El bello caos de Ill Considered
02 de julio de 2024
Por Mariana Pérez
Confieso que los proyectos de libre improvisación y free jazz me ponen nerviosa porque si no es un buen proyecto se corre el riesgo de presenciar un recital que no llega a buen puerto. Como lo hemos mencionado al aire en Horizonte hay jazz que es más fácil de escuchar que otros, géneros que son más afines a nuestra personalidad, sin embargo, también invitamos a abrazar las posibilidades de escuchar música nueva, compleja, aquella que se sale de lo que solemos elegir porque muchas veces nos podemos llevar sorpresas muy gratas. Así que me aventuré a escuchar en la sala Gesú en el marco del Festival de Jazz de Montreal a Ill Considered, un trío inglés que acumula una gran cantidad de críticas positivas. Son nombrados como uno de los proyectos más novedosos de la escena jazzística actual. Su línea principal: la libre interpretación. Incluso si se buscan sus discos en la red lo que se encuentra es una decena de grabaciones hechas en clubes y sólo un par de materiales de estudio: Liminal Space (2023) y Precipice (2024).
Uno de sus integrantes, Idris Rahman comenta: “Tratamos de expresar nuestras emociones tanto como sea posible y hacer que la música resultante sea coherente y catártica para todos los oyentes que deseen unirse a nosotros”.
¿Qué íbamos a escuchar? No estaba muy segura porque el trío no interpreta la música de sus álbumes tal cual, no.
La sala es un escenario muy íntimo, relativamente pequeño que permite vivir la música muy de cerca, detalle importante para la realización de este concierto.
Aparecieron en el escenario los integrantes del trío, el baterista Emre Ramazanoglu, el bajista Liran Donin e Idris en el saxofón para inmediatamente empezar con un recital que nos llevó a experimentar una variedad de emociones que van de la paz y la reflexión profunda a momentos explosivos en los cuales el saxofón parecía que estaba llamando a una tormenta, un sax poderoso, aguerrido, potente. Idris camina por el escenario para encontrar sonoridades que le resultan interesantes: se colocaba en una orilla cercana al público, se ponía en cuclillas, caminaba al otro extremo, se ponía de puntillas, se pasaba al fondo, se colocaba frente al baterista para iniciar una batalla musical, se miraban a los ojos, se reían, se provocaban, después Idris caminaba de nuevo a la orilla del escenario para empaparnos de los sonidos de una música que va desde el jazz contemporáneo a sonidos que me recuerdan al afrobeat, a veces al medio oriente, jazz enredado, divertido, que nos hizo brincar en nuestros asientos en más de una ocasión de la emoción de estar escuchando a tres músicos sensacionales que son un gran equipo. En algún punto del concierto tuve ganas de levantarme para subir al escenario a acomodarle las gafas a Emre quien golpeaba la batería de manera tan contundente que se le desacomodaban al punto de llegarles a la orilla de la nariz amenazando con caerse de su rostro, pero a él no le importaba, seguía con su batalla musical, encorvado, viendo al horizonte, siguiendo el ritmo que Donin e Idrirs le marcaban. Vinieron momentos de suavidad en los que el mismo baterista que casi se caía de su banco ahora acariciaba con las baquetas la tarola acompañando a Idris que empezaba a jugar con el looper que duplicaba su sonido para cerrar el tema poco a poco, permitiéndonos respirar después de vivir una satisfactoria carrera que en varias ocasiones nos robó el aliento.
Idris se dirigió a nosotros sacándonos del hechizo: Esto que acaban de escuchar es totalmente improvisado y está inspirado en su energía. Así que gracias por escuchar y ser un público increíble.
La verdad es que es difícil creer que lo que tocaron era totalmente nuevo porque a pesar de ser una música que recurre a muchos elementos, ambientes, texturas, ritmos y géneros todo es coherente, armonioso, llega a conclusiones emocionantes. Me acuerdo que Richard Bona suele decir que la improvisación en la música en realidad no existe porque al escenario hay que llegar con conocimiento, muchas horas de práctica y ensayos. Ver a Ill Cosidered en vivo hizo que entendiera el concepto. Ellos no podrían crear esos caminos sin tener una idea clara de lo que quieren hacer y sin tener una excelente comunicación (era bellísimo verles sonreír unos con otros, cambiar de idea solo con mirarse, emocionarse con lo que sus compañeros tocaban y hacerse una señal con un leve movimiento de cabeza para ir aterrizando).
En fin, yo les recomiendo que vayan a su habitación, apaguen la luz y escuchen libremente el bello caos de Ill Considered, una de las grandes sorpresas de la edición 44 del Festival Internacional de Jazz de Montreal.







