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Plumas Opus
Leopold Stokowski

La multifacética vida de un fascinante director

Clodec López-min
por: Clodec López

Leopold Stokowski es uno de los personajes que marcaron musicalmente el siglo XX; no sólo por su distinguido y amplísimo legado, sino por su fascinante y multifacética larga vida que le permitió aprovechar plenamente todos los recursos tecnológicos, técnicos, visuales y sonoros de su época.

Se dice que el 18 de abril de 1882 nació en Londres Leopold Anton Stanislaw Stokowski, y aunque tanto su fecha de nacimiento como su lugar de origen son inciertos, es verdad que ambas situaciones quedan a la sombra cuando se habla del talento y la agudeza musical que poseyó para deslumbrar en todos los grandes escenarios del mundo.

Stokowsky fue formado musicalmente en el Royal College of Music, siendo pupilo de Hubert Parry y Charles Stanford; también asistió al Queen’s College de Oxford, donde se graduó en música en 1903, y más tarde se perfeccionó en París, Berlín y Múnich.

Después de trabajar un tiempo como organista y director de coro; se volcó de lleno a la dirección de orquesta; haciendo su debut en París en 1908. 

Ya como director fue único al seleccionar repertorio: abarcaba todos los estilos, desde los grandes clásicos como Bach, Beethoven o Mozart hasta los músicos de su tiempo, como Charles Ives, Sergei Rachmaninov o Gustav Mahler cuya música grabó con la orquesta de Filadelfia, agrupación que dirigió durante más de 25 años.

El músico inglés fue inquieto, creativo y democratizador: estuvo siempre preocupado por acercar la música de concierto a un mayor número de oyentes así que ideó nuevas formas para que los sectores sociales más vulnerables pudieran tener acceso a la música como nunca antes había sucedido. Fue aclamado por sus conciertos, especialmente los hechos para jóvenes y niños. Su perspicacia en ese sentido le proporcionó gran popularidad, situándolo en la cima de los más renombrados y queridos directores de orquesta.

Como artista apasionado Stokowski fue espectacular siempre: su peculiar manera de dirigir sin batuta, moviendo su desaliñada melena larga, gesticulando al frente de destacados músicos que integraban las orquestas, cimentó su reputación como un “showman” de la música de concierto.

Leopold Stokowski no sólo fue el creador de un sonido orquestal inconfundible, también fue un gran experimentador: montó obras musicales en numerosos escenarios con la intención de crear una atmósfera integral entre sonidos y elementos visuales, que permitiera al espectador entender de mejor manera el contexto musical.  Así, Stokowski no sólo interpretaba las obras, sino que gustaba de representar los elementos a los que la música hacía alusión, como cuando en 1921 decidió subir a escena tres elefantes, tres ponies y un camello para ilustrar “El Carnaval de los Animales” del compositor francés Camille Saint-Saëns.

El controversial director fue también un promotor de nuevas agrupaciones: fundó la All- American Youth Orchestra (1940), la New York Symphony (1944) y la Hollywood Bowl Symphony (1945).

A lo largo de su vida grabó más de 700 obras y estrenó más de 2000.

La genialidad de Leopold Stokowski le permitió escribir en 1943 uno de los más apreciados libros de música: “Music for All of Us”. En esta interesante obra no sólo expone el profundo amor que sintió por la música, sino el propósito que tuvo de conseguir una cultura musical amplia y sin prejuicios; que estuviera a favor de una igualdad racial.

Sin duda Leopold Stokowski cambió la historia de la interpretación orquestal del siglo XX. Su extraordinaria figura permanecerá en la posteridad como un activo e incansable director de orquesta. Falleció a los 95 años de un ataque al corazón cuando, un año antes, había firmado un contrato por los siguientes 6 años con Columbia Records.

Foto tomada de Archivo

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Escucha la programación de Opus 94 y disfruta las interesantes grabaciones de Lepold Stokowski

Aquí tienes algunos enlaces para adentrarte en su apasionante carrera musical.

