Opus 94, 94.5 FM

PLUMAS OPUS 94

Nota

¡Bienvenida Teresita!

Oscar García-min
por:Oscar Edwin García

Ya cruzó la mitad de siglo nuestro gran festival, el Cervantino 51 que nos regaló un platillo musical en verdad relevante. La noche del martes 17 de octubre se presentó en el Teatro Juárez, Teresa Salgueiro, la ex-vocalista de Madredeus, una voz que ya tiene su propio lugar en la historia de la música. 

Y es que la cantante portuguesa fue recibida desde el inicio con un calor recíproco que sólo se da en algunos afortunados conciertos. Fue el caso que desde el inicio se escuchó un grito en el público ¡Bienvenida Teresita! y en respuesta la artista conmovida respondió que ella y todo su equipo estaban felices de volver a México después de ocho años de su última participación en el Cervantino.

Hace unas décadas por supuesto que sabía de Madredeus, no en fanatismo extremo pero ahora con los años de distancia, Teresa como la propia música de la banda, han adquirido su mejor estado de madurez. Los recursos técnicos, el control y la templanza, esa que sólo se adquiere con la experiencia, con el pleno autoconocimiento de las capacidades podían reflejarse en un sencillo gesto que Salgueiro hacía constantemente: su mano izquierda apoyando su pierna y a veces dibujando aves en ese fluir contínuo y prodigioso que tiene su voz. Si bien Teresa no hace bel canto, su maestría le permite interpretar lo mismo un himno del siglo XII que una ranchera de José Alfredo Jiménez, pasando por fado y canciones populares.

El ensamble que acompaña a Teresa Salgueiro es sin duda el mejor lienzo para los paisajes musicales que disfrutamos en una hora y media de concierto. La dotación fue guitarra, contrabajo, acordeón y batería, con especial mención para Ana Albino en la guitarra y Fábio Palma al acordeón. Es una banda joven, talentosa, que le dan un marco perfecto a la voz de Teresa Salgueiro, sin caer en lugares comunes, en ocasiones con entretejidos de melodías virtuosas y acaso pintando esbozos, nunca en un acompañamiento convencional.

En el concierto se incluyó una canción, “El hijo del pueblo”, precisamente del célebre guanajuatense, José Alfredo Jiménez en su aniversario luctuoso 50, donde todo sonó tan nuevo que poco recordamos del acompañamiento tradicional del mariachi, a tal sorpresa llegaron las sonoridades que hubo instantes donde si uno cerraba los ojos, la guitarra podía ser percutiva y asemejar un piano. Un reconocimiento a los arreglistas de la banda que lograron presentarnos de una manera fresca, clásicos como Fina estampa o Gracias a la vida, en una deconstrucción pertinente, digerible.

Un asunto aparte sería platicar de la travesía sonora de apreciar la voz de Teresa Salgueiro a sus 54 años. Conserva la fuerza, timbre y lo ha enriquecido con el control del aire, con un estilo que se va adaptando a los géneros y no al revés, una artista cada vez más completa. Y es que en primera instancia viendo el repertorio, uno pensaría que Teresa se embarca en una aventura conocida, como quien sueña con llegar a Ítaca, pero lo logra, nos deja ver que lo importante es el viaje, ser honesto y darle la vuelta con los mejores argumentos musicales a una serie de historias que nos hablaron de alegría, añoranza, misterio y por supuesto, nostalgia.

La famosa “saudade” se sintió, de una manera literal, en su versión de la canción mixteca. Ese término que no tiene traducción exacta al español apareció en una versión bilingüe de la canción de López Alavéz que sonó como si la escucháramos por vez primera, y con una resolución diferente. Antes, en su primera etapa, podíamos identificar a Salgueiro con todo el contenido emocional implicado como si fuera una drusa notablemente oscura. Ahora, en cambio, es una beta más colorida donde vemos más registros, la tristeza no es tragedia constante, es un efímero paso a la caminata tan singular llamada vida. Teresita nos hizo sonreír porque aquí estamos caminándola, cantándola.

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Foto: FIC 51