particularidad.

Hoy recordaremos a dos prominentes constructores de instrumentos en la historia de la lutería. Una dupla conformada por dos referentes históricos  en la construcción de los más perfectos instrumentos de cuerda: Nicoló Amati y Antonio Stradivarius, maestro y alumno respectivamente. Ambos lutiers nacieron en Cremona y dieron origen con su sagacidad a sendos instrumentos que, después de más de tres siglos, siguen encantando a muchos compositores e intérpretes  musicales.

Nicoló Amati y Antonio Stradivari marcaron un nivel sin igual en la calidad tímbrica de violines, violas, arpas, violonchelos y otros instrumentos construidos por ellos. Se sabe que los verdaderos artífices de la creación de la escuela italiana de lutiers fueron los integrantes de la familia Amati, quienes aportaron importantes innovaciones y trabajaron por más de un siglo para lograr, en cada uno de sus instrumentos, no sólo las exigencias de célebres artistas, sino también las propias de la época.

La dinastía Amati comenzó con su fundador Andrea Amati (1505-1577), considerado el padre del violín en su concepto actual; ya que marcó los principios geométricos del diseño del instrumento. Sin embargo, fue su nieto Nicoló Amati (1596- 1684) el más destacado de la familia, por lo que logró alcanzar.

Nicoló fue el último de la saga y a él le tocó diseñar un formato de violín mucho más vigoroso, como dije antes por las exigencias de la época y el nacimiento del Concerto Grosso a finales del siglo XVII. Con la música del barroco, los compositores comenzaron a escribir partituras que incluían solista, particularmente solista violín que exigía que el instrumento tuviera un sonido más potente y timbrado.

Con el paso del tiempo y sus habilidades en la fabricación de instrumentos, Nicoló Amati consiguió ese resultado y comenzó a satisfacer los encargos de múltiples artistas que gustaban de sus creaciones. Muy pronto tuvo la necesidad de un asistente que entendiera las necesidades del propio negocio. Así, en 1657, llegó a su taller un singular ayudante que se convirtió en su alumno favorito por su gran interés por la construcción de instrumentos: Antonio Stradivari, que estuvo bajo su tutela, con gran afinidad por varias décadas.  

En un principio, el joven aprendiz realizó tareas simples; pero su curiosidad por saber cada día más sobre el sonido, lo llevaron a realizar trabajos de mayor importancia en muy poco tiempo. Incluso, construyó su primer violín tres años después, demostrando así haber alcanzado la genialidad de su maestro Amati.

Antonio Stradivari gozó de un privilegiado oído que le permitió descubrir el sonido más fiel de los instrumentos que se hacían en el taller, entonces se condujo hacia la búsqueda de una nueva y perfecta sonoridad alcanzando plenitud a finales del siglo XVII. Así lo testimonia el primer instrumento que se conoce fabricado por él con notaciones en latín: Antonius Stradivarius Cremonensis Alumnus Nicolaij Amati, Faciebat Anno 1666 (Fabricado por Antonio Stradivari de Cremona, alumno de Nicola Amati, en el año 1666).

Al demostrar dichos conocimientos, Stradivari gozó de fama extraordinaria, no sólo en Italia sino en el mundo entero. Se sabe que entre 1700 y 1725 construyó sus más preciados violines, superando en calidad a los posteriores, incluso los de su grandioso maestro.

Nicoló Amati murió el murió el 12 de agosto de 1684 a la edad de 87 años, su hijo Girolamo II heredó el oficio y trató de mantener la supremacía Amati, pero con mucho menos éxito que sus antecesores. Antonio Stradivari, que ya se había dado a conocer como el mejor de sus discípulos, recibió suficientes encargos que lo señalaron como un trabajador incansable; que le proporcionó a cada instrumento un toque de magia con sus “ingredientes secretos”.

Fueron tantos argumentos sobre su método de fabricación tan perfecto; que nacieron de esto desde leyendas populares hasta investigaciones científicas.

Si bien es cierto los instrumentos creados por Antonio Stradivari rebasaron por mucho la cantidad de lo que construyó Nicoló Amati, no les resta menor calidad. Sin embargo, el nombre de este insigne fabricante quedó por siempre bajo la sombra de los Stradivarius. Aunque podríamos pensar un poco que la profunda esencia de Nicoló Amati aún resuena en el eco de cada uno de los instrumentos construidos por su genial alumno, Antonio Stradivari.

Foto tomada de Archivo

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Charles Baudelaire y Richard Wagner

Dos grandes creadores del siglo XIX

Clodec López-min
por: Clodec López

Dos grandes creadores cuya reflexión va más allá del drama, la poesía o la música misma.

En este año 2021 se cumplen 200 años del nacimiento del poeta francés Charles Baudelaire  y 154 años de su muerte. Nació el 9 de abril de 1821 y murió a los 46 años, el 31 de agosto de 1867.

Baudelaire  es un escritor de personalidad contradictoria en muchos sentidos. Descontento con todos y consigo mismo, decía el propio Baudelaire respecto de su vida. Tal vez un hombre intratable incluso ruin. Sin embargo, es considerado un poeta excepcional y el mayor representante del simbolismo francés para el mundo de las letras, así como un referente en todas las artes.

Charles Baudelaire nació en el centro de París. Fue un joven  que siempre se resistió a la educación puritana y rígida que le quiso brindar su padrasto Aupick, un severo militar con quien su madre se había casado por conveniencia. Baudelaire con ello recibió un gran impacto emocional que desembocó en constantes problemas de disciplina y expulsiones de colegios coartando la continuidad de su aprendizaje.

Fue hasta 1840  cuando el propio Baudelaire se inscribe en la Facultad de Derecho y comienza   a llevar una vida despreocupada: con frecuencia asiste a las tertulias  que organizaba la juventud literaria del Barrio Latino en París  y  se vuelve adicto a las drogas y a los prostíbulos. Esta conducta hasta cierto punto desordenada es rechazada por su padrasto que  trata de distanciarlo de estos ambientes enviándolo a Burdeos con destino a los Mares del Sur entre comerciantes y oficiales del ejército. Pero fue en vano porque el joven Baudelaire no conocía pudor alguno que le permitiera el recato familiar y comienza a dar rienda suelta no sólo a su creatividad. En este periodo, con 20 años, el poeta francés escribe uno de sus textos más   célebres “El Albatros” inspirado por los indolentes pájaros cómplices de su viaje. Sin llegar a su destino propuesto, Baudelaire regresa a París sin éxito alguno.

