François Vatel pasó a la historia no sólo por ser el chef francés más importante de su época y ser el creador de la crema chantilly, sino por la manera en que murió.
Durante el largo reinado -de 72 años- de este monarca glotón, Francia protagonizó importantes cambios gastronómicos y comenzó a ganar fama de la mejor cocina. En ese entonces XVII, agasajar al Rey y exponerse a su aprobación o su repulsión era lo más parecido a jugar con fuego.
François Vatel era un gran cocinero y maestro de ceremonias. Como su fama lo precedía, le encomendaron la misión de dirigir un banquete de tres días que daría el rey sol Luis XIV, en honor de toda la monarquía francesa.
Durante el primer día los más de 2 mil invitados se deleitaron con los platillos del creador de la crema chantilly. Pero al segundo día todo se echó a perder cuando el encargado de llevar el pescado fresco no apareció.
No estaba dispuesto a soportar una humillación pública ante el Rey. El gran François Vatel se sintió pequeño y profundamente decepcionado, traicionado y ridículo. Se había dejado la vida en aquel evento y ahora nada tenía sentido. Nunca antes lo había tenido tan claro y decidió desaparecer en la más absoluta desolación.
Arrastrado por su autoexigencia y la convicción de que había fracasado, subió a su habitación, apoyó su espada contra la puerta y se atravesó el corazón.




