17 noviembre 1997
La banda de dance-rock The Prodigy ya se había ganado una reputación por sus canciones y videos controvertidos después del número uno en el Reino Unido en 1996: “Firestarter”. Con “Smack My Bitch Up” los llevó a la estratósfera del escándalo.
Al tomar la frase titular (extraída de “Give The Drummer Some” de los Ultramagnetic MCs) al pie de la letra, algunos pensaron que la canción del teclista Liam Howlett, lanzada el 17 de noviembre de 1997, promovía la violencia contra las mujeres.
El video, inicialmente, parecía confirmarlo. El caso de un maniaco, despiadado y empapado de sudor, dirigido por Jonas Akerlund, comienza con el protagonista –a través de cuyos ojos seguimos la historia- preparándose para salir una noche esnifando cocaína. La cámara lleva entonces al espectador en taxi a un club nocturno. Toma varias bebidas en un bar, manosea a un par de mujeres y se inicia una pelea en la pista de baile antes de que el protagonista destroce la cabina del DJ y vomite en los lavabos, una acción mostrada gráficamente. Más tarde, el protagonista visita un club de striptease, lo abandona con una de las actrices, roba un coche y se lleva a la chica a casa. Después de retozar por la habitación desnudos y con cierta violencia, la stripper se marcha. El protagonista, sentado en la cama se mira en el espejo y nos muestra que todo el tiempo hemos estado siguiendo las andanzas de ¡una mujer rubia!
Este descarnado video con desenlace inesperado ganó dos premios MTV Video Music Awards así como la admiración y la condena a partes iguales.