Fue en 1945 cuando Baudelaire llama la atención de sus contemporáneos como crítico de arte, en este sentido Baudelaire manifiesta su interés por el dramatismo musical del compositor  Richard Wagner. Cierta empatía los unía: ambos habían quedado huérfanos a temprano edad y la música de Beethoven los habrá de volcar en un profundo instinto creativo para toda su vida.

Wagner fue reconocido en Francia desde que Théophile Gautier (renombrado periodista que había adquirido la dirección editorial de la influyente revista L’Artiste en 1856) publicó un artículo sobre una función de Tannhäuser que había presenciado en Alemania en 1857. Sin embargo la entrada de la  música wagneriana en París se dio en el Teatro Italiano con algunos conciertos sinfónicos que incluyeron fragmentos de diversas óperas como Tannhäuser , Lohengrin , El Holandés Errante y Tristan e Isolda. En 1860 Boudelaire asistió  a dichas presentaciones, calificándolas como “el mayor gozo musical que jamás había experimentado”. El escritor había quedado impresionado por esos momentos sonoros, al grado de escribirle a Wagner  como un  auténtico fan.

El 17 de febrero de 1861 Baudelaire escribe su primera carta al músico alemán para expresarle toda su admiración. En el texto se leen estas líneas:

“Al principio me pareció que conocía aquella música y, al reflexionar más tarde, comprendí de dónde provenía este espejismo. Me parecía que aquella música era mi música y la reconocía como todo hombre reconoce las cosas que esté destinado a amar. Para cualquiera que no sea hombre de talento, esta frase sería intensamente ridícula y más escrita por un hombre que, como yo, no sabe música y cuya toda educación se limita a haber escuchado, con gran placer, es cierto, algunos bellos fragmentos de Weber y Beethoven…”

Baudelaire censura toda crítica de envidia que se dio con el fracaso de la obra de Wagner  en París y que incluso obligó a la devolución del dinero de las entradas. La prensa  abucheaba y  escribían mal sobre el músico y sus obras. Pero Wagner era un hombre curtido por la adversidad, que seguía su propio camino.

Fue en 1861 cuando la escandalosa  irrupción parisina del compositor alemán contó con el patrocinio del emperador Luis Napoleón en el Teatro de la Ópera. Baudelaire escribe con respeto y admiración, pero  treinta funciones programadas fueron todo un fracaso y  a  esto se suma el clamoroso silencio del también crítico Héctor Berlioz, un revolucionario a su manera, que no entendía a su colega.

Baudelaire con pena ajena de sus compatriotas que van a la ópera a pasarlo bien y no entienden que Wagner exige concentración, se disculpa:

“A mi edad,  apenas atrae ya escribir a los hombres célebres y habría dudado mucho en testimoniarle por carta mi admiración si mis ojos no se tropezaran cada día con artículos indignos, ridículos, en los que se hacen todos los esfuerzos posibles por difamar su genio. No es usted, señor, el primer hombre con ocasión del cual haya tenido yo que sufrir y avergonzarme de mi país”.

Por entonces, autor de “Las flores del mal” ya es  un pionero de la crítica musical y Wagner es para él la síntesis de un arte nuevo.

La atmósfera maldita en la música se aprecia en diversos tratamientos de su obras. En primer lugar cuando, músicos como Fouré, Debussy o Duparc han tomado sus versos como principal fuente de inspiración y los han puesto a cantar en su obra. 

En segundo lugar, cuando la música aparece relacionada con aspectos y temas misteriosos, indefinibles de la existencia como la muerte o el amor o incluso como metáfora de ellos.

Es evidente que la música creada en la primera mitad del siglo XIX conlleva una parte importante de la estética de Baudelaire; un hombre sin mesura que desafió con su creatividad, su ideal estético y concepto de “belleza”,  las venas más íntimas de todo artista creador. Un poeta que absorbió el “arte total” de Wagner y lo transfiguró en sus propias tormentas para escribir los versos más vivos de la lírica francesa.

Foto tomada de Archivo

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Dietrich Buxtehude y Johann Sebastian Bach

Dos grandes organistas del barroco

Clodec López-min
por: Clodec López

Dos grandes organistas del barroco que hermanaron sus conocimientos hasta la profundidad del alma.

Hoy hablaremos de dos prolíficos organistas que coincidieron en la misma época, y mantuvieron una fructífera relación personal a pesar de haber coincidido en vida tan sólo unos meses. Se trata de Dietrich Buxtehude y de Johann Sebastian Bach, maestro y alumno respectivamente. El destacado legado musical de Bach no hubiese sido el mismo de no haber conocido la sapiencia musical de Buxtehude a través de sus enseñanzas. Por ello; los pocos meses que duró este vínculo entre ambos músicos resulta indispensable para entender la creatividad musical de Bach orientada al órgano.

Dietrich Buxtehude  fue un prolífico organista germano danés del que poco se sabe sobre su vida personal, incluso, la fecha y el lugar de su origen. De manera irónica, su vasta obra musical fue ensombrecida precisamente por la carrera extraordinaria de Bach.  Buxtehude mucho tuvo que ver en la formación creativa de Bach para que éste llegara a ser reconocido como un referente de la escuela alemana de órgano o más aún como “el padre de la música”.

Como reza el proverbio: “detrás de un gran maestro, hubo un gran sabio”. Sin embargo, pocas veces nos interesamos en conocer sobre los personajes que estuvieron atrás y dieron origen a destacados músicos que alcanzaron la cúspide en la historia musical. Tal es el caso de Johann Sebastian Bach, cuya creatividad  en el clave, el teclado y el órgano hizo que su predecesor, mentor e inspirador Dietrich Buxtehude, quedara en el olvido varios siglos.

Buxtehude transmitió los conocimientos precisos en tan sólo unas semanas para que su querido joven pupilo de casi 20 años, llegara a escribir como ningún otro compositor en la historia del órgano.

