La marcha que nació de una apuesta
Hay canciones que se escuchan y hay canciones que enaltecen el amor por nuestro país. La Marcha de Zacatecas pertenece a la segunda categoría. Sus primeros compases evocan desfiles, celebraciones, ceremonias y momentos de orgullo nacional. Pero detrás de esa música solemne y poderosa existe una historia mucho más sencilla: la de dos músicos zacatecanos que, una tarde de 1891, decidieron aceptar un reto.
La pieza no nació en un gran conservatorio europeo ni en un palacio. Surgió en Zacatecas, de la inspiración de Genaro Codina, un músico que, con el tiempo, terminaría dejando una de las composiciones más reconocibles del repertorio mexicano.
La historia cuenta que en 1891 varias personas se encontraban reunidas en la casa del compositor Fernando Villalpando, cuando la conversación derivó en un desafío entre él y Genaro Codina. Ambos músicos se retaron para descubrir quién podía componer la mejor marcha militar.
No eran simples rivales musicales. Los unían la amistad y también los lazos familiares: Villalpando estaba casado con una hermana de Codina.
El acuerdo fue claro: cada uno compondría su propia marcha y, posteriormente, ambas serían presentadas ante un jurado. La obra ganadora tendría además el honor de ser interpretada en una serenata dedicada al entonces gobernador de Zacatecas, el general Jesús Aréchiga.
La competencia terminó favoreciendo a Codina y entonces comenzó la parte que convertiría aquella apuesta en historia.
Para cumplir lo acordado, se organizó una serenata en honor del gobernador. La ejecución estuvo a cargo de la Banda del Estado, dirigida por el propio Fernando Villalpando y reforzada por la Banda de Niños del Hospicio.
La obra de Codina causó tal impresión que originalmente recibió el nombre de “Marcha Aréchiga”, en honor al gobernador. Sin embargo, fue el propio Aréchiga quien habría sugerido cambiar su nombre por uno que representara algo mucho más grande: “Marcha de Zacatecas”. Con ese nuevo nombre, la composición comenzó su largo camino hacia la memoria colectiva.
Genaro Codina murió en 1901, sin alcanzar a presenciar la enorme dimensión que adquiriría su creación, pues años después, durante la Revolución Mexicana, la marcha encontró un nuevo escenario. La pieza fue adoptada por la División del Norte de Francisco Villa y comenzó a escucharse en campamentos, cuarteles, plazas y estaciones de tren. Su ritmo marcial, vigoroso y fácilmente reconocible la convirtió en una canción asociada con la fuerza, la celebración y el orgullo.
Así, aquella composición nacida de un reto entre dos músicos dejó de pertenecer únicamente a Zacatecas y poco a poco se convirtió en parte del paisaje sonoro de todo México.
Ha acompañado desfiles, fiestas patrias, ceremonias, actos cívicos y celebraciones populares. Sus primeros acordes son capaces de provocar una reacción inmediata: algo solemne está por comenzar. Y quizá ahí está uno de sus mayores méritos. No necesita explicar su significado. Basta con escucharla.
Lo más sorprendente de esta historia es su punto de partida. Una reunión entre amigos, un reto musical y una marcha compuesta por un músico zacatecano terminaron dando origen a una pieza que, más de un siglo después, continúa siendo motivo de orgullo.






