Gabriela Ortiz, triple premiada en los Premios Grammy

El pasado 2 de febrero se celebró la ceremonia de los Premio Grammy en el Crypto.com Arena de Los Ángeles y la compositora mexicana Gabriela Ortiz hizo historia al alzarse con tres galardones. Su obra Revolución diamantina fue premiada como la Mejor Composición Clásica Contemporánea. La pieza fue estrenada por la Filarmónica de Los Ángeles en 2023 bajo la dirección de Gustavo Dudamel, y grabada en directo en el Walt Disney Concert Hall en 2022. Se trata de un ballet inspirado en la ‘revolución de la purpurina’, que expone las manifestaciones feministas que se desarrollaron en México en el año 2019, en las que las manifestantes lanzaban purpurina rosa a la policía para denunciar la epidemia de violencia contra las mujeres y el aumento de los feminicidios.

El álbum, que lleva por título el nombre de la obra premiada, es el primero que recoge una integral de piezas orquestales de Ortiz y recibió también los galardones de Mejor Compendio Clásico y Mejor Interpretación Orquestal, convirtiéndose en la primera mujer mexicana en obtener este triple reconocimiento. El disco está compuesto por otras dos obras: Altar de cuerda, un concierto para violín escrito para la violinista andaluza María Dueñas e interpretado por ella misma, que forma parte de la serie ‘Altares’ de la compositora y que mezcla la tradición del mundo maya con la modernidad del art decó; y Kauyumari, una pieza que reflexiona sobre la vuelta a los escenarios tras la pandemia de la COVID-19, en palabras de la compositora ‘explorando las interrupciones de la vida, al tiempo que constituye una comprensión y celebración del hecho de que cada una de estas grietas es también un nuevo comienzo’. Con este triple premio, la mexicana se consolida como una de las voces más potentes de la actualidad; recorramos su trayectoria.

Nacida el 20 de diciembre de 1964 en Ciudad de México en el seno de una familia profundamente conectada con la música, los padres de Gabriela Ortiz fueron miembros fundadores del grupo Los Folkloristas, un ensemble muy reconocido en la interpretación de la música tradicional latinoamericana, algo que, sin duda, influiría su estilo musical.

Tuvo la oportunidad de formarse en centros de enorme prestigio tanto en México como en el extranjero. Estudió composición y piano en el Conservatorio Nacional de Música, en la Escuela Nacional de Música y en la Escuela Ollin Yoliztli de su ciudad natal, para después trasladarse a Londres y estudiar en la prestigiosa Guildhall School of Music and Drama, becada por el British Council, y en la City, University of London, donde obtendría un doctorado en composición y música electroacústica. Esta formación de alto nivel, junto con su inmersión en una amplia gama de influencias musicales que abarcan desde la música tradicional mexicana hasta las vanguardias europeas, han sido esenciales para el desarrollo de su estilo personal y distintivo, que integra lenguajes de mundos musicales antagónicos, mezclando elementos de la música folclórica mexicana con técnicas contemporáneas, vanguardistas y elementos multimedia, creando así un lenguaje musical que es al mismo tiempo innovador y profundamente enraizado en su herencia cultural. Su capacidad para crear texturas sofisticadas, junto con complejos entramados rítmicos, son la marca personal de sus creaciones y la clave de su éxito internacional.

Su obra abarca música orquestal, de cámara y solista, aunque también ha escrito para danza, teatro y cine, colaborando activamente con poetas y dramaturgos, y explorando temas complejos, como el racismo, el sexismo, los problemas derivados de la globalización, las migraciones, el desarrollo tecnológico o el cambio climático. La obra de Ortiz ha sido interpretada, y en muchos casos encargada, por algunas de las orquestas más importantes del mundo, como la Filarmónica de Berlín, la Filarmónica de Nueva York, la Filarmónica de Los Ángeles, la Royal Philharmonic de Liverpool o la Sinfónica de la BBC, entre otras. Gustavo Dudamel, que es un firme defensor de la música de Ortiz, ha estrenado siete de sus obras, ha dicho de ella que ‘es una de las compositoras con más talento del mundo, no solo de nuestro continente. Su capacidad para aportar colores, para aportar ritmo y armonías que conectan contigo es algo hermoso, algo único’. Entre las obras que el director venezolano ha trabajado se encuentran (además de las ya mencionadas) Téenek,que presentó al público alemán con la Filarmónica de Berlín en el año 2023, y el concierto para violonchelo Dzonot, de la mano de la solista Alisa Weilerstein y la Filarmónica de Los Ángeles.

Una de las piezas más emblemáticas de su producción es Altar de muertos, estrenada en 1997. Se trata de una obra orquestal en tres movimientos, homenaje a la tradición mexicana del Día de los Muertos, en la que la autora evoca el sonido de las campanas y los cantos tradicionales, y los utiliza como punto de partida para desarrollar su obra. No podemos dejar de mencionar su ópera Únicamente la verdad, que aborda temas de género, identidad y justicia social, tratando la cuestión del narcotráfico y la migración en el norte de México. Este interés por la temática política se refleja también en el álbum Exilios, compuesto en 2014. Esta obra, escrita para flauta y cuarteto de cuerdas, está dedicada a los republicanos españoles que llegaron a México al final de la Guerra civil española, y está dedicada al flautista mexicano Alejandro Escuer.

Los recientemente obtenidos Premios Grammy no son sino la punta del iceberg de su carrera, pues la creadora tiene en su haber toda una vida de premios y reconocimientos, entre los que se encuentran el Premio Nacional de Ciencias y Artes, otorgado por el gobierno mexicano en el año 2016, la Medalla de Oro de Bellas Artes a la Creación Artística, obtenida en 2022, que es la máxima distinción otorgada por el Instituto Nacional de Bellas Artes de México, uno de los mayores reconocimientos que entrega el gobierno del país. En el mismo año formó parte del proyecto Iniciativa Musical Panamericana como comisaria, puesto en marcha por Dudamel junto con la Filarmónica de Los Ángeles. Además, anteriormente había disfrutado de becas Guggenheim Memorial Foundation y Fulbright-García Robles, además de dos nominaciones a los Grammy previas a las que ganó en la reciente edición.

Aparte de su labor como compositora, Gabriela ha jugado un papel fundamental en la promoción de la educación musical y es profesora titular en la Facultad de Música de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Asimismo, ha sido seleccionada como miembro de la Cátedra de Composición Richard y Barbara Debs del Carnegie Hall en la presente temporada 2024-25.

Estos reconocimientos de Ortiz no son solo un triunfo personal, sino un logro histórico para la música contemporánea y el feminismo. El hecho de que en un entorno tan globalizado como los Grammy se haya premiado una obra inspirada en las manifestaciones feministas es un hito que lanza un mensaje poderoso y valida la importancia de abordar desde el arte temas sociales urgentes, como la violencia de género y las desigualdades sociales.