El dolor de la Virgen María en la música

Stabat Mater

Clodec López-min
por: Clodec López

En la historia de la música de concierto, encontramos aquellas obras que fueron escritas expresamente para celebrar alguna ocasión especial o satisfacer los gustos de los mecenas; desde nacimientos, coronaciones, celebraciones litúrgicas, servicios religiosos o hasta para despedir en la muerte algún miembro de la realeza. También existen aquellas que por su sonoridad y contexto, se convirtieron, a través del tiempo, en una gran obra para evocar y recordar eventos y conmemoraciones importantes, sin haber sido escritas para los mismos.

Remontándonos a la Edad Media, los periodos de Cuaresma, la Pasión y la Pascua son fuentes de inspiración para compositores que transmiten la devoción a través de su obra, muchos de ellos escribieron explícitamente para la Semana Santa basándose en los textos del Stabat Mater. De aquí que el Stabat Mater sea música propiamente para la celebración de la Semana Santa; ya que ilustra el dolor de María al contemplar la crucifixión de su hijo Jesús.

Muchos son los autores que se han acercado a este tipo de plegaria. Hoy haremos un breve recorrido por la música que fue premeditada para conmemorar el sacrificio de Jesucristo para el perdón de los pecados de la humanidad; obras maestras escritas por grandes compositores para este tiempo litúrgico, sea o no creyente, tanto de la tradición católica como protestante.

En el Nápoles del siglo XVIII, el viernes Santo estaba reservado para el Stabat Mater, el Réquiem personal de la Virgen María y el dolor por su hijo crucificado.

El Stabat Mater como plegaria, medita sobre la dolorosa pena de María, la madre de Jesús.

El recorrido de esta selección comenzará presentando a uno de los esenciales compositores del renacimiento europeo, sin duda, un músico español de gran importancia: Tomás de Victoria, quien sólo escribió música sacra. Es en 1585 cuando Tomás de Victoria publica en Roma su grandioso oficio de Semana Santa “Officium Hebdomadae Sanctae”, una magna obra calificada por el músico y sacerdote austriaco Franz Xaver Haberl; como la obra maestra del autor.

El sufrimiento de la madre de Jesús en el texto del Stabat Mater que se remonta al Siglo XIII, atrajo también a compositores que van desde Josquin des Prez a Giovanni Pierluigi da Palestrina. El florecimiento llega en el barroco con la obra de Giovanni Pergolesi, una composición que data de 1736.

Pergolesi fue especialmente prolífico en el ámbito de la música sacra, al final de su vida el compositor italiano se dedicó exclusivamente a escribir obras litúrgicas o piadosas. Compuso entonces su magnífico Stabat Mater.

La obra fue escrita por encargo de la fraternidad noble de Nápoles, los Cavalieri della Vergine dei Dolori que habían estado utilizando el Stabat Mater de Alessandro Scarlatti para sus celebraciones del Viernes Santo; pero deseaban una novedad.

Cuando Pergolesi aceptó el encargo, su estado de salud era deplorable, se cree que desde pequeño sufría de espina bífida.

Pergolesi se sirvió del pasaje evangélico de San Juan en el que la Virgen María contempla la agonía de su hijo en la cruz, para crear esta bellísima obra por la que más se le recuerda. Esta partitura está impregnada de dolor, mostrando ternura y un profundo sentimiento con una distinguida maestría propia de Pergolesi.

El Stabat Mater fue compuesto en 1736 mientras Giovanni Battista Pergolesi agonizaba en un convento de Pozzuoli. Murió semanas después de haberla finalizado.

La escena de la Madre de Dios a los pies de la cruz ha sido musicalizada también por el Monje rojo, Antonio Vivaldi, aunque es mayormente conocido por sus cuatro estaciones, Vivaldi escribió su melancólico Stabat Mater basándose sólo en las diez primeras estrofas del texto en latín.

La obra fue compuesta por encargo para la fiesta patronal de la iglesia de Santa María della Pace en Brescia para la Pascua de 1727. Sin duda es uno de los más bellos cantos escritos por Vivaldi.

​Otra gran obra que figura en como uno de los cantos favoritos de dolor para las celebraciones de Semana Santa, es indudablemente, el Stabat Mater de Gioachino Rosisini quien ganó fama por sus óperas y su música profana. Rossini no fue precisamente prolífico en obras religiosas, pero en el verano de 1832 ya había completado la introducción de su Stabat Mater, un encargo asignado por el archidiácono español Manuel Fernández Varela, al parecer para uso personal.