Dietrich Bixtehude desarrolló su carrera de organista gracias a las enseñanzas de su padre Johannes; de quien aprendió composición y técnica instrumental. Fue además de un prolífico compositor, un hombre intelectual amante de la poesía, un genio a quien se le consideró en vida el mejor organista del barroco alemán.

Así comenzó el encuentro…

El encuentro personal entre Bach y Buxtehude se dio en el año de 1705, cuando el célebre organista de 68 años ocupaba desde hacía 40 años, el relevante puesto en la Iglesia de Santa María -Marienkirche- en Lübeck, ahí se encargaba de las celebraciones más importantes como las Abendmusiken o los conciertos de Adviento, un tipo de evento muy específico que se celebraron durante los siglos XVII y buena parte del XVIII. Estos conciertos protagonizados por Buxtehude atrajeron a músicos de muchos lugares que deseaban admirar la destreza y virtuosismo con los que interpretaba sus propias obras al órgano este compositor.

Por su parte, el joven Johann Sebastian Bach, con casi 20 años, ocupaba, desde hacía dos años, el puesto de organista titular de la Neuekirche, la iglesia Nueva de Arnstadt. Vidas, por tanto, paralelas a la distancia.

Bach conocía la obra del gran maestro de órgano, tal vez el mejor de Alemania, porque su hermano mayor, Christoph Johann, hacía referencias a sus pupilos sobre las obras de Buxtehude. Así que Bach no fue el primero que anheló conocer personalmente a este organista y pidió permiso a las autoridades de la Neuekirche para ausentarse cuatro semanas, solicitud que se convirtió en cuatro meses fructíferos en la sensibilidad de Bach.

Este episodio en la vida de Bach es muy conocido: tuvo que caminar más de 350 kilómetros desde Arnstadt hasta Lübeck para conocer y aprender del hombre al que posiblemente consideraba la figura máxima entre los organistas alemanes.

El hecho de que Bach haya alargado su estancia varios meses sugiere su aprecio por el arte de Buxtehude. Esto, no obstante, tuvo como consecuencia que a su regreso el consejo de la Neuekirche le diera una gran reprimenda. Desde este encuentro, la influencia de Buxtehude en la formación de Bach fue decisiva, pues por primera vez éste experimentó en los dos órganos de la Marienkirche de Lübeck otras posibilidades técnicas, y muy probablemente tuvo acceso a algunos manuscritos no conocidos del “Stylus Fantasticus” de su admirado Buxtehude. Evidentemente, el concepto de contrapunto de Buxtehude forjó la creación y el ingenio de Bach, y fue el modelo para que escribiera tanto en el arte del órgano y en general en su obra completa.

Con el profundo aprendizaje de Buxtehude una de las primeras cantatas que compuso Bach fue “Aus der Tiefen Rufe Ich zu Dir”  (Desde lo profundo clamo a ti señor),  fechada en 1707, el  mismo año que muere Buxtehude. Así, buena parte de las famosas cantatas nacen de esta inspiración, y piezas como las suites para clave marcaron el camino de las Variaciones Goldberg o los oratorios, que también retomaron el modelo “fantástico” de Buxtehude.

La magnífica labor que ejerció el organista alemán en la vida musical de Bach no sólo fue como maestro, sino como fuente de inspiración y creador de una mente genial sin comparación. Buxtehude pudo transformar la creatividad musical del joven Johann Sebastian Bach, y a él debe mucha de su factura por lograr desarrollar a la máxima potencia su capacidad, a tal grado que hoy día sus cientos de obras -cumbre de toda la historia de la música- son referencia indispensable para todo aquel que desee adentrarse en el mundo de la música.

Foto tomada de Archivo

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Mujeres al margen de la música

El caso de Barbara Strozzi

Clodec López-min
por: Clodec López

Al hablar de música clásica hacen eco inmediato en nuestra memoria nombres de virtuosos músicos como Bach, Mozart y Beethoven, Liszt, Paganini, Stravinsky, Tchaikovsky o hasta Schoenberg. No es secreto: todos ellos hombres, a pesar de que muchas mujeres han escrito, realizado y creado obras sublimes.

La condición de ser mujer en la escena musical ha sido un camino difícil de transitar. En el medioevo, cuando querían crear música tenían que encerrarse en un convento para poder expresar su talento dedicando su obra a Dios. En el barroco y el clasicismo, debían pertenecer a la nobleza o haber destacado como solista y además contar con el permiso escrito de su gobernante -el cual únicamente se podía solicitar a través del padre o marido de la artista. Es hasta el romanticismo que nombres como Clara Wieck, Alma Schindler o Fanny Mendelssohn comienzan a aparecer, aunque todavía era común que se utilizaran pseudónimos masculinos para firmar obras de mujeres.[*] Pero algunos esfuerzos están ayudando a redescubrir a las mujeres intérpretes y compositoras.

Gracias a los aportes de la musicología y a la ardua labor de muchos investigadores del arte interesados en el quehacer musical de las mujeres en el pasado, se van redescubriendo a compositoras como Hildegarda von Bingen, Clara Schumann o quien es considerada la primera compositora profesional en la historia, Barbara Strozzi.

El caso de Bárbara Strozzi

La vida de Stroizzi es inusual. Nacida en 1619, hija de una sirvienta y de padre desconocido, adoptada después por el poeta y libretista Giulio Strozzi, -recordado como uno de los primeros escritores de libretos y textos utilizados específicamente en la ópera y de quien Bárbara toma el apellido-. Gracias a Giulio, Barbara gozó de una educación impensable para las mujeres en esos tiempos; estuvo rodeada por los más ilustres literatos y destacados músicos, además, recibió las enseñanzas de celebérrimo compositor Francesco Cavalli.

Con tan sólo 15 años se convirtió en una cantante y compositora asociada a la “Accademia degli Incogniti”, fundada por Giovanni Francesco Loredano y a la que pertenecía su padre adoptivo. En esta academia, Barbara ofrecía conciertos y amenizaba las tertulias de sus invitados tocando el laúd. Muy pronto fue admirada por su ingenio e intelecto, si embargo, su condición de mujer la llevó a recibir severas críticas hasta el punto de ser acusada de prostitución vinculada a la sociedad artística veneciana. Aunado a esto, comenzó a circular un retrato de ella, en el que se mostraba a una joven atractiva enseñando el pecho semidesnudo, con una mirada desafiante.