Es emocionante mirar hacia adelante y pensar en lo que esta autora tiene aún por ofrecernos, pues Gabriela Ortiz no solo ha hecho historia, sino que está escribiendo el futuro de la música.

La primera mujer músico de la Filarmónica de Nueva York “dijo no” en principio a la película ganadora del Oscar sobre su vida

Orin O’Brien fue contratada bajo la batuta de Leonard Bernstein como la primera mujer en tocar a tiempo completo en la Filarmónica de Nueva York. Su historia ahora ha sido contada en un documental ganador del Oscar.

La contrabajista Orin O’Brien es el protagonista de un nuevo documental, The Only Girl in the Orchestra , que ganó el premio al Mejor Cortometraje Documental en los Oscar de 2025. Como la primera mujer en tocar a tiempo completo con la Filarmónica de Nueva York , que seguiría siendo miembro de la reconocida orquesta durante 55 años, Orin trabajó con algunos de los nombres musicales más conocidos del siglo XX, incluidos Leonard Bernstein e Igor Stravinsky .

Pero nunca se sintió cómoda siendo el centro de atención. Cuando su sobrina, la directora Molly O’Brien, la contactó por primera vez para proponerle crear un documental sobre su vida, ella dijo que no.

“Dije que no, porque soy una persona bastante reservada. Toco en público, por supuesto, pero practico en privado”, dijo Orin, que ahora tiene 87 años, a Classic FM. “Como mis padres eran actores, no quería esa vida. No estoy acostumbrado a que me presenten como alguien cuya vida fue interesante”.

Pero como Molly iba a dirigir, aceptó. “Estaba muy reticente… pero es una persona maravillosa”, dijo Orin. “Es mi única pariente viva en este momento y sentí que quería seguirle el juego”.

La única chica de la orquesta ha sido nominada al Oscar al mejor cortometraje documental. “Es un homenaje a ella más que a mí, en lo que a mí respecta”, dijo Orin. “No tiene nada que ver conmigo, yo sólo soy el protagonista de esta pequeña colección de viñetas”.

Orin se unió a la Filarmónica de Nueva York en 1966 y siguió siendo miembro hasta su jubilación en 2021. Antes de su impresionante paso por la orquesta, tocó durante 10 años con el Ballet de la Ciudad de Nueva York desde 1956, cuando George Balanchine era su coreógrafo jefe.

“Y Stravinsky estaba escribiendo para nosotros en ese momento”, recordó Orin. “Yo estaba en la orquesta cuando estrenamos Agon [el ballet de 22 minutos de Stravinsky coreografiado por Balanchine], que era una obra muy difícil en ese momento.

“Él estaba con nosotros en el foso, supervisando lo que hacíamos y haciéndonos preguntas como: ‘¿Es esto posible o debería escribirlo de otra manera?’ Y por supuesto, él nunca escribió de otra manera. Simplemente escribió lo que tenía en mente. Y nosotros tuvimos que lidiar con eso.

“Es muy difícil, porque la obra suena casi como referencias a formas de danza barrocas, pero él escribió en su nuevo estilo de doce tonos. Tenía pequeños detalles complicados, como armónicos muy altos para contrabajos, lo que, en cuerdas de tripa, es muy difícil porque se desafinan constantemente. Había muchas complejidades rítmicas, pero fue maravilloso trabajar con él, sabiendo que estaba allí junto a nosotros.

Cuando se unió a la Filarmónica de Nueva York, Bernstein –hoy conocida como una de las figuras más interesantes y progresistas de la música– era su directora musical. ¿Fue Bernstein parte del cambio que la ayudó a convertirse en miembro de tiempo completo?

“Bueno, en el contrato dice que el director musical tiene la última palabra en cualquier audición [y] puede anular la decisión del comité”, dijo Orin. “Así que definitivamente sé que si no hubiera decidido en ese momento contratar a una mujer, no creo que hubiera sucedido, tal vez por un tiempo más”.

“Creo que el siguiente director musical, Pierre Boulez, era, por supuesto, francés y provenía de un entorno ligeramente diferente, pero era muy progresista en el sentido musical. Y creo que eso no le importaba. Quería buenos músicos, punto. Eso es todo”.

Bernstein fue una figura de enorme importancia en la vida de Orin, sirviendo como inspiración musical durante décadas. Además de toda su labor como director en América y Europa, el maestro dirigió un total de 53 conciertos para jóvenes, así como otros programas de televisión, que exploraron la orquesta y las técnicas de composición de obras maestras musicales.

“Creo que fue el mejor explicador musical que jamás haya existido”, afirmó O’Brien. “Algunas personas lo han llamado el ‘Liszt americano’ porque era pianista, compositor y educador”, afirmó.

“Cuando me uní a la Filarmónica, no tenía televisión porque pensaba que era una pérdida de tiempo. Tenía que practicar, tenía que ir a trabajar”, ​​recuerda. “Entonces me di cuenta de que los Conciertos para Jóvenes se emitían por televisión. Así que me compré un televisor… y los grababa y luego llegaba a casa y veía el concierto.

“Bernstein era una fuerza en la música y era un gran comunicador con el público y los músicos. Y tengo que decir que siempre fue interesante tocar con él. Nunca era aburrido y nunca hacía lo mismo dos veces. Si hacía algo de cierta manera, siempre cambiaba pequeños detalles, así que siempre tenías que estar despierto para captarlo, lo cual era simplemente fascinante.

“Me alegra decir que toqué las nueve sinfonías de Mahler con él. Así que cuando las enseño, enseño la forma en que Bernstein las dirigió. Enseño sus tempos y su fraseo. Recuerdo algunas de las cosas que nos decía para que las tocáramos de cierta manera”.

Orin O’Brien ha pasado toda su vida trabajando en la música, enseñándola, interpretándola y sumergiéndose en ella. ¿Cómo mantiene viva su pasión por ella?

“La música es un bálsamo para el alma”, dijo. “Toqué el piano durante 10 años antes de empezar a tocar el bajo, y disfrutaba tocando porque mis padres se estaban divorciando. La situación familiar estaba llena de corrientes emocionales subyacentes. Para mí, la música era un escape total del mundo real, y simplemente tocaba el piano durante horas todos los días.

“Me proporcionó una enorme salida para mis emociones. Como creo que digo en la película, ‘la música es una forma de organizar tus emociones y expresarlas’. Por supuesto, eso es obvio, pero de hecho, recuerdo que Bernstein, el primer año que estuve en la Filarmónica, le dio un regalo a cada miembro de la orquesta en las vacaciones e hizo una dedicatoria en cada libro para cada músico”.

El regalo fue el primer libro de Bernstein, The Joy of Music (La alegría de la música) . “Recuerdo que una noche me fui a casa y lo leí entero, porque quería devorar todo lo que decía”, dijo Orin.

“Y dijo algo muy revelador y divertido, pero cierto. Dijo: ‘Puedo hacer cosas en el podio que si las hiciera en la Séptima Avenida, me arrestarían’.