Rossini trabajó en su obra, y para el verano de 1832, ya había completado la introducción, así como algunos números, pero no se sintió capaz de terminar la enmienda por lo que pidió ayuda a su amigo Giovanni Tadolini, compositor boloñés, para que la obra pudiera estrenarse en la iglesia del Convento de San Felipe del Real de Madrid el Viernes Santo de 1833.

Años más tarde Rossini recuperó su Stabat Mater y pudo completarlo. Ya actualizado por Rossini, fue estrenado con gran éxito en París el 7 de enero de 1842. El maestro Rossini no sólo ganó fama con sus óperas bufas; también fue capaz de crear música profunda y trascendente.

 Muy a pesar de que el texto del himno medieval del siglo XIII encierra una profunda carga de dolor y sacrificio emocional (una madre viendo a su hijo clavado en la cruz, sufriendo por la humanidad), lo cierto es que las estrofas del Stabat Mater, han permitido a grandes compositores de distintas épocas, la creación de más de 200 piezas musicales en diversos géneros y estilos. Todas obras de inigualable talento que nos muestran la sensibilidad, la delicadeza y a la vez el contenido dramático que imprime cada uno de los compositores en su maravillosa obra. Basta mencionar otros nombres como: Franz Liszt que en sus últimos años de vida fue profundamente religioso hasta recibir órdenes menores de la iglesia y convertirse en “El abad Liszt”.

Liszt compuso una gran cantidad de música para piano, obras sinfónicas, rapsodias, un réquiem, varias misas y un oratorio. Entre ellos encontramos el oratorio Christus; compuesto entre 1862 y 1866 que contiene no solo un Stabat Mater Dolorosa, sino también un Stabat Mater Speciosa.

El magistral Stabat Mater de Antonin Dvorak nace en 1875, cuando el dolor se apodera del compositor checo debido a la muerte de su recién nacida hija Josefa. En esta ocasión, escribe una versión para cuatro solistas, coro y piano. Casi 2 años después, en 1877 desafortunadamente mueren sus 2 hijos sobrevivientes. Tras su desconsolado momento, Dvorak prosigue ahora con la versión orquestal de la partitura.

Cualquiera que sea el caso por lo que cientos de compositores han retomado la agonía de Cristo en la cruz o las primeras estrofas del texto en latín, es innegable que tras 8 siglos de vida, el Stabat Mater sigue dando mucho más de lo que su creador habría imaginado.

Foto tomada de Archivo

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Escucha la programación que Opus 94 ha seleccionado para esta temporada litúrgica

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La poesía de Alphonse de Lamartine en la música

Grandes románticos influenciados

Clodec López-min
por: Clodec López

Aunque la música y la poesía son dos planos distintos de lo artístico, hay instantes que revelan que la música desemboca en la formación de un universo poético… y otras veces la poesía propicia  la creación de una gran obra musical. La disolución de estas artes nos demuestra que tanto la música como la poesía son engranes necesarios para generar otro concepto.

En el plano musical, la poesía ha estado presente desde siempre; representa la musa en la que muchos creadores se han inspirado, muchas veces es fundamental para provocar al ingenio de la composición musical, ya que es en la obra musical; donde la lírica recobra mayor importancia.

Alphonse de Lamartine fue uno de los más notables escritores románticos franceses del siglo XIX. De de Lamartine se destaca su intensa labor política, especialmente en el advenimiento y proclamación de la 2ª República francesa. Su ideario político lo lleva a convertirse en la cabeza visible de los revolucionarios en 1848.

Su primer trabajo poético data de 1820 y nace de una relación amorosa con una joven casada y enferma de tuberculosis que muere un año después de conocerse. Este hecho lo marcó profundamente y de Lamartine desemboca su dolor en un libro de poesía lírica llamado “Meditaciones poéticas”, cuyo éxito inmediato lo convirtió en un poeta famoso.