Afortunadamente para la música, la pasión de Strozzi siempre estuvo por encima de las acusaciones. Así, en 1644 editó el primero de sus ocho libros de música: un volumen de madrigales que, además firmaría con su propio nombre. Este es un hecho sin precedentes, se trata de la primera mujer en el siglo XVII que pudo firmar su propia obra sin usar el pseudónimo de un nombre masculino.

Barbara Strozzi falleció en 1677, luego de probar su excepcionalidad en el mundo de la música y romper barreras y etiquetas sociales que encerraban la creatividad artística de muchas desconocidas pero talentosas mujeres. Su ardua labor en la composición fue fundamental para que otras artistas siguieran su ejemplo y se comenzara a valorar el talento femenino, tarea que aún a la fecha sigue vigente, porque, siendo honestos, ¿en quién piensa usted cuando hablamos de música clásica?.

[*]  Fue en el romanticismo cuando las mujeres de clase media, por primera vez en la historia, tuvieron acceso a la educación musical en los conservatorios.

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Érase una vez...

Unos cuentos a los que se les puso música

Clodec López-min
por: Clodec López

La fusión entre literatura y música es común en los creadores del arte. En el caso específico de composiciones en la música de concierto para la infancia, la fantasía de los cuentos de hadas ha demostrado ser una atractiva excusa para que los niños puedan asomarse e involucrarse en el mágico mundo de los instrumentos. Aquí presentamos siete ejemplos para su consideración:

1.- Wolfgang Amadeus Mozart pretendió acercar a los niños al mundo de la ópera con el cuento de hadas “la Flauta Mágica” que, a decir de Alfred Einstein, “puede encantar tanto a un niño, como conmover hasta las lágrimas al más experto de los hombres y embelesar al más sabio de ellos”.

Desde su estreno en 1791, La flauta Mágica ha sido un éxito total. Sin duda, es una pieza escrita para el entretenimiento: un ambiente exótico con flautas y serpientes, elementos mágicos, una historia de amor entre la dulce Palmina y el príncipe Tamino, escenas cómicas…

2.- La desalmada historia de “Hansel y Gretel”, que es ilustrada en la ópera de Engelbert Humperdinck, relata una popular historia de los famosos cuentos de Jacob y Wilhelm Grimm (Cuentos de la infancia y el hogar) que ahora se conocen como los “Cuentos de hadas” de los hermanos Grimm. El propio Humperdinck catalogaba su obra como una ópera de hadas.

3.- El compositor Jacques Offenbach comenzó a escribir su ópera fantástica “Los cuentos de Hoffman” en 1879; basándose en cuentos del escritor E. T. A. Hoffmann.  Offenbach enfermó y falleció el 5 de octubre de 1880, dejando algunas partes de la ópera inconclusas, así que Ernest Guiraud la completó siguiendo algunas indicaciones que había dejado el propio Offenbach. Justamente “Los cuentos de Hoffmann” hizo resplandecer la ópera cómica de París durante su estreno en 1881 gracias a su exuberante alegría musical. 

4.- Un cuento de hadas basado en la mitología eslava y los cuentos tradicionales checos recopilados en el siglo XIX por Božena Němcová y Karel Jaromír Erben, sirvieron de base para que el compositor checo Antonin Dvorak. Dvorak escribiera “Rusalka”, la historia del hada que quiso ser humana. La ópera Rusalka fue estrenada en Praga el 31 de marzo de 1901 y contiene elementos que aparecen también en “La Sirenita” del escritor Hans Christian Andersen. Al parecer de algunos críticos, “Rusalka” es la mejor obra de Dvorak.

5.- ¡Y qué decir de las historias que han hecho soñar a niños y niñas y que son inseparables de la música del compositor ruso Piotr Illich Tchaikovsky! Él creó la música de las obras más icónicas de la danza clásica, basándose en algunos cuentos de hadas.

Su primer ballet, “El lago de los cisnes”, compuesto en 1876 está basado en el cuento de origen alemán “El velo robado” del escritor Johann Karl August Musäus, uno de los primeros antólogos de cuentos populares alemanes.

6.- El ballet “La Bella Durmiente” fue escrito en 1889. El libreto se basó en el cuento “La bella durmiente del bosque” del escritor francés Charles Perrault y los hermanos Grimm.

7.- El tercer cuento de hadas-ballet de Tchaikovsky, “El Cascanueces”, fue compuesto entre 1891-1892. El argumento se basó en la adaptación de Alejandro Dumas del cuento “El cascanueces y el rey de los ratones”, del escritor E. T. A. Hoffmann.

Los cuentos infantiles clásicos de escritores renombrados como Hans Christian Andersen, los hermanos Grimm o Charles Perrault se volvieron populares en generaciones posteriores. Las sorprendentes historias se comenzaron a representar en las magnas obras musicales con gran sentido del humor; evocando con la dotación instrumental maravillosos momentos y personajes entrañables de todos los tiempos.

Así fue como los cuentos de hadas y la música de concierto lograron probar su natural unión,  vivir felices y hacer felices a otros para siempre.

 

Fin. 

Foto tomada de Archivo

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Leopold Stokowski

La multifacética vida de un fascinante director

Clodec López-min
por: Clodec López

Leopold Stokowski es uno de los personajes que marcaron musicalmente el siglo XX; no sólo por su distinguido y amplísimo legado, sino por su fascinante y multifacética larga vida que le permitió aprovechar plenamente todos los recursos tecnológicos, técnicos, visuales y sonoros de su época.

Se dice que el 18 de abril de 1882 nació en Londres Leopold Anton Stanislaw Stokowski, y aunque tanto su fecha de nacimiento como su lugar de origen son inciertos, es verdad que ambas situaciones quedan a la sombra cuando se habla del talento y la agudeza musical que poseyó para deslumbrar en todos los grandes escenarios del mundo.