“Y eso me gustó, porque así es como me siento. La música te da una forma de expresar esos sentimientos sin herir a nadie, sin dañar el medio ambiente ni nada de eso. Puedes ser tan salvaje y loco como quieras con un acorde, y no hiere los sentimientos de nadie, ni altera la naturaleza ni nada de eso. Simplemente calma tu alma”.

Angelina Jolie consigue una nominación a los Globos de Oro interpretando a Maria Callas en “Maria”

María, el último trabajo del director chileno Pablo Larraín (No, El club, El conde), dedicado a la figura de la legendaria soprano Maria Callas, ha conseguido una únia nominación a los Globos de Oro, gracias a la interpretación de Angelina Jolie dando vida a la cantante.

La cinta, con guon de Steven Knight y en la que también participan Pierfrancesco Favino, Alba Rohrwacher y Haluk Bilginer, se estrenará en cines en nuestro país el próximo 07 de febrero de 2025.

Jolie competirá por la estatuilla en la categoría de Actriz Principal en Drama, junto a Pamela Anderson (The Last Showgirl), Nicole Kidman (Babygirl), Tilda Swinton (La habitación de al lado), Fernanda Torres (I’m Still Here) y Kate Winslet (Lee).

Nace el Concurso Internacional de Violín Ciudad de Bogotá, con una bolsa de premios de 70.000 dólares

La Alcaldía Mayor de Bogotá, la Orquesta Filarmónica de Bogotá y el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo impulsan la creación del Concurso Internacional de Violín Ciudad de Bogotá. Esta innovadora iniciativa, dirigida a violinistas de hasta 30 años y de todas las nacionalidades, busca posicionar a la capital colombiana como un referente en la música clásica en Latinoamérica y fortalecer el ecosistema sinfónico de la ciudad.

El concurso cuenta con una bolsa de premios de 70.000 dólares, repartida entre primero y segundo premio (30.000 y 20.000 dólares, respectivamente) y un premio especial a la interpretación de la pieza de encargo (20.000 dólares). El ganador del primer premio recibirá también contratos para actuaciones en escenarios de Bogotá y otras ciudades.

Las solicitudes pueden enviarse hasta el 30 de abril de 2025. Los aspirantes serán seleccionados en tres etapas. La primera de ellas será mediante la presentación de un vídeo subido a YouTube de duración de entre 10 y 15 minutos, en los que se interpretará el repertorio propuesto por la organización (dos movimientos contrastantes de una misma sonata para violín solo de J.S. Bach, así como el primer movimiento de una sonata –o sonatina– de Mozart, Beethoven o Schubert, o un capricho de Paganini, excepto el nº 24).

Entre finales de octubre e inicios de noviembre de 2025, tendrán lugar las fases presenciales de la eliminatoria hasta llegar a la gran final; en esta última etapa, un jurado de prestigio internacional seleccionará al ganador, que ofrecerá un concierto final. Los participantes interpretarán el repertorio de memoria, excepto tres piezas: Pampeana de Ginastera, Sonata nº 2 de Prokofiev y la composicion especialmente hecha para el concurso (todas ellas en primera y segunda ronda presencial), en las que sí podrán usar las partituras.

Otra de las características destacadas del concurso es la apuesta por la música contemporánea local a través del encargo, a la compositora colombiana Carolina Noguera, de una pieza que será interpretada por los 10 participantes en la semifinal.

El Concurso tendrá asimismo una repercusión positiva en más de 30.000 niñas y niños gracias al programa “Vamos a la Filarmónica”, cuya finalidad es promover la pasión por la música clásica entre los jóvenes y elevar el nivel de competencia y apreciación musical en Bogotá.

Con una proyección internacional y una fuerte conexión con la comunidad, el Concurso Internacional de Violín Ciudad de Bogotá 2025 se perfila como uno de los eventos más importantes de la agenda cultural de la ciudad, ofreciendo una plataforma única para el talento emergente y consolidando a Bogotá como Ciudad Creativa de la Música por la UNESCO y como capital de la música clásica en América Latina.

El dúo Kanneh-Mason se vio obligado a cancelar un concierto con entradas agotadas después de que Air Canada les negara el embarque con un violonchelo

Una pieza inédita de Frédéric Chopin, el pianista y compositor más famoso de la historia de Polonia, ha sido identificada en Nueva York. Es la primera pieza de Chopin que se descubre en casi 100 años y ha aparecido en una fecha muy significativa, ya que el pasado 17 de octubre se cumplieron 175 años desde la muerte del virtuoso polaco.

Se trata de un vals escrito en una pequeña hoja de papel de 10×13 cm aproximadamente, que los expertos han fechado a principios de la década de 1830. Así pues, se trata seguramente de una de sus primeras piezas en el exilio: en noviembre de 1830 Polonia se levantó en armas contra el dominio ruso y Chopin tuvo que huir de su tierra, a la que nunca podría regresar.

El manuscrito fue encontrado en 2019 por Robinson McClellan, curador de arte, en la Biblioteca y Museo Morgan de Nueva York. McClellan lo llevó a la Universidad de Pensilvania para que fuese examinado por el profesor Jeffrey Kalberg, experto en la figura del compositor polaco, quien dictaminó que “el análisis extensivo apunta a una alta probabilidad de que se trate de una pieza de Chopin”.

Esta investigación incluyó un análisis por parte de conservadores de papel que descubrieron que el papel y la tinta coinciden con los que Chopin usaba normalmente. “La caligrafía coincide con otros ejemplos de la escritura a mano de Chopin”, afirma la portavoz del equipo de investigación. “La partitura contiene digitaciones y marcas dinámicas, lo que sugiere que Chopin pensó que la pieza podría ser interpretada algún día”.

Lo que resulta extraño, no obstante, es que se trata de una composición muy corta. “Chopin solía escribir en formatos pequeños, pero esta pieza, que dura aproximadamente un minuto, es más corta que cualquier otro vals escrito por él”, afirma McClellan. Cree que el hecho de que el manuscrito sea tan pequeño podría significar que se trataba de un regalo que el destinatario habría guardado en un álbum de autógrafos: Chopin solía regalar pequeñas piezas firmadas, pero este no está firmado, lo cual sugiere que finalmente decidió no regalarlo.

“Este vals recién descubierto amplía nuestra comprensión de Chopin como compositor y abre nuevas preguntas para que los académicos consideren cuándo lo escribió y para quién estaba destinado”, afirma McClellan en el comunicado. La portavoz del museo añade que la obra “ofrece una mirada al proceso creativo de Chopin”, en particular dada su corta duración.

El hecho de que sea un vals también resulta de interés, ya que aunque sus piezas más famosas suelen ser nocturnos, para ganarse la vida en el exilio tuvo que componer y tocar muchos valses, ya que eran el baile de moda en la época. En esta pequeña pieza “podemos ver a Chopin probando cosas que se convertirían en sellos distintivos de su estilo”, según McClellan, destacando el hecho de que el manuscrito habría sido escrito cuando Chopin tenía poco más de 20 años.