En el prefacio de su libro escribe: “… Esto no era un arte, era un alivio de mi propio corazón que sacudió sus propios sollozos”.

Más adelante, de Lamartine define la poesía como «la encarnación que tiene el hombre de lo más íntimo en su corazón, y de lo más divino en su pensamiento».

De Lamartine destacó como hombre de letras por la musicalidad de sus versos y sus excepcionales representaciones de la naturaleza; por su poesía elegante y refinada en sus brillantes descripciones. De su abundante producción poética, con frecuencia nacidas meramente de circunstancias, inspiró a célebres músicos compositores románticos de la talla de Franz Liszt, Georges Bizet, Édouard Lalo, Héctor Berlioz y Charles Gounod.

Les Preludes es el más conocido y famoso de los poemas sinfónicos del compositor húngaro Franz Liszt. Fue concebido en 1848 como una obertura de una obra coral titulada Los Cuatro Elementos, basada en un texto de Joseph Autran. 6 años después fue estrenada con el título actual Les Preludes, que deriva de la segunda meditación del poeta Alphonse de Lamartine. Liszt no intentó interpretar las imágenes del texto literario, sino crear un poema musical paralelo.

En la partitura de Les Preludes, aparece una nota escrita por el propio Liszt indicando que su obra debe considerarse una representación musical del poema de Alphonse de Lamartine: «¿Qué es nuestra vida sino una serie de preludios a una canción desconocida, de la cual la primera nota solemne es la que hace sonar la muerte?”.

El amor, la melancolía, la naturaleza y la fe, son temas de la poesía de Alphonse de Lamartine que incorporó también el compositor francés Georges Bizet, en su legado musical.

Bizet fue un pianista virtuoso, tal vez esta sea la razón por la que sus composiciones orquestales y para teclado fueron ignoradas en su gran mayoría; tuvo que ganarse la vida realizando arreglos y transcripciones de la música de otros.

En mayo de 1861, Bizet ofreció una inusual demostración de su virtuosismo al piano en una cena en la que Franz Liszt estaba entre los presentes, tal fue el asombró de todos, cuando tocó a primera vista, de manera impecable, una de las piezas más difíciles de Liszt.  El maestro comentó al respecto:” pensé que sólo había dos hombres capaces de superar tal dificultad […] hay tres, y […] el más joven es tal vez el más audaz y más brillante”, refiriéndose al joven Bizet de 22 años.

En 1871 Bizet compuso la música para un poema de Alphonse de Lamartine, “Canto de Amor” para piano y voz; que en tiempos recientes ha dejado impronta la extraordinaria versión de Cecilia Bartoli.

El compositor Édouard Lalo también se inspiró del recóndito sufrimiento de Alphonse de Lamartine y retoma sus textos para crear algunos lieder en 1879. Así mismo Héctor Berlioz y Charles Gounod influenciados por las revelaciones del alma de de Lamartine en su romanticismo lírico, escriben música en su honor.

 Se dice que Berlioz había sido un romántico innato, que experimentaba intensas emociones desde la más tierna infancia. Creó un amplio bagaje musical relacionado con algunas formas poéticas.

Charles Gounod fue un músico francés, considerado el más importante del siglo XIX. De su vasta obra musical, obtuvo gran reconocimiento por su ópera Fausto y por su versión del Ave María, basada en la música del primer preludio del Clave bien temperado de Johann Sebastian Bach. La pieza consiste en una melodía del compositor romántico francés, especialmente diseñada para ser superpuesta sobre el Preludio n.º 1 en do mayor, BWV 846, del Libro de El clave bien temperado, de Johann Sebastian Bach escrito 137 años antes.

En 1853, Gounod también realizó un arreglo para violín o violonchelo con piano y Armonio, incorporándole la letra del poema de Alphonse de Lamartine titulado “El libro de la vida”.

Alphonse de Lamartine, el poeta más verdadero del periodo romántico atrapa con su lirismo a grandes músicos franceses que se miran reflejados en su propia obra musical.

Foto tomada de Archivo

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Si quieres conocer más de la interesante vida política y obra lírica de Alphonse de Lamartine y su influencia en la música romántica del siglo XIX, escucha la programación de Opus 94.