Stokowsky fue formado musicalmente en el Royal College of Music, siendo pupilo de Hubert Parry y Charles Stanford; también asistió al Queen’s College de Oxford, donde se graduó en música en 1903, y más tarde se perfeccionó en París, Berlín y Múnich.

Después de trabajar un tiempo como organista y director de coro; se volcó de lleno a la dirección de orquesta; haciendo su debut en París en 1908. 

Ya como director fue único al seleccionar repertorio: abarcaba todos los estilos, desde los grandes clásicos como Bach, Beethoven o Mozart hasta los músicos de su tiempo, como Charles Ives, Sergei Rachmaninov o Gustav Mahler cuya música grabó con la orquesta de Filadelfia, agrupación que dirigió durante más de 25 años.

El músico inglés fue inquieto, creativo y democratizador: estuvo siempre preocupado por acercar la música de concierto a un mayor número de oyentes así que ideó nuevas formas para que los sectores sociales más vulnerables pudieran tener acceso a la música como nunca antes había sucedido. Fue aclamado por sus conciertos, especialmente los hechos para jóvenes y niños. Su perspicacia en ese sentido le proporcionó gran popularidad, situándolo en la cima de los más renombrados y queridos directores de orquesta.

Como artista apasionado Stokowski fue espectacular siempre: su peculiar manera de dirigir sin batuta, moviendo su desaliñada melena larga, gesticulando al frente de destacados músicos que integraban las orquestas, cimentó su reputación como un “showman” de la música de concierto.

Leopold Stokowski no sólo fue el creador de un sonido orquestal inconfundible, también fue un gran experimentador: montó obras musicales en numerosos escenarios con la intención de crear una atmósfera integral entre sonidos y elementos visuales, que permitiera al espectador entender de mejor manera el contexto musical.  Así, Stokowski no sólo interpretaba las obras, sino que gustaba de representar los elementos a los que la música hacía alusión, como cuando en 1921 decidió subir a escena tres elefantes, tres ponies y un camello para ilustrar “El Carnaval de los Animales” del compositor francés Camille Saint-Saëns.

El controversial director fue también un promotor de nuevas agrupaciones: fundó la All- American Youth Orchestra (1940), la New York Symphony (1944) y la Hollywood Bowl Symphony (1945).

A lo largo de su vida grabó más de 700 obras y estrenó más de 2000.

La genialidad de Leopold Stokowski le permitió escribir en 1943 uno de los más apreciados libros de música: “Music for All of Us”. En esta interesante obra no sólo expone el profundo amor que sintió por la música, sino el propósito que tuvo de conseguir una cultura musical amplia y sin prejuicios; que estuviera a favor de una igualdad racial.

Sin duda Leopold Stokowski cambió la historia de la interpretación orquestal del siglo XX. Su extraordinaria figura permanecerá en la posteridad como un activo e incansable director de orquesta. Falleció a los 95 años de un ataque al corazón cuando, un año antes, había firmado un contrato por los siguientes 6 años con Columbia Records.

Foto tomada de Archivo

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Escucha la programación de Opus 94 y disfruta las interesantes grabaciones de Lepold Stokowski

Aquí tienes algunos enlaces para adentrarte en su apasionante carrera musical.

El dolor de la Virgen María en la música

Stabat Mater

Clodec López-min
por: Clodec López

En la historia de la música de concierto, encontramos aquellas obras que fueron escritas expresamente para celebrar alguna ocasión especial o satisfacer los gustos de los mecenas; desde nacimientos, coronaciones, celebraciones litúrgicas, servicios religiosos o hasta para despedir en la muerte algún miembro de la realeza. También existen aquellas que por su sonoridad y contexto, se convirtieron, a través del tiempo, en una gran obra para evocar y recordar eventos y conmemoraciones importantes, sin haber sido escritas para los mismos.

Remontándonos a la Edad Media, los periodos de Cuaresma, la Pasión y la Pascua son fuentes de inspiración para compositores que transmiten la devoción a través de su obra, muchos de ellos escribieron explícitamente para la Semana Santa basándose en los textos del Stabat Mater. De aquí que el Stabat Mater sea música propiamente para la celebración de la Semana Santa; ya que ilustra el dolor de María al contemplar la crucifixión de su hijo Jesús.

Muchos son los autores que se han acercado a este tipo de plegaria. Hoy haremos un breve recorrido por la música que fue premeditada para conmemorar el sacrificio de Jesucristo para el perdón de los pecados de la humanidad; obras maestras escritas por grandes compositores para este tiempo litúrgico, sea o no creyente, tanto de la tradición católica como protestante.

En el Nápoles del siglo XVIII, el viernes Santo estaba reservado para el Stabat Mater, el Réquiem personal de la Virgen María y el dolor por su hijo crucificado.

El Stabat Mater como plegaria, medita sobre la dolorosa pena de María, la madre de Jesús.

El recorrido de esta selección comenzará presentando a uno de los esenciales compositores del renacimiento europeo, sin duda, un músico español de gran importancia: Tomás de Victoria, quien sólo escribió música sacra. Es en 1585 cuando Tomás de Victoria publica en Roma su grandioso oficio de Semana Santa “Officium Hebdomadae Sanctae”, una magna obra calificada por el músico y sacerdote austriaco Franz Xaver Haberl; como la obra maestra del autor.

El sufrimiento de la madre de Jesús en el texto del Stabat Mater que se remonta al Siglo XIII, atrajo también a compositores que van desde Josquin des Prez a Giovanni Pierluigi da Palestrina. El florecimiento llega en el barroco con la obra de Giovanni Pergolesi, una composición que data de 1736.

Pergolesi fue especialmente prolífico en el ámbito de la música sacra, al final de su vida el compositor italiano se dedicó exclusivamente a escribir obras litúrgicas o piadosas. Compuso entonces su magnífico Stabat Mater.

La obra fue escrita por encargo de la fraternidad noble de Nápoles, los Cavalieri della Vergine dei Dolori que habían estado utilizando el Stabat Mater de Alessandro Scarlatti para sus celebraciones del Viernes Santo; pero deseaban una novedad.

Cuando Pergolesi aceptó el encargo, su estado de salud era deplorable, se cree que desde pequeño sufría de espina bífida.