Según el museo, desde finales de la década de 1930 no se había descubierto una obra inédita de Chopin. “Escuchar esta obra por primera vez será un momento emocionante para todos los que están en el mundo del piano clásico”.

Descubierto un vals inédito de Chopin: es una de sus primeras piezas en el exilio

Una pieza inédita de Frédéric Chopin, el pianista y compositor más famoso de la historia de Polonia, ha sido identificada en Nueva York. Es la primera pieza de Chopin que se descubre en casi 100 años y ha aparecido en una fecha muy significativa, ya que el pasado 17 de octubre se cumplieron 175 años desde la muerte del virtuoso polaco.

Se trata de un vals escrito en una pequeña hoja de papel de 10×13 cm aproximadamente, que los expertos han fechado a principios de la década de 1830. Así pues, se trata seguramente de una de sus primeras piezas en el exilio: en noviembre de 1830 Polonia se levantó en armas contra el dominio ruso y Chopin tuvo que huir de su tierra, a la que nunca podría regresar.

El manuscrito fue encontrado en 2019 por Robinson McClellan, curador de arte, en la Biblioteca y Museo Morgan de Nueva York. McClellan lo llevó a la Universidad de Pensilvania para que fuese examinado por el profesor Jeffrey Kalberg, experto en la figura del compositor polaco, quien dictaminó que “el análisis extensivo apunta a una alta probabilidad de que se trate de una pieza de Chopin”.

Esta investigación incluyó un análisis por parte de conservadores de papel que descubrieron que el papel y la tinta coinciden con los que Chopin usaba normalmente. “La caligrafía coincide con otros ejemplos de la escritura a mano de Chopin”, afirma la portavoz del equipo de investigación. “La partitura contiene digitaciones y marcas dinámicas, lo que sugiere que Chopin pensó que la pieza podría ser interpretada algún día”.

Lo que resulta extraño, no obstante, es que se trata de una composición muy corta. “Chopin solía escribir en formatos pequeños, pero esta pieza, que dura aproximadamente un minuto, es más corta que cualquier otro vals escrito por él”, afirma McClellan. Cree que el hecho de que el manuscrito sea tan pequeño podría significar que se trataba de un regalo que el destinatario habría guardado en un álbum de autógrafos: Chopin solía regalar pequeñas piezas firmadas, pero este no está firmado, lo cual sugiere que finalmente decidió no regalarlo.

“Este vals recién descubierto amplía nuestra comprensión de Chopin como compositor y abre nuevas preguntas para que los académicos consideren cuándo lo escribió y para quién estaba destinado”, afirma McClellan en el comunicado. La portavoz del museo añade que la obra “ofrece una mirada al proceso creativo de Chopin”, en particular dada su corta duración.

El hecho de que sea un vals también resulta de interés, ya que aunque sus piezas más famosas suelen ser nocturnos, para ganarse la vida en el exilio tuvo que componer y tocar muchos valses, ya que eran el baile de moda en la época. En esta pequeña pieza “podemos ver a Chopin probando cosas que se convertirían en sellos distintivos de su estilo”, según McClellan, destacando el hecho de que el manuscrito habría sido escrito cuando Chopin tenía poco más de 20 años.

Según el museo, desde finales de la década de 1930 no se había descubierto una obra inédita de Chopin. “Escuchar esta obra por primera vez será un momento emocionante para todos los que están en el mundo del piano clásico”.

Joana Mallwitz: “La dirección de orquesta no ha cambiado, lo que ha cambiado es nuestra sociedad”

Aclamada como una de las batutas revelación del último lustro, la directora alemana Joana Mallwitz se ha convertido en la primera mujer y en la persona más joven en ostentar la titularidad de una de las principales formaciones orquestales berlinesas, en concreto la Konzerthaus Orchester de Berlín, de la que es titular desde la temporada 23/24, sucediendo en el cargo a Christoph Eschenbach.

Al hilo de su primera grabación para Deutsche Grammophon con obras de Kurt Weill, precisamente con su orquesta de la capital alemana, conversamos con Joana Mallwitz para conocer más de cerca su periplo profesional hasta la fecha y sus próximos proyectos.

Estrena ahora su vinculación en exclusiva con el célebre sello amarillo, Deutsche Grammophon, con el que es además su primer álbum al frente de la Konzerhausorchester de Berlín, de la que es titular desde la pasada temporada. La pregunta creo que es obvia, ¿por qué Kurt Weill? Es desde luego una opción muy personal para un primer disco.

Descubrí la música de Kurt Weill hace unos pocos años. Por supuesto, conocía sus obras más célebres y difundidas, pero no había reparado en sus sinfonías, que son obras de juventud, bastante tempranas en su trayectoria compositiva y desde luego mucho menos interpretadas. Quise llevar estas sinfonías a la sala de conciertos y de manera natural todo cobró sentido. Me refiero a que era muy lógico interpretar precisamente esas obras en la que era mi primera temporada con la Konzerthausorchester de Berlín, la ciudad donde Kurt Weill escribió esas obras. En concreto, la primera la escribió en Berlín y la segunda la empezó aquí pero la completó en París, en el exilio.

Se trata de álbum muy berlinés, por tanto.

Confío sobre todo en que esta grabación sirva de algún modo para redescubrir esta sinfonías. Ojalá tenga el efecto de que se interpreten más a menudo en nuestras salas de concierto. Me conformaría desde luego con que los músicos y el público se familiarizasen más con estas obras. Y de veras creo que es música de gran calidad, que merece mucho la pena conocer, especialmente la segunda de las sinfonías de Kurt Weill, una obra perfecta, de escritura virtuosa para gran orquesta, divertida de interpretar y con mucha personalidad. Tuve ocasión de dirigirlas también en París, el año pasado, y la acogida tanto por parte de los músicos como por parte del público no pudo ser mejor. Es música inmediata, con la que se conecta muy rápido, y es realmente extraordinario que se interpreten tan poco.

Creo que la 24/25 será ya su segunda temporada como directora musical y artística de la Konzerthausorchester en Berlín. ¿Qué orquesta se encontró a su llegada y cuál es el proyecto que pretende desarrollar con ellos?

Antes de que la Konzerthausorchester de Berlín me escogiera como su directora titular nos habíamos encontrado en un par de proyectos. Hicimos Schubert y Chaikovski y tuve la ocasión de comprobar que es una orquesta que combina dos cualidades que siempre he buscado en una formación. Por un lado es una orquesta tradicional, en el sentido de la vieja escuela de las grandes formaciones centroeuropeas, con un sonido propio, con un ADN reconocible digamos, ligado al gran repertorio. Pero por otro lado es una orquesta muy moderna, en el sentido de su musicalidad, su articulación, su capacidad para tomar riesgos, etc. Y combinar ambas facetas es algo fantástico, creo que es una orquesta ideal para mí. Durante esta primera temporada conectado de manera inmediata y han surgido muchos proyectos fascinantes con ellos a corto, medio y largo plazo.