Aquí tienes algunos enlaces para introducirte en su maravilloso mundo sonoro.

 

Nadia Boulanger y Astor Piazzolla

Talentos encontrados

Clodec López-min
por: Clodec López

Nadia Boulanger fue la más distinguida profesora de música del siglo XIX. Nació en París Francia en 1887 en el seno de una familia con bases musicales que influyeron en su educación desde muy pequeña: su abuela, Julliette Boulanger, cantante, su padre Ernest, compositor de óperas cómicas y profesor de canto en el Conservatorio Nacional de París y su madre Raïssa Mychetski, cantante de origen ruso.

Además, la casa de los Boulangers era frecuentada por músicos de la talla de  Charles Gounod, Jules Massenet, Camille Saint-Saens o William Bouwens, celebridades de la época que marcarían  para siempre la formación de Nadia y su hermana Lilli Boulanger. Más tarde, Nadia obtuvo un excelente expediente como alumna del Conservatorio siendo pupila de Gabriel Fauré, compañera de estudios de Ravel, amiga de Paul Valéry, Manuel de Falla y Stravinski, estas influencias se evidenciaron en el transcurso de la excelente vida profesional de Nadia.

Nadia Boulanger compuso importantes obras marcadas por el sufrimiento de la muerte de su hermana Lili, pero también en memoria a ella; se alejó de la creación para dedicarse totalmente a la enseñanza y a la dirección de orquesta. “Jamás llegaría a ser genial compositora”, se juzgó así misma. Así que Nadia volcó toda su sabiduría para ser la pedagoga musical más importante del mundo, encontrando en cada uno de los cientos de  estudiantes que tuvo a su cargo,  una manera singular de alentarlos y guiarlos para encontrar su propio estilo,  aún si ellos no eran conscientes de su  gran  potencial musical.

Así sucedió con el bandoneonista y compositor argentino Astor Piazzolla, quien se inició en la música conociendo la obra de Bach y Gershwin en Nueva York, donde vivió prácticamente toda su adolescencia.

En la década los 40s, Astor y su familia regresan a Mar del plata, Argentina, su ciudad natal. Ya ahí decide explorar el tango mudándose a Buenos Aires para tocar el bandoneón y ocasionalmente el piano en la mejor orquesta de tango del momento: la orquesta Típica de Aníbal Troilo.  A la par de tocar con esta orquesta, Piazzolla toma clases de piano con Alberto Ginastera para perfeccionar sus estudios en composición.

Piazzola fue un músico inquieto, le gustaba innovar, hacía arreglos,  improvisaba, y escribía versiones distintas a los tangos tradicionales. A decir verdad, a Piazzola no le gustaba el tango porque le parecía monótono, aburrido y triste;  él “quería estar alegre y disfrutar el momento de tocar»;  pero con la orquesta típica, jamás disfrutó los tangos que interpretaba.

Así que impulsado por sus inquietudes musicales y el disgusto que le provocaba tan sólo interpretar, comenzó a escribir sus propias obras; cada vez más alejadas del conocido tango de Buenos Aires. Dijo al respecto: “Yo escribía solamente música, pero a la gente no le gustaba y cada día tenía menos trabajo y menos dinero”.

En la búsqueda de un estilo diferente, Piazzola profundizó sus estudios musicales y dejó a un lado su bandoneón para acercarse al jazz. En 1946 compuso El desbande, considerado por él mismo su primer tango; con una estructura formal diferente.

Piazzolla comenzó a escribir  definiendo su propio estilo;  era música distinta al Tango del momento. Escribió también piezas de música culta como la Rapsodia Porteña de 1951 y Buenos Aires, tres movimientos sinfónicos de 1953. Estos movimientos sinfónicos le dieron el triunfo de un concurso organizado por el director de orquesta ruso-americano Fabien Sevitzky. El premio consistió en que el gobierno francés le otorgara una beca para formalizar sus estudios en París, nada menos que con Nadia Boulanger, la mejor maestra de maestros.

