El dolor de la Virgen María en la música

Stabat Mater

Clodec López-min
por: Clodec López

En la historia de la música de concierto, encontramos aquellas obras que fueron escritas expresamente para celebrar alguna ocasión especial o satisfacer los gustos de los mecenas; desde nacimientos, coronaciones, celebraciones litúrgicas, servicios religiosos o hasta para despedir en la muerte algún miembro de la realeza. También existen aquellas que por su sonoridad y contexto, se convirtieron, a través del tiempo, en una gran obra para evocar y recordar eventos y conmemoraciones importantes, sin haber sido escritas para los mismos.

Remontándonos a la Edad Media, los periodos de Cuaresma, la Pasión y la Pascua son fuentes de inspiración para compositores que transmiten la devoción a través de su obra, muchos de ellos escribieron explícitamente para la Semana Santa basándose en los textos del Stabat Mater. De aquí que el Stabat Mater sea música propiamente para la celebración de la Semana Santa; ya que ilustra el dolor de María al contemplar la crucifixión de su hijo Jesús.

Muchos son los autores que se han acercado a este tipo de plegaria. Hoy haremos un breve recorrido por la música que fue premeditada para conmemorar el sacrificio de Jesucristo para el perdón de los pecados de la humanidad; obras maestras escritas por grandes compositores para este tiempo litúrgico, sea o no creyente, tanto de la tradición católica como protestante.

En el Nápoles del siglo XVIII, el viernes Santo estaba reservado para el Stabat Mater, el Réquiem personal de la Virgen María y el dolor por su hijo crucificado.

El Stabat Mater como plegaria, medita sobre la dolorosa pena de María, la madre de Jesús.

El recorrido de esta selección comenzará presentando a uno de los esenciales compositores del renacimiento europeo, sin duda, un músico español de gran importancia: Tomás de Victoria, quien sólo escribió música sacra. Es en 1585 cuando Tomás de Victoria publica en Roma su grandioso oficio de Semana Santa “Officium Hebdomadae Sanctae”, una magna obra calificada por el músico y sacerdote austriaco Franz Xaver Haberl; como la obra maestra del autor.

El sufrimiento de la madre de Jesús en el texto del Stabat Mater que se remonta al Siglo XIII, atrajo también a compositores que van desde Josquin des Prez a Giovanni Pierluigi da Palestrina. El florecimiento llega en el barroco con la obra de Giovanni Pergolesi, una composición que data de 1736.

Pergolesi fue especialmente prolífico en el ámbito de la música sacra, al final de su vida el compositor italiano se dedicó exclusivamente a escribir obras litúrgicas o piadosas. Compuso entonces su magnífico Stabat Mater.

La obra fue escrita por encargo de la fraternidad noble de Nápoles, los Cavalieri della Vergine dei Dolori que habían estado utilizando el Stabat Mater de Alessandro Scarlatti para sus celebraciones del Viernes Santo; pero deseaban una novedad.

Cuando Pergolesi aceptó el encargo, su estado de salud era deplorable, se cree que desde pequeño sufría de espina bífida.

Pergolesi se sirvió del pasaje evangélico de San Juan en el que la Virgen María contempla la agonía de su hijo en la cruz, para crear esta bellísima obra por la que más se le recuerda. Esta partitura está impregnada de dolor, mostrando ternura y un profundo sentimiento con una distinguida maestría propia de Pergolesi.

El Stabat Mater fue compuesto en 1736 mientras Giovanni Battista Pergolesi agonizaba en un convento de Pozzuoli. Murió semanas después de haberla finalizado.

La escena de la Madre de Dios a los pies de la cruz ha sido musicalizada también por el Monje rojo, Antonio Vivaldi, aunque es mayormente conocido por sus cuatro estaciones, Vivaldi escribió su melancólico Stabat Mater basándose sólo en las diez primeras estrofas del texto en latín.

La obra fue compuesta por encargo para la fiesta patronal de la iglesia de Santa María della Pace en Brescia para la Pascua de 1727. Sin duda es uno de los más bellos cantos escritos por Vivaldi.

​Otra gran obra que figura en como uno de los cantos favoritos de dolor para las celebraciones de Semana Santa, es indudablemente, el Stabat Mater de Gioachino Rosisini quien ganó fama por sus óperas y su música profana. Rossini no fue precisamente prolífico en obras religiosas, pero en el verano de 1832 ya había completado la introducción de su Stabat Mater, un encargo asignado por el archidiácono español Manuel Fernández Varela, al parecer para uso personal.

Rossini trabajó en su obra, y para el verano de 1832, ya había completado la introducción, así como algunos números, pero no se sintió capaz de terminar la enmienda por lo que pidió ayuda a su amigo Giovanni Tadolini, compositor boloñés, para que la obra pudiera estrenarse en la iglesia del Convento de San Felipe del Real de Madrid el Viernes Santo de 1833.

Años más tarde Rossini recuperó su Stabat Mater y pudo completarlo. Ya actualizado por Rossini, fue estrenado con gran éxito en París el 7 de enero de 1842. El maestro Rossini no sólo ganó fama con sus óperas bufas; también fue capaz de crear música profunda y trascendente.

 Muy a pesar de que el texto del himno medieval del siglo XIII encierra una profunda carga de dolor y sacrificio emocional (una madre viendo a su hijo clavado en la cruz, sufriendo por la humanidad), lo cierto es que las estrofas del Stabat Mater, han permitido a grandes compositores de distintas épocas, la creación de más de 200 piezas musicales en diversos géneros y estilos. Todas obras de inigualable talento que nos muestran la sensibilidad, la delicadeza y a la vez el contenido dramático que imprime cada uno de los compositores en su maravillosa obra. Basta mencionar otros nombres como: Franz Liszt que en sus últimos años de vida fue profundamente religioso hasta recibir órdenes menores de la iglesia y convertirse en “El abad Liszt”.

Liszt compuso una gran cantidad de música para piano, obras sinfónicas, rapsodias, un réquiem, varias misas y un oratorio. Entre ellos encontramos el oratorio Christus; compuesto entre 1862 y 1866 que contiene no solo un Stabat Mater Dolorosa, sino también un Stabat Mater Speciosa.

El magistral Stabat Mater de Antonin Dvorak nace en 1875, cuando el dolor se apodera del compositor checo debido a la muerte de su recién nacida hija Josefa. En esta ocasión, escribe una versión para cuatro solistas, coro y piano. Casi 2 años después, en 1877 desafortunadamente mueren sus 2 hijos sobrevivientes. Tras su desconsolado momento, Dvorak prosigue ahora con la versión orquestal de la partitura.

Cualquiera que sea el caso por lo que cientos de compositores han retomado la agonía de Cristo en la cruz o las primeras estrofas del texto en latín, es innegable que tras 8 siglos de vida, el Stabat Mater sigue dando mucho más de lo que su creador habría imaginado.

Foto tomada de Archivo

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