Berlín es una de las grandes capitales musicales del mundo, con tres teatros de ópera y cinco orquestas de nivel internacional. Imagino que es complicado singularizar un proyecto como el de la Konzerthausorchester, con tantas cosas sucediendo alrededor.

Sí, por un lado es una ciudad en la que enseguida se percibe todo lo que está sucediendo alrededor. Pero creo que es más en un sentido inspirador, como si todos nos inspirásemos de alguna manera en la búsqueda de la excelencia y en el desarrollo de la creatividad. En este sentido nunca he tenido la impresión de que haya una competencia entre nosotros. Y desde luego yo nunca he planteado mi trabajo con la Konzerthausorchester mirando lo que hacen las demás orquestas. Yo tengo claro lo que queremos y tenemos que hacer, y lo cierto es que tenemos un público fantástico que ha agotado las entradas de todos los conciertos durante esta temporada, es algo increíble, precisamente en una ciudad en la que hay tanta oferta.
Antes de llegar a Berlín ostentó posiciones estables en otros lugares, como Erfurt o Núremberg, donde ha sido reconocida como Ehrendirigentin. De hecho, los medios alemanes han comparado su trayectoria con el llamado Ochsentur (“el recorrido de los bueyes”, podríamos traducir) que célebres directores como Karajan hicieron allá por los años 30, cuando no se entendía una gran trayectoria sin empezar desde abajo, en teatros de provincias antes de llegar a grandes posiciones como la que ahora usted ostenta en Berlín. Más allá de la referencia al pasado, ¿hasta qué punto ha sido importante para usted pasar por lugares con un perfil más pequeño y local?

Para mí fue una enorme fortuna empezar a trabajar con una posición estable cuando apenas tenía diecinueve años. Empecé como correpetidora en Heidelberg, donde me tuve que ocupar en apenas unas horas del estreno de una nueva producción de Madama Butterfly, por la cancelación de un colega. Después de esto me ofrecieron allí el cargo de Kapellmeister. Desde muy joven he tenido la oportunidad de conocer el oficio en toda su extensión, dirigiendo muchísimo repertorio. En un teatro pequeño haces de todo: dirigir, ensayar, preparar a los cantantes, asistir a otros maestros… Y esa es la mejor escuela que he podido tener, trabajando con la orquesta muy a menudo y desde muy pronto.

La mejor escuela práctica que uno pueda imaginar.

Sí, porque la dinámica de estos teatros te fuerza a tener una técnica muy resolutiva. En ocasiones tienes que asumir representaciones casi sin ensayos o directamente sin ensayo alguno y todo tiene que funcionar. Allí en Heidelberg dirigí mis primeros Mozart, mis primeros Verdi… y no siempre las condiciones de ensayos eran las ideales, muchas veces había que salir directamente al foso sin haber siquiera ensayado.

Después de esta experiencia tuve un tiempo como freelance y después llegó mi cargo como Generalmusikdirektor en Erfurt y después en Núremberg. Esto me permitió ya otra planificación del trabajo a medio y largo plazo, fue como un paso más adelante. Y de nuevo digo que fui muy afortunada de que así sucediera porque yo no lo había planificado, en ningún caso.

La idea del Ochsentur, de ese recorrido tradicional para los Kapellmeister, era algo que yo no había oído jamás cuando empecé a los diecinueve años. Y sin embargo, mirando hacia atrás, ha terminado sucediendo así (risas).

Por otro lado, el hecho de que empezase a dirigir ópera siendo tan joven es también algo a poner en valor. Me refiero a que la práctica totalidad de los grandes directores del pasado empezaron ahí, en el foso, combinando la ópera con el repertorio sinfónico. Seguramente porque se aprenden habilidades distintas y complementarias.

Así es. Como le decía, la realidad de un teatro es bastante imprevisible, con muchos imprevistos, mucho más dinámica que la de una programación sinfónica al uso en una orquesta, semana tras semana, programa tras programa. Yo tengo la impresión de haber crecido como directora en un teatro de ópera, habiendo hecho y habiendo visto de todo allí. Y la técnica, ya lo mencioné antes, se aprende realmente en la ópera, de una manera mucho más artesanal.

Durante una representación hay mil decisiones que tomar y se tienen que poder comunicar de manera inmediata y ágil, sin hablar, con los gestos adecuados. Por otro lado, la ópera es teatro, es drama, y eso te predispone a entender la música de una manera distinta y muy particular, más expresiva y no solo analítica. A nivel personal adoro la ópera y creo que siempre tiene a buscar el drama que hay en la música, sea sinfónica o teatral.
En términos de repertorio, ¿cuáles diría que son sus intereses en este momento? Hemos empezado esta entrevista comentando su original propuesta de grabar un disco con las sinfonías de Kurt Weill, pero al mismo tiempo lidera una orquesta que ha estado muy asociada a los grandes nombres del sinfonismo centroeuropeo.

Para mí es muy importante dirigir las obras de autores como Mozart o Beethoven muy a menudo, con mi orquesta aquí en Berlín. Los clásicos son la base de todo. Por supuesto también tengo intención de hacer con ellos las sinfonías de Mahler, las de Mendelssohn, las de Brahms, etc. No podría ser de otra manera, esto es parte de nuestro cometido y además una buena parte estas sinfonías tienen un gran significado para mí a nivel personal.

Sin embargo, la idea de escoger a Kurt Weill para nuestro primer disco siguió otra dinámica, ni siquiera fue la primera idea que pusimos sobre la mesa, pero fue tan evidente la fascinación que sentíamos por esas sinfonías, tenía tanto sentido vertebrar en torno a ellas nuestra primera grabación, diría fue algo bastante orgánico y natural.

Tengo previsto visitar el Musikfest de Berlín en septiembre, en concreto para tres días en los que se dan cita, de manera consecutiva, las tres principales batutas de Berlín ahora mismo: usted con la Konzerthausorchester, Kirill Petrenko con los Berliner y Christian Thielemann, que actuará con la Filarmónica de Viena pero que es el nuevo titular de la Staatskapelle. Tengo curiosidad por saber si hay algún tipo de comunicación entre ustedes tres, si hay algo así como un diálogo entre las principales batutas de la ciudad.

Bueno, no diría que haya un diálogo como tal, pero evidentemente nos conocemos y hablamos de vez en cuando. Tengo una gran admiración por Kirill Petrenko, de hecho yo frecuentaba sus ensayos durante el tiempo en el que él fue titular en la Bayerische Staatsoper de Múnich, mientras yo estaba en Erfurt y en Nuremberg.