Piazzola dice al respecto: “Nadia Boulanger fue mi  Dios, mi segunda madre… Era la mejor maestra de música del mundo… Me sentó al piano y me dijo ‘toca un tango’… Vestida de negro, recargada con su mano derecha al piano y la izquierda a la cintura, me escuchó fijamente y me dijo: Astor, sus obras eruditas están bien escritas, pero aquí está el verdadero Piazzolla, no lo abandone nunca”.

Fue a partir de ese momento que Astor Piazzola comienza a creer en sí mismo, Nadia Boulanger le había ayudado a encontrar su propio lenguaje musical, ese que hoy en día lo distingue de todo el Tango.

Las clases tomadas con Boulanger fueron decisivas en la evolución musical de Astor Piazzola y marcaron para siempre al tango argentino. Piazzolla pasó de negar el tango y alejarse del bandoneón a ser el músico tanguero más reconocido a nivel mundial gracias a sus aportes que revolucionaron la música porteña. Pero sin Nadia Boulanger, Astor Piazzola hubiera sido otro, quizá ninguno.

Foto tomada de Archivo

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Si quieres conocer más de la interesante vida y obra de Astor Piazzolla y su bandoneón, escucha la programación de Opus 94.

De cualquier forma, aquí te dejamos unas referencias sonoras-visuales:

Elisabeth Claude Jacquet de la Guerre.

La primera música dentro de Versalles.

Clodec López-min
por: Clodec López

Luis XIV, el Rey Sol, a decir de unos, fue un monarca generoso, culto y de buen gusto, a decir de otros, un gran manipulador.

Donde la crítica concuerda es que lo mejor que pudo hacer durante su reinado fue rodearse de las mentes más brillantes de la época y de los músicos más talentosos del momento, siendo Jean-Baptiste Lully su favorito.

Entre las decenas de virtuosos que había en Versalles como parte de la corte de Luis XIV, había una mujer, la única en este imperio de hombres: Elisabeth Jacquet de La Guerre. Este hecho no fue una serendipia, ella fue una niña prodigio que tuvo la fortuna de haber nacido en el seno de una familia de gran trayectoria musical. Así que su padre, un respetado organista de la época, no perdió oportunidad de presentar a su “pequeña maravilla” ante Luis XIV, quien sorprendido del gran talento natural de la pequeña clavecinista no dudó en invitarla a su palacio real y convertirla en una música más a su servicio.

Ya siendo adolescente, Elisabeth Jacquet de La Guerre gozó del privilegio que le ofreció la realeza para su formación y aprendizaje. Entró al palacio de Versalles bajo la tutela de la bella e inteligente marquesa, Madame de Montespan, examante del rey; ella acogería a Elisabeth como su propia hija, brindándole una distinguida educación, propia de la sociedad francesa y de la realeza de Versalles.

Elisabeth Jacquet no sólo impresionó tocando magistralmente el clavecín, también comenzó a escribir obras dramáticas que se representaban en la corte y en los aposentos de Madame de Montespan a manera de pequeñas óperas. Estas obras fueron aclamadas por todos los maestros de su tiempo, incluyendo al propio Jean- Baptiste Lully.

Con casi 20 años Elisabeth Jacquet de la Guerre abandonó la corte de Versalles y a Madame de Montespan para unirse en matrimonio con Marin de la Guerre; un consumado clavecinista, organista, profesor de música y compositor parisino que supo asimilar el virtuosismo de su esposa y la apoyó para continuar con su carrera artística. Músicos y eruditos de todo el mundo viajaban a París para escuchar las improvisaciones magistrales de la virtuosa clavecinista y conocer sus propios trabajos.

Desafortunadamente la muerte de sus padres, de su marido, de uno de sus hermanos e incluso de su hijo de 10 años, provocaron que la compositora dejara de escribir durante largo tiempo.

Elisabeth Jacquet regresó a la composición con una colección de danzas de tradición francesa escritas para clavecín que datan de 1707 y seis Sonatas para violín y clavecín.

En 1687 vio publicadas por primera vez, una serie de obras de su autoría, se trató del Primer libro de piezas para clavecín que contiene cuatro suites dedicadas a su mecenas y que fue una de las pocas publicaciones para clavecín en la Francia del siglo XVII.  Después de la muerte de la compositora, no se supo más de este original trabajo hasta que fue encontrado casi tres siglos después, en 1970.

