Qaisimalaurittuq (Wish You Where Here)
Elisapie, la nostálgica presencia inuit en el Festival Internacional de Jazz de Montreal
01 de julio de 2024
Por Mariana Pérez
Las luces se encienden y en el centro del escenario se aprecia una reproducción grande de una grabadora de los años ochenta. Una voz masculina en off anuncia un tema. Entonces una luz roja intensa baña al recinto en el que nos encontramos, el Teatro Maisonneuve. Los primeros acordes que tocan los músicos me parecen familiares. Aparece una imponente mujer con su cabello peinado con dos trenzas francesas y un gran abrigo hecho de tiras de tela que de lejos se aprecian como plumas. Me recuerda las imágenes que hemos visto infinidad de veces en películas en las que hombres pertenecientes a alguno de los pueblos originarios de Norteamérica danzan y cantan mientras balancean sus brazos imitando el aleteo de un ave. Trato de ubicar el tema, la música me la sé pero la letra no la entiendo, no es francés, no es inglés, pero sí es Heart of glass de Blondie. La mujer que interpreta se llama Elisapie y está cantando en su lengua originaria, la de los Inuits: el inuktitut.
Según una nota del diario español El País publicado en el 2021, Canadá cuenta con un poco más de 65, 000 miembros del pueblo inuit, quienes habitan sobre todo, en las provincias de Quebec y Labrador, así como en los Territorios del Noroeste y Nunavut. Caigo en cuenta de que en todos los años que he tenido la oportunidad de cubrir el Festival Internacional de Jazz de Montreal nunca había visto a una intérprete que representara a este importante sector de la población canadiense, razón por la cual me parece relevante la presencia de Elisapie quien es muy respetada en Canadá y no por casualidad ya que además de música fue trabajadora social, integrante del popular dueto Taima; es locutora, actriz, compositora, documentalista, activista y por si fuera poco, su rostro apareció en un timbre postal como un homenaje para “resaltar las contribuciones de líderes modernos de las Primeras Naciones, Inuit y Métis, que han dedicado sus vidas a preservar sus culturas y mejorar la calidad de vida de los pueblos indígenas en Canadá”
Las canciones, cuenta ella al inicio del concierto, no son mías pero sí forman parte de mi historia, de mi familia por lo que me las he apropiado. Cada una de ellas le recuerdan a alguien especial, le sacan lágrimas al escucharlas y a nosotros también cuando las canta. El objetivo al traducirlas a su lengua materna es sanar heridas, pero también construir puentes que unan a su cultura con otras con empatía y familiaridad.
Elisapie canta en su lengua, nos cuenta sus historias en francés y en inglés, las cuales son muy personales como la de la pérdida de su hermano mayor antes de interpretar Dreams (Sinnatuumait) de Fleetwoodmac, el suicidio de su primos a los cuales les dedica “Wish you where here” (Qaisimalaurittuq) de Pink Floyd y I Want to Break Free (Qimatsilunga) de Queen. En las pantallas aparecen imágenes en blanco y negro de hombres y mujeres inuit, vemos un hombre manejando una moto en compañía de una pequeña niña que nos hace pensar que es Elisapie recorriendo el mundo con su hermano.

Me emocionaron particularmente los cantos de garganta y el sonido del poderoso tambor tradicional ejecutados por Sylvia Cloutier cuando interpretaron The unforgiven (Isumagijunnaitaungituq) de Metallica , cantan mirándose directamente a los ojos, sincronizan su voces hasta volverse una sola, manteniendo viva la tradición de un canto que fue acallado por muchos años.
Confieso que no sabía qué esperar del concierto, lo que encontré me conmovió porque a través de una serie de temas muy conocidos pudimos adentrarnos en la historia de un pueblo muy castigado por la colonización que hoy en día lucha por hacerse visible, por recuperar los espacios que le pertenecen, por curar las heridas que han dejado la pobreza, el abandono, la orfandad y la violencia.
El publicó cruzó el puente tendido por ella, escuchó y se conmovió con sus palabras y su canto, la despedimos con una ovación y con ello celebramos la presencia de los pueblos originarios en la edición 44 del Festival Internacional de Montreal.
Fotos: Frédérique Ménard-Aubin