Y con Christian Thielemann también tengo relación, por supuesto; de hecho nos conocimos por vez primera hace ya bastante tiempo, en Nuremberg, donde él mismo había sido Generalmusikdirektor tiempo atrás, también al comienzo de su carrera. Thielemann me visitó una vez en Nuremberg y recorrimos juntos la ciudad y el teatro, fue entrañable.

Esto es algo fascinante de Berlín, esta concentración de talento y creatividad tan sobresaliente, esta posibilidad inmensa de escuchar y contemplar el arte de otros colegas.

Tiene previsto visitar nuestro país en octubre, para el que será su debut con la Orquesta Nacional de España. Dirigirá de hecho un programa un tanto sui generis, en el que ha puesto en común obras un tanto dispares, como la obertura de Guerra y paz de Prokofiev, el Emperador de Beethoven, la Sinfonía ‘Mathis der Maler’ de Hindemith y La valse de Ravel. Intuyo que hay todo un relato detrás de estas obras, una razón para hilarlas todas ellas en un programa de concierto. De hecho, es un programa muy parecido al que llevará en marzo para su debut con la Filarmónica de Berlín.

Sí, así es. Tengo muchas ganas de que llegue esta cita en Madrid este otoño. Respecto al programa, tenía muy claro que quería interpretar la sinfonía de ‘Mathis der Maler’. Partiendo de ahí, quise encontrar varias obras que planteasen interrogantes acerca de lo que sucede a la gente en tiempos de cambio, en tiempos de guerra, etc. Y también la reflexión sobre cuál es la respuesta de las artes en esos contextos.

Ahí encaja por ejemplo la obertura de Guerra y paz de Prokofiev, una ópera que pude dirigir completa hace unos años en Nuremberg; es una partitura compleja y fascinante, una música genial. La obertura es breve pero es perfecta para situar este programa desde el principio. Tanto el concierto de Beethoven como La Valse de Ravel son dos obras ligadas a momentos de grandes cambios, la Revolución francesa y la época de Napoleón por un lado y la Primera Guerra Mundial por otro. Quizá sea un programa un tanto particular, pero me parece oportuno reivindicar ciertas obras y no caer siempre en la tentación de dirigir las mismas partituras, una y otra vez.

Existe un documental sobre su trayectoria antes de llegar a Berlín. Se titula Monumentum y tengo curiosidad por saber qué es lo que usted quería mostrar exactamente con esta filmación.

Bueno, en realidad yo no quería mostrar nada (risas). Me refiero a que no fue una iniciativa mía. Este documental fue un proyecto interesante que llegó a mí de manos por parte de Günter Atteln, un gran artista. No era la primera propuesta similar que me hacían y yo nunca había querido hacer algo así. Pero con Günter la sensación fue muy distinta, nos conocíamos, le respeto, le admiro y podía confiar ciegamente en él. Si había de hacer un proyecto así, tenía que ser con él. Junto con un pequeño equipo de filmación, Günther Atteln me siguió a todas partes donde yo actuaba durante tres años. Es desde luego su visión sobre mi trabajo y un poco también sobre mi vida. Me pareció interesante poder mostrar, digámoslo así, el lado humano que hay detrás de la fachada más profesional de nuestro oficio.

En conexión con esto, ahora que menciona el oficio, tengo la idea de que la dirección de orquesta ha cambiado de manera sustancial durante los últimos veinte o treinta años. Esto es algo que he comentado en numerosas ocasiones con otros colegas, en otras entrevistas, y casi todos coinciden en que hay más diálogo y menos autoritarismo. Sigue siendo una profesión de liderazgo y tiene que haber una autoridad en el podio, incluso desde un punto de vista técnico e intelectual, pero las formas y modos de hacer las cosas han cambiado mucho. ¿Cuál es su experiencia en este sentido?

Bueno, creo que en esencia la dirección de orquesta no ha cambiado, lo que ha cambiado es nuestra sociedad. Para dirigir una orquesta necesitas la técnica, el conocimiento, la preparación… Esto es lo que te permite hacer música con un grupo humano tan grande como el que representa una orquesta sinfónica. Lo queramos o no, una orquesta es un grupo con una estructura jerárquica muy clara, ya digo, incluso dentro de la propia formación: quién escucha a quién en cada momento, quién lidera en cada ocasión, etc. El director tiene la tarea de ponerlo todo en orden, en común.

Lo que creo que ha cambiado, como le decía, y en el mejor de los sentidos, es nuestra sociedad, el modo en que nos tratamos los unos a los otros, en el ámbito personal y en el ámbito profesional. Queda mucho trabajo por hacer pero creo que estamos en el buen camino, con cada vez más diálogo y cada vez menos autoritarismo en el entorno de la música clásica. Pero como digo, esto no cambia sustancialmente lo que supone dirigir una orquesta; esto es algo que, como oficio, sigue siendo básicamente igual que siempre.

De hecho, no creo que nunca se haya hecho música por imposición. Me refiero a que es imposible, ayer y hoy, hacer música sin tomar en cuenta a los músicos. Evidentemente el director de orquesta tiene una gran responsabilidad al respecto y tiene que estar atento a muchos detalles, grandes y pequeños. Y sobre todo tiene que tener una idea muy clara sobre a dónde quiere conducir un ensayo, un concierto, etc. Y para esto hay que estar muy abierto a lo que sucede en los atriles, es un toma y daca constante, es una comunicación que va en ambas direcciones.

¿Qué proyectos por venir querría destacar?

Esta va a ser mi segunda temporada en Berlín, con la Konzerthausorchester, y estoy realmente emocionada con la idea de proseguir este viaje juntos, tras un primer año realmente excitante. Por supuesto, más allá de Berlín esta temporada tengo importantes debuts en mi agenda, como el que mencionábamos en Madrid, con la Orquesta Nacional de España. Además estaré en el Metropolitan de Nueva York por primera vez, dirigiendo Le nozze di Figaro de Mozart. Y también haré mi debut con los Berliner Philharmoniker, por fin un debut sin salir de casa (risas).

Y con Deutsche Grammophon, ¿hay ya planes para un segundo álbum?

Sí, creo que podemos ya adelantarlo: grabaremos La Creación de Haydn, una obra fascinante y un anhelo personal desde hace mucho tiempo.

Como seguramente habrá visto, hasta ahora he planteado esta entrevista sin hacer referencia a su condición de mujer, porque creo que es la mejor manera de construir un escenario de igualdad entre los directores de orquesta. Y sin embargo, al mismo tiempo creo que su experiencia puede ser un ejemplo para las generaciones más jóvenes. Así pues, ¿desea incluir algún comentario sobre su carrera desde esta perspectiva de género?

Por suerte, en mi caso y en mi carrera, el hecho de ser mujer no ha representado nunca una cuestión como tal, en ningún sentido. Por fortuna he tenido tanto trabajo desde el principio que ni siquiera he tenido tiempo de pensar en ello. Como usted decía, soy una persona que dirige orquestas, independientemente de todo lo demás. Pero evidentemente tampoco puedo ignorar la realidad, en la que sigue habiendo una importante desigualdad de oportunidades. Seguramente en mi posición de liderazgo no he tenido que pasar por ciertas situaciones, pero muchas otras personas sí.