A lo largo de su vida, Elisabeth Jacquet de la Guerre escribió para diversos géneros: música de ballet, óperas -en este género fue la primera mujer en componer una ópera en Francia-, cantatas francesas, una magnífica serie de melodías que datan de 1715 que incluyen pasajes bíblicos y cantatas profanas. Todo esto mereció que Elisabeth Jacquet fuera la primera música a quien sus contemporáneos le reconocieron sus talentos musicales en vida.

A la muerte de Luis XIV en 1715, la compositora francesa sumergió su creatividad compositiva en un profundo silencio. Dos años más tarde se retiró de la vida pública. Murió el 27 de junio de 1729 dejando un legado musical que muestra su grandioso talento innato.

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Si quieres conocer más de la interesante vida y obra de la clavecinista Elisabeth Jacquet de la Guerre, escucha la programación de Opus 94, pero si te quieres acercar pronto a su mundo sonoro, aquí te dejamos unas referencias sonoras-visuales:

 

Video 1

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Video 3

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Du Pre y Barenboim

Una pasión más allá del piano y el violonchelo

Clodec López-min
por: Clodec López

Una legendaria pareja en el mundo de la música clásica es sin duda la que conformaron Jacqueline du Pré y Daniel Barenboim, cellista y pianista, respectivamente. Esta es parte de su historia.

Desde muy temprana edad Jacqueline Du Pre tuvo una dedicación absoluta al violonchelo. Siendo una niña prodigio, pronto superó toda dificultad técnica que se le presentó; se decía, incluso, que podía realizar todo lo que se podía realizar con el cello. Jacky, como era llamada por sus incondicionales seguidores, se adentró a la profundidad sonora de cada rincón de su instrumento con impaciente alegría, lo tocaba de manera única, moviéndose sin prejuicio alguno, impregnada de carisma.

Jacky comenzó a grabar para la disquera EMI en 1962, cuando ya era toda una celebridad (orgullo de sus maestros Casals, Tortelier, Rostropovich…). Por esos años conoció a un joven pianista argentino, Daniel Barenboim, de quien pronto se hizo compañera artística y sentimental inseparable. Para 1967 Jacky y Daniel se unieron en matrimonio. De su relación nacieron miles de anécdotas derivadas de la apasionada relación musical entre ambos, que quedó plasmada en un extenso legado musical para violonchelo y piano, además de en sendas grabaciones que realizaron con grandes amistades como Perlman, Zukerman y Zubin Mehta o el mismo director inglés que lanzó a Jacky a la fama: John Barbirolli.

Jacqueline du Pre y Daniel Barenboim conformaron una pareja única, fructífera musicalmente hablando. La pasión que desbordaban en cada una de sus presentaciones fue más allá de simples miradas de entendimiento, sus emociones hacían vibrar al espectador, ante la entrega total y admirable al piano y el violonchelo de estos artistas en el escenario.

La apasionada historia de estos dos grandes exponentes en la escena musical del siglo 20 no se detuvo aun en la adversidad. En 1971, Jackie, en la cima de su carrera musical, comenzó a perder sensibilidad en sus dedos, evidenciando la falta de precisión y delicadeza que siempre le habían caracterizado. Su lucha incansable contra la esclerosis múltiple no detuvo su amor a la música, siguió enseñando hasta el final de sus días, siempre con su eterna sonrisa. Su esposo Daniel Barenboim declaró tiempo después que solo la música le permitió ayudarle a superar la dolorosa pérdida de Jackie.

Saber más

Si quieres saber más de la música de esta pareja, lo mejor que puedes hacer es sintonizar Opus 94. Pero de regalo te dejamos algunos links para explorar algunas de las reconocidas obras en el apasionante mundo sonoro de Jacqueline Du Pre al cello y su esposo Daniel Barenboim al piano.

Playlist 1 – Apple music  

Playlist 2 – Spotify

https://www.youtube.com/watch?v=OPhkZW_jwc0

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https://www.youtube.com/watch?v=mOLc1VGacq8

https://www.youtube.com/watch?v=ncJ_Gc9RES4

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