Pergolesi se sirvió del pasaje evangélico de San Juan en el que la Virgen María contempla la agonía de su hijo en la cruz, para crear esta bellísima obra por la que más se le recuerda. Esta partitura está impregnada de dolor, mostrando ternura y un profundo sentimiento con una distinguida maestría propia de Pergolesi.

El Stabat Mater fue compuesto en 1736 mientras Giovanni Battista Pergolesi agonizaba en un convento de Pozzuoli. Murió semanas después de haberla finalizado.

La escena de la Madre de Dios a los pies de la cruz ha sido musicalizada también por el Monje rojo, Antonio Vivaldi, aunque es mayormente conocido por sus cuatro estaciones, Vivaldi escribió su melancólico Stabat Mater basándose sólo en las diez primeras estrofas del texto en latín.

La obra fue compuesta por encargo para la fiesta patronal de la iglesia de Santa María della Pace en Brescia para la Pascua de 1727. Sin duda es uno de los más bellos cantos escritos por Vivaldi.

​Otra gran obra que figura en como uno de los cantos favoritos de dolor para las celebraciones de Semana Santa, es indudablemente, el Stabat Mater de Gioachino Rosisini quien ganó fama por sus óperas y su música profana. Rossini no fue precisamente prolífico en obras religiosas, pero en el verano de 1832 ya había completado la introducción de su Stabat Mater, un encargo asignado por el archidiácono español Manuel Fernández Varela, al parecer para uso personal.

Rossini trabajó en su obra, y para el verano de 1832, ya había completado la introducción, así como algunos números, pero no se sintió capaz de terminar la enmienda por lo que pidió ayuda a su amigo Giovanni Tadolini, compositor boloñés, para que la obra pudiera estrenarse en la iglesia del Convento de San Felipe del Real de Madrid el Viernes Santo de 1833.

Años más tarde Rossini recuperó su Stabat Mater y pudo completarlo. Ya actualizado por Rossini, fue estrenado con gran éxito en París el 7 de enero de 1842. El maestro Rossini no sólo ganó fama con sus óperas bufas; también fue capaz de crear música profunda y trascendente.

 Muy a pesar de que el texto del himno medieval del siglo XIII encierra una profunda carga de dolor y sacrificio emocional (una madre viendo a su hijo clavado en la cruz, sufriendo por la humanidad), lo cierto es que las estrofas del Stabat Mater, han permitido a grandes compositores de distintas épocas, la creación de más de 200 piezas musicales en diversos géneros y estilos. Todas obras de inigualable talento que nos muestran la sensibilidad, la delicadeza y a la vez el contenido dramático que imprime cada uno de los compositores en su maravillosa obra. Basta mencionar otros nombres como: Franz Liszt que en sus últimos años de vida fue profundamente religioso hasta recibir órdenes menores de la iglesia y convertirse en “El abad Liszt”.

Liszt compuso una gran cantidad de música para piano, obras sinfónicas, rapsodias, un réquiem, varias misas y un oratorio. Entre ellos encontramos el oratorio Christus; compuesto entre 1862 y 1866 que contiene no solo un Stabat Mater Dolorosa, sino también un Stabat Mater Speciosa.

El magistral Stabat Mater de Antonin Dvorak nace en 1875, cuando el dolor se apodera del compositor checo debido a la muerte de su recién nacida hija Josefa. En esta ocasión, escribe una versión para cuatro solistas, coro y piano. Casi 2 años después, en 1877 desafortunadamente mueren sus 2 hijos sobrevivientes. Tras su desconsolado momento, Dvorak prosigue ahora con la versión orquestal de la partitura.

Cualquiera que sea el caso por lo que cientos de compositores han retomado la agonía de Cristo en la cruz o las primeras estrofas del texto en latín, es innegable que tras 8 siglos de vida, el Stabat Mater sigue dando mucho más de lo que su creador habría imaginado.

Foto tomada de Archivo

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La poesía de Alphonse de Lamartine en la música

Grandes románticos influenciados

Clodec López-min
por: Clodec López

Aunque la música y la poesía son dos planos distintos de lo artístico, hay instantes que revelan que la música desemboca en la formación de un universo poético… y otras veces la poesía propicia  la creación de una gran obra musical. La disolución de estas artes nos demuestra que tanto la música como la poesía son engranes necesarios para generar otro concepto.

En el plano musical, la poesía ha estado presente desde siempre; representa la musa en la que muchos creadores se han inspirado, muchas veces es fundamental para provocar al ingenio de la composición musical, ya que es en la obra musical; donde la lírica recobra mayor importancia.

Alphonse de Lamartine fue uno de los más notables escritores románticos franceses del siglo XIX. De de Lamartine se destaca su intensa labor política, especialmente en el advenimiento y proclamación de la 2ª República francesa. Su ideario político lo lleva a convertirse en la cabeza visible de los revolucionarios en 1848.

Su primer trabajo poético data de 1820 y nace de una relación amorosa con una joven casada y enferma de tuberculosis que muere un año después de conocerse. Este hecho lo marcó profundamente y de Lamartine desemboca su dolor en un libro de poesía lírica llamado “Meditaciones poéticas”, cuyo éxito inmediato lo convirtió en un poeta famoso.

En el prefacio de su libro escribe: “… Esto no era un arte, era un alivio de mi propio corazón que sacudió sus propios sollozos”.

Más adelante, de Lamartine define la poesía como “la encarnación que tiene el hombre de lo más íntimo en su corazón, y de lo más divino en su pensamiento”.

De Lamartine destacó como hombre de letras por la musicalidad de sus versos y sus excepcionales representaciones de la naturaleza; por su poesía elegante y refinada en sus brillantes descripciones. De su abundante producción poética, con frecuencia nacidas meramente de circunstancias, inspiró a célebres músicos compositores románticos de la talla de Franz Liszt, Georges Bizet, Édouard Lalo, Héctor Berlioz y Charles Gounod.

Les Preludes es el más conocido y famoso de los poemas sinfónicos del compositor húngaro Franz Liszt. Fue concebido en 1848 como una obertura de una obra coral titulada Los Cuatro Elementos, basada en un texto de Joseph Autran. 6 años después fue estrenada con el título actual Les Preludes, que deriva de la segunda meditación del poeta Alphonse de Lamartine. Liszt no intentó interpretar las imágenes del texto literario, sino crear un poema musical paralelo.