Entiendo además que su experiencia, por una razón generacional, ha sido muy distinta de la de directoras como Simone Young o Marin Alsop, quienes conocieron otra sociedad y otro mundo en este business de la música clásica.

Sí, por supuesto, puedo imaginar las muchas dificultades por las que pudo atravesar en sus inicios alguien como Marin Alsop. Las mujeres de su generación han roto muchas barreras. Lo que quiero decir es que quizá debamos celebrar que las cosas han cambiado ya de tal manera que para alguien como yo ha sido posible dar forma a una carrera como directora de orquesta. Pero cada vida es un mundo y ciertamente la perspectiva laboral para muchas mujeres, dentro y fuera de la música clásica, está todavía muy lejos de ser justa e ideal. Estamos seguramente en la buena dirección, pero muy lejos aún de podernos dar por satisfechos.

Foto: © Simon Pauly | Deutsche Grammophon

La visión de The Guardian sobre las compositoras: una potencia musical olvidada

La historia de las mujeres eclipsadas y dejadas de lado por los hombres en ningún lugar es más desalentadora que en la composición clásica, pero si se invierte esa propuesta, se pueden hacer descubrimientos que refrescan el canon. La historia del “otro Mendelssohn” es un buen ejemplo. Fanny Hensel (su nombre de casada) era la talentosa hermana mayor de Felix Mendelssohn. Aprendió composición junto a su hermano, pero de adulta se vio confinada a organizar y actuar en salones de música dominicales en la casa berlinesa de su adinerada familia de banqueros. Cuando murió, a los 41 años, había compuesto más de 400 piezas. Se sabe que Mendelssohn hizo pasar algunas de sus canciones como propias, como se reveló vergonzosamente durante una canción con una de sus grandes animadoras, la reina Victoria .

Pero la historia rara vez avanza en línea recta. Aunque Mendelssohn impidió que su hermana publicara su música, alegando que “sólo la perturbaría en sus deberes principales de administrar su casa”, apoyó mucho a otra compositora de su círculo, Clara Schumann. Tampoco fue responsable de la atribución errónea de la Sonata de Pascua de Fanny, que –en un ejemplo mucho posterior de presunción patriarcal– se supuso que había sido obra suya cuando el manuscrito fue descubierto en una librería de París en 1970 con el nombre de F. Mendelssohn.

Sólo 40 años después, una joven musicóloga, Angela Mace Christian, reconoció la sonata como una pieza que Fanny había mencionado una vez, compuesta cuando solo tenía 22 años. Mace Christian se encuentra entre un grupo de músicas y académicas que han contribuido decisivamente a rescatar las voces de las mujeres de la oscuridad. Sin embargo, el redescubrimiento no es suficiente en sí mismo. También es necesario proyectarlos con una convicción y un carisma que haga que los escépticos se incorporen y escuchen. Por eso, un nuevo documental, Fanny: The Other Mendelssohn , es muy bienvenido. Está dirigida por la tataranieta del compositor, Sheila Hayman, con Isata Kanneh-Mason, que también ha grabado la música de Clara Schumann , representando a Fanny al piano.

Hay muchos otros campeones similares. Los cantantes renacentistas y barrocos Musica Secreta han profundizado en la herencia musical radical de los conventos italianos, ganándose una lista entre los mejores temas de 2022 del New York Times. Una joven compañía dirigida por mujeres especializada en ópera gótica desenterró el año pasado curiosidades de dos compositoras francesas del siglo XIX, Louise Bertin y Pauline Viardot , ambas estrellas en su época. Las aventuras de Bertin y Viardot en la ópera gótica pueden no ser obras maestras, pero contribuyen a nuestra comprensión de un movimiento multidisciplinario que tiene una enorme influencia en la cultura popular actual.

En 1987, un urbanista jubilado de Sudáfrica enumeró a 5.000 compositoras en una enciclopedia de dos volúmenes que fue un trabajo de amor. Siete años después, el Diccionario de mujeres compositoras de New Grove incluía sólo 875. La brecha es reveladora. “Ya sea en las cortes de Florencia o Versalles, las grandes casas de Berlín o Viena, las concurridas calles de París o Leipzig, o incluso en un tranquilo pueblo inglés, en cada generación las mujeres evadieron, confrontaron e ignoraron las creencias y prácticas que las excluían de el mundo de la composición”, escribió la musicóloga Anna Beer en Sonidos y aires dulces, una excelente historia de ocho de esas mujeres . Muchos más esperan ser redescubiertos. Necesitamos más películas y obras de teatro sobre ellos. Sobre todo, necesitamos más representaciones de su trabajo.

Los músicos clásicos son ‘clónicos’ en estos días, dice Nigel Kennedy

El renombrado violinista aplaude la competencia técnica de los jóvenes intérpretes, aunque considera que los nuevos métodos de enseñanza “apagan el cerebro y el corazón”.

Los jóvenes músicos clásicos que comienzan sus carreras están sacrificando la creatividad y la individualidad y se están convirtiendo en “clonadores”, impulsados ​​por las escuelas de música que enseñan un programa de estudios formulado, según el violinista Nigel Kennedy .

El intérprete de renombre mundial le dijo al Observer que los músicos a menudo carecen de pasión y terminan siendo indistinguibles unos de otros. “Es maravilloso escuchar una interpretación casi perfecta, pero a expensas de una comunicación perfecta”, dijo.

Agregó que las actuaciones de pianistas legendarios como Arthur Rubinstein y Edwin Fischer fueron muy diferentes. “Nadie podría tocar Chopin como Rubinstein, o Bach o Beethoven como Fischer. Hoy en día es mucho más parecido a un clon”.

Kennedy, de 66 años, dijo que las audiencias terminan mirando lo que visten los artistas o si una cuerda se rompe o no en su instrumento, ya que estas, afirma, son las únicas cosas que distinguen a un músico de otro: “Todo lo que la gente recuerda son esas cosas”. , a pesar de que los músicos son técnicamente fenomenales”.

Parte del problema radica en los conservatorios de música que sofocan la creatividad a través de la “enseñanza excesiva” y el “culto a los profesores”, dijo Kennedy. Agregó que los maestros a menudo tomaban el camino más fácil e imponían el mismo enfoque técnico a cada estudiante. “Todos los niños quieren tocar por amor a la música. Pero muy a menudo les sacan eso a golpes y tienen que suscribirse a un plan de estudios formulado. Básicamente es un apagado del cerebro y del corazón”.

Kennedy es el violinista clásico más vendido de todos los tiempos, batiendo récords con su álbum Vivaldi : The Four Seasons , que ha vendido más de 3 millones de copias desde su lanzamiento en 1989. Es conocido por alternar entre estilos musicales , ya sea clásico, jazz o rock. .