En la partitura de Les Preludes, aparece una nota escrita por el propio Liszt indicando que su obra debe considerarse una representación musical del poema de Alphonse de Lamartine: “¿Qué es nuestra vida sino una serie de preludios a una canción desconocida, de la cual la primera nota solemne es la que hace sonar la muerte?”.

El amor, la melancolía, la naturaleza y la fe, son temas de la poesía de Alphonse de Lamartine que incorporó también el compositor francés Georges Bizet, en su legado musical.

Bizet fue un pianista virtuoso, tal vez esta sea la razón por la que sus composiciones orquestales y para teclado fueron ignoradas en su gran mayoría; tuvo que ganarse la vida realizando arreglos y transcripciones de la música de otros.

En mayo de 1861, Bizet ofreció una inusual demostración de su virtuosismo al piano en una cena en la que Franz Liszt estaba entre los presentes, tal fue el asombró de todos, cuando tocó a primera vista, de manera impecable, una de las piezas más difíciles de Liszt.  El maestro comentó al respecto:” pensé que sólo había dos hombres capaces de superar tal dificultad […] hay tres, y […] el más joven es tal vez el más audaz y más brillante”, refiriéndose al joven Bizet de 22 años.

En 1871 Bizet compuso la música para un poema de Alphonse de Lamartine, “Canto de Amor” para piano y voz; que en tiempos recientes ha dejado impronta la extraordinaria versión de Cecilia Bartoli.

El compositor Édouard Lalo también se inspiró del recóndito sufrimiento de Alphonse de Lamartine y retoma sus textos para crear algunos lieder en 1879. Así mismo Héctor Berlioz y Charles Gounod influenciados por las revelaciones del alma de de Lamartine en su romanticismo lírico, escriben música en su honor.

 Se dice que Berlioz había sido un romántico innato, que experimentaba intensas emociones desde la más tierna infancia. Creó un amplio bagaje musical relacionado con algunas formas poéticas.

Charles Gounod fue un músico francés, considerado el más importante del siglo XIX. De su vasta obra musical, obtuvo gran reconocimiento por su ópera Fausto y por su versión del Ave María, basada en la música del primer preludio del Clave bien temperado de Johann Sebastian Bach. La pieza consiste en una melodía del compositor romántico francés, especialmente diseñada para ser superpuesta sobre el Preludio n.º 1 en do mayor, BWV 846, del Libro de El clave bien temperado, de Johann Sebastian Bach escrito 137 años antes.

En 1853, Gounod también realizó un arreglo para violín o violonchelo con piano y Armonio, incorporándole la letra del poema de Alphonse de Lamartine titulado “El libro de la vida”.

Alphonse de Lamartine, el poeta más verdadero del periodo romántico atrapa con su lirismo a grandes músicos franceses que se miran reflejados en su propia obra musical.

Foto tomada de Archivo

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Si quieres conocer más de la interesante vida política y obra lírica de Alphonse de Lamartine y su influencia en la música romántica del siglo XIX, escucha la programación de Opus 94.

Aquí tienes algunos enlaces para introducirte en su maravilloso mundo sonoro.

 

Nadia Boulanger y Astor Piazzolla

Talentos encontrados

Clodec López-min
por: Clodec López

Nadia Boulanger fue la más distinguida profesora de música del siglo XIX. Nació en París Francia en 1887 en el seno de una familia con bases musicales que influyeron en su educación desde muy pequeña: su abuela, Julliette Boulanger, cantante, su padre Ernest, compositor de óperas cómicas y profesor de canto en el Conservatorio Nacional de París y su madre Raïssa Mychetski, cantante de origen ruso.

Además, la casa de los Boulangers era frecuentada por músicos de la talla de  Charles Gounod, Jules Massenet, Camille Saint-Saens o William Bouwens, celebridades de la época que marcarían  para siempre la formación de Nadia y su hermana Lilli Boulanger. Más tarde, Nadia obtuvo un excelente expediente como alumna del Conservatorio siendo pupila de Gabriel Fauré, compañera de estudios de Ravel, amiga de Paul Valéry, Manuel de Falla y Stravinski, estas influencias se evidenciaron en el transcurso de la excelente vida profesional de Nadia.

Nadia Boulanger compuso importantes obras marcadas por el sufrimiento de la muerte de su hermana Lili, pero también en memoria a ella; se alejó de la creación para dedicarse totalmente a la enseñanza y a la dirección de orquesta. “Jamás llegaría a ser genial compositora”, se juzgó así misma. Así que Nadia volcó toda su sabiduría para ser la pedagoga musical más importante del mundo, encontrando en cada uno de los cientos de  estudiantes que tuvo a su cargo,  una manera singular de alentarlos y guiarlos para encontrar su propio estilo,  aún si ellos no eran conscientes de su  gran  potencial musical.

Así sucedió con el bandoneonista y compositor argentino Astor Piazzolla, quien se inició en la música conociendo la obra de Bach y Gershwin en Nueva York, donde vivió prácticamente toda su adolescencia.

En la década los 40s, Astor y su familia regresan a Mar del plata, Argentina, su ciudad natal. Ya ahí decide explorar el tango mudándose a Buenos Aires para tocar el bandoneón y ocasionalmente el piano en la mejor orquesta de tango del momento: la orquesta Típica de Aníbal Troilo.  A la par de tocar con esta orquesta, Piazzolla toma clases de piano con Alberto Ginastera para perfeccionar sus estudios en composición.

Piazzola fue un músico inquieto, le gustaba innovar, hacía arreglos,  improvisaba, y escribía versiones distintas a los tangos tradicionales. A decir verdad, a Piazzola no le gustaba el tango porque le parecía monótono, aburrido y triste;  él “quería estar alegre y disfrutar el momento de tocar”;  pero con la orquesta típica, jamás disfrutó los tangos que interpretaba.

Así que impulsado por sus inquietudes musicales y el disgusto que le provocaba tan sólo interpretar, comenzó a escribir sus propias obras; cada vez más alejadas del conocido tango de Buenos Aires. Dijo al respecto: “Yo escribía solamente música, pero a la gente no le gustaba y cada día tenía menos trabajo y menos dinero”.