Fue un protegido del virtuoso violinista Yehudi Menuhin, quien fomentó tales intereses, habiendo tocado él mismo con el músico indio Ravi Shankar y Stéphane Grappelli , uno de los violinistas de jazz más importantes del mundo.

Cuando se le preguntó acerca de las críticas recientes hechas por el director Sir Simon Rattle sobre los recortes a la música clásica por parte del Consejo de las Artes y la BBC, Kennedy argumentó que el subsidio público debería compartirse más equitativamente con otros tipos de música: “Si las artes clásicas no absorbieran tanto de la financiación del Consejo de las Artes y se sostuvieron por sí mismos, entonces podría haber un poco más para pasar a otras formas de arte que son igualmente válidas y necesarias”.

Y agregó: “¿Cuántas grandes bandas de jazz hay? La música de Duke Ellington o Count Basie es tan buena como la música de Stravinsky o Bartók. Pero, ¿cuántos ves con su propia sala de conciertos? Si alguien tiene una gran banda, como Jools Holland , es muy difícil mantenerlos en marcha y pagar a estos músicos sin el apoyo del Consejo de las Artes para que viajen”.

Kennedy habló antes de las presentaciones en el Reino Unido en las que mostrará sus pasiones musicales: una residencia de otoño en Ronnie Scott’s en Londres con música de Jimi Hendrix, entre otros, y conciertos de Bach en Malvern, Oxford, Saffron Walden y Barbican, Londres.

¡Su Bach ahora! se realizarán conciertos con la Orquesta Filarmónica de Oxford, a cuyos músicos llama “lo mejor de lo mejor”. Hay tanto talento en la orquesta que no tengo que hablar mucho. Solo podemos jugar.

• Nigel Kennedy Spiritual Connections está en Ronnie Scott’s, Londres, del 11 al 14 de octubre. Bach Ahora! está en el Barbican, Londres, del 7 al 14 de noviembre

Anna Netrebko demanda a Peter Gelb y Metropolitan Opera

Anna Netrebko ha presentado una demanda contra Peter Gelb y el Metropolitan Opera.

La soprano alega difamación, incumplimiento de contrato y otras violaciones relacionadas con la decisión de la institución de despedirla tras la invasión rusa a Ucrania.

La demanda se presentó en el Tribunal de Distrito de EE. UU. en Manhattan y pide al menos $ 360,000 en “daños por rendimiento perdido y tarifas de ensayo”. También afirmó que el Met causó a Netrebko “angustia mental severa y angustia emocional” que incluía “depresión, humillación, vergüenza, estrés y ansiedad, y dolor y sufrimiento emocional”.

La demanda también alega el incumplimiento de acuerdos adicionales por 40 funciones de “Tosca” de Puccini y “Pique Dame” de Tchaikovsky durante la temporada 2024-25 y “Manon Lescaut” de Puccini y “Macbeth” de Verdi en 2025-26. Estaba lista para recibir la tarifa máxima del Met de $ 17,000 por actuación.

La demanda también afirma que Netrebko fue discriminada por su origen nacional y Netrebko alega que el Met y Gelb “dañaron la relación de Netrebko entre el público, incluso fomentando protestas contra sus actuaciones” y “la reputación causada por Gelb y el Met ha causado que otros teatros de ópera y eventos culturales instituciones en los Estados Unidos que se abstengan de contratar a Netrebko”.

También dijo que Netrebko se vio obligada a vender su apartamento en la ciudad de Nueva York con pérdidas y agregó que “debido al requisito del Met de que Netrebko emitiera declaraciones públicas oponiéndose a las acciones del gobierno ruso, los políticos rusos han denunciado a Netrebko, las compañías de teatro rusas han cancelado contratos con ella, el público ruso la ha criticado en sus canales de redes sociales y en la prensa rusa, y Netrebko y su familia y amigos en Rusia han sufrido el riesgo de daños, represalias y represalias por parte del gobierno ruso”.

La gerencia de Nertebko agregó: “Desde la invasión rusa de Ucrania, el Met y Peter Gelb han utilizado a Anna Netrebko como chivo expiatorio en su campaña para distanciarse de Rusia y apoyar a Ucrania”.
Netrebko se eliminó de la Ópera Metropolitana el 3 de marzo de 2022 después de que Rusia invadiera Ucrania. Según Gelb, la decisión de la compañía fue el resultado de que Netrebko se negara a denunciar al presidente Vladimir Putin. Luego, la soprano denunció la guerra tres veces (la primera vez el 25 de febrero de 2022 y la tercera un mes después, el 30 de marzo ).

Sin embargo, Gelb continuó atacando a la soprano en numerosas entrevistas, incluida una en abril de 2022 , donde afirmó que “tomó una postura pública durante un período de años. La mayoría de los artistas rusos, incluidos otros cantantes que actúan en el Met, no han asumido ninguna posición política pública”. En junio de 2022, agregó en una entrevista con Van Magazine: “Netrebko es una aliada personal cercana de Putin, tanto en hechos como en mentalidad, lo cual sé por experiencia personal, habiendo hablado con ella y la conozco durante muchos, muchos años”. lo que estaba dispuesto a tolerar parecía ya no tolerable”.

Y en noviembre de 2022, Gelb continuó afirmando: “Creo que la diferencia es que Netrebko ha demostrado durante un período de muchos años que estaba unida política e ideológicamente con Putin y con Gergiev, quien fue su mentor y la descubrió. Ese es un nivel de compromiso diferente al de los cantantes que solo actúan en Rusia. Hemos tenido varios cantantes rusos actuando en el Met esta temporada, pero es muy difícil para ellos llegar hasta aquí”.

Tras la última declaración de Netrebko, en la que dijo: “Condeno expresamente la guerra contra Ucrania y mis pensamientos están con las víctimas de esta guerra y sus familias. Mi posición es clara. No soy miembro de ningún partido político ni estoy aliada con ningún líder de Rusia”, la soprano rusa fue retirada de los teatros rusos y no ha regresado a Rusia. También fue eliminada de muchos contratos, incluidas todas sus actuaciones en la Bayerische Staatsoper.

A principios del año pasado, el Sindicato Estadounidense de Artistas Musicales presentó una queja en nombre de Netrebko y el árbitro Howard C. Edelman dictaminó en febrero que el Met violó el convenio colectivo del sindicato cuando canceló los acuerdos con Netrebko para aparecer en “Don Carlo” y “La Forza del Destino” y “Andrea Chénier” de Giordano. Le otorgó $ 209,103.48 por sus actuaciones perdidas.

Netrebko ha recuperado constantemente muchas actuaciones tras su despido del Met y recientemente inauguró la temporada del centenario del Arena di Verona de Italia. Está programada para presentarse esta temporada en la Staatsoper unter den Linden de Berlín, la Ópera Estatal de Viena, el Teatro alla Scala de Milán y la Ópera de París.