En la búsqueda de un estilo diferente, Piazzola profundizó sus estudios musicales y dejó a un lado su bandoneón para acercarse al jazz. En 1946 compuso El desbande, considerado por él mismo su primer tango; con una estructura formal diferente.

Piazzolla comenzó a escribir  definiendo su propio estilo;  era música distinta al Tango del momento. Escribió también piezas de música culta como la Rapsodia Porteña de 1951 y Buenos Aires, tres movimientos sinfónicos de 1953. Estos movimientos sinfónicos le dieron el triunfo de un concurso organizado por el director de orquesta ruso-americano Fabien Sevitzky. El premio consistió en que el gobierno francés le otorgara una beca para formalizar sus estudios en París, nada menos que con Nadia Boulanger, la mejor maestra de maestros.

Piazzola dice al respecto: “Nadia Boulanger fue mi  Dios, mi segunda madre… Era la mejor maestra de música del mundo… Me sentó al piano y me dijo ‘toca un tango’… Vestida de negro, recargada con su mano derecha al piano y la izquierda a la cintura, me escuchó fijamente y me dijo: Astor, sus obras eruditas están bien escritas, pero aquí está el verdadero Piazzolla, no lo abandone nunca”.

Fue a partir de ese momento que Astor Piazzola comienza a creer en sí mismo, Nadia Boulanger le había ayudado a encontrar su propio lenguaje musical, ese que hoy en día lo distingue de todo el Tango.

Las clases tomadas con Boulanger fueron decisivas en la evolución musical de Astor Piazzola y marcaron para siempre al tango argentino. Piazzolla pasó de negar el tango y alejarse del bandoneón a ser el músico tanguero más reconocido a nivel mundial gracias a sus aportes que revolucionaron la música porteña. Pero sin Nadia Boulanger, Astor Piazzola hubiera sido otro, quizá ninguno.

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Si quieres conocer más de la interesante vida y obra de Astor Piazzolla y su bandoneón, escucha la programación de Opus 94.

De cualquier forma, aquí te dejamos unas referencias sonoras-visuales:

Elisabeth Claude Jacquet de la Guerre.

La primera música dentro de Versalles.

Clodec López-min
por: Clodec López

Luis XIV, el Rey Sol, a decir de unos, fue un monarca generoso, culto y de buen gusto, a decir de otros, un gran manipulador.

Donde la crítica concuerda es que lo mejor que pudo hacer durante su reinado fue rodearse de las mentes más brillantes de la época y de los músicos más talentosos del momento, siendo Jean-Baptiste Lully su favorito.

Entre las decenas de virtuosos que había en Versalles como parte de la corte de Luis XIV, había una mujer, la única en este imperio de hombres: Elisabeth Jacquet de La Guerre. Este hecho no fue una serendipia, ella fue una niña prodigio que tuvo la fortuna de haber nacido en el seno de una familia de gran trayectoria musical. Así que su padre, un respetado organista de la época, no perdió oportunidad de presentar a su “pequeña maravilla” ante Luis XIV, quien sorprendido del gran talento natural de la pequeña clavecinista no dudó en invitarla a su palacio real y convertirla en una música más a su servicio.

Ya siendo adolescente, Elisabeth Jacquet de La Guerre gozó del privilegio que le ofreció la realeza para su formación y aprendizaje. Entró al palacio de Versalles bajo la tutela de la bella e inteligente marquesa, Madame de Montespan, examante del rey; ella acogería a Elisabeth como su propia hija, brindándole una distinguida educación, propia de la sociedad francesa y de la realeza de Versalles.

Elisabeth Jacquet no sólo impresionó tocando magistralmente el clavecín, también comenzó a escribir obras dramáticas que se representaban en la corte y en los aposentos de Madame de Montespan a manera de pequeñas óperas. Estas obras fueron aclamadas por todos los maestros de su tiempo, incluyendo al propio Jean- Baptiste Lully.

Con casi 20 años Elisabeth Jacquet de la Guerre abandonó la corte de Versalles y a Madame de Montespan para unirse en matrimonio con Marin de la Guerre; un consumado clavecinista, organista, profesor de música y compositor parisino que supo asimilar el virtuosismo de su esposa y la apoyó para continuar con su carrera artística. Músicos y eruditos de todo el mundo viajaban a París para escuchar las improvisaciones magistrales de la virtuosa clavecinista y conocer sus propios trabajos.

Desafortunadamente la muerte de sus padres, de su marido, de uno de sus hermanos e incluso de su hijo de 10 años, provocaron que la compositora dejara de escribir durante largo tiempo.

Elisabeth Jacquet regresó a la composición con una colección de danzas de tradición francesa escritas para clavecín que datan de 1707 y seis Sonatas para violín y clavecín.

En 1687 vio publicadas por primera vez, una serie de obras de su autoría, se trató del Primer libro de piezas para clavecín que contiene cuatro suites dedicadas a su mecenas y que fue una de las pocas publicaciones para clavecín en la Francia del siglo XVII.  Después de la muerte de la compositora, no se supo más de este original trabajo hasta que fue encontrado casi tres siglos después, en 1970.

A lo largo de su vida, Elisabeth Jacquet de la Guerre escribió para diversos géneros: música de ballet, óperas -en este género fue la primera mujer en componer una ópera en Francia-, cantatas francesas, una magnífica serie de melodías que datan de 1715 que incluyen pasajes bíblicos y cantatas profanas. Todo esto mereció que Elisabeth Jacquet fuera la primera música a quien sus contemporáneos le reconocieron sus talentos musicales en vida.

A la muerte de Luis XIV en 1715, la compositora francesa sumergió su creatividad compositiva en un profundo silencio. Dos años más tarde se retiró de la vida pública. Murió el 27 de junio de 1729 dejando un legado musical que muestra su grandioso talento innato.

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Si quieres conocer más de la interesante vida y obra de la clavecinista Elisabeth Jacquet de la Guerre, escucha la programación de Opus 94, pero si te quieres acercar pronto a su mundo sonoro, aquí te dejamos unas referencias sonoras-visuales:

 

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