Una orquesta tiene un público selecto: las vacas de un pueblo danés

Por Lisa Abend
Publicado 2 de mayo de 2021. Actualizado 3 de mayo de 2021.
LUND, Dinamarca — Durante una interpretación reciente del “Pezzo capriccioso” de Chaikovski, un puñado de miembros del público se inclinó hacia delante con interés, con los ojos atentos y algunos resoplidos alentadores que se escapaban desde el silencioso parterre. Aunque eran relativamente novatas en la música clásica, parecían estar en sintonía con los ocho violonchelistas en el escenario, pues levantaban la cabeza bruscamente cuando los lánguidos acordes de la pieza daban paso a ataques rápidos del arco.
Al terminar, entre los fervientes aplausos y los gritos de “bravo”, se escuchó un único mugido de agradecimiento.
El domingo, en Lund, un pueblo situado a unos 80 kilómetros al sur de Copenhague, un grupo selecto de violonchelistas ofreció dos conciertos para unas vacas amantes de la música y sus congéneres humanos. Los recitales, que son el pináculo de una colaboración entre dos ganaderos locales, Mogens y Louise Haugaard, y Jacob Shaw, fundador de la cercana Escuela Escandinava de Violonchelo, tenían el propósito de atraer cierta atención hacia la escuela y los músicos jóvenes que viven ahí pero, a juzgar por la respuesta de los asistentes de dos y cuatro patas, también demostró cuán popular puede ser una iniciativa que acerca la vida cultural a las zonas rurales.
Hasta hace unos años, Shaw, de 32 años y nacido en el Reino Unido, había recorrido el mundo como violonchelista solista, incluso se presentó en recintos consagrados como el Carnegie Hall y la Ópera de Cantón. Cuando se mudó a Stevns (el municipio más grande al que pertenece Lund) y abrió la Escuela Escandinava de Violonchelo, pronto descubrió que sus vecinos, los Haugaard, que crían vacas Hereford, también eran amantes de la música clásica. De hecho, Mogens Haugaard, quien también fue alcalde de Stevns, forma parte del consejo de la Orquesta Filarmónica de Copenhague.
Cuando el violonchelista, que había hecho una gira por Japón, le contó al ganadero cómo se criaban las famosas y mimadas vacas Wagyu para producir carne suave, no le costó trabajo convencer a Mogens Haugaard de adoptar un elemento de su crianza para su propio ganado.
Desde noviembre, un estéreo portátil que toca Mozart y otras piezas de música clásica les da una serenata diaria a las vacas en el establo de Haugaard. Aproximadamente una vez a la semana, Shaw y los estudiantes de la residencia acuden para una presentación en vivo.
Aunque no está claro si los nuevos hábitos musicales de las vacas han influido en la calidad de su carne, el granjero señaló que los animales llegan corriendo cada vez que aparecen los músicos y se acercan lo más posible mientras tocan.
“La música clásica es muy buena para los humanos”, afirmó Mogens Haugaard. “Nos ayuda a relajarnos, y las vacas saben si estamos relajados o no. Es lógico que ellas también se sientan bien con la música”.
No obstante, no siempre es buena para las personas que se dedican a ella. Shaw dice que fundó la Escuela Escandinava de Violonchelo para ayudar a los músicos noveles a enfrentar las exigencias menos glamurosas de una carrera profesional en una industria que a veces acaba con los jóvenes artistas, quienes siempre están en la búsqueda del próximo gran éxito.
En una entrevista, comentó que, mientras realizaba giras internacionales como artista independiente, se sintió agotado por la rutina de negociar contratos, promocionarse y viajar de manera incesante. Esa experiencia, sumada a una temporada como profesor en una prestigiosa academia de música de Barcelona, lo hizo darse cuenta de que había un hueco que necesitaba llenar.
“Seguí encontrándome con jóvenes talentos fantásticos a los que simplemente no les daban las herramientas para salir adelante”, dijo Shaw. Es posible que tengan excelentes maestros para trabajar con ellos en la música en sí, pero lo que faltaba era “un poco de ayuda adicional”, dijo, en áreas como reservar conciertos, prepararse para competencias y manejar las redes sociales.
En su concepto original, la Escuela Escandinava de Violonchelo era una organización itinerante, más parecida a un campamento de entrenamiento ambulante que a una academia, pero en 2018, Shaw y su novia, la violinista Karen Johanne Pedersen, compraron una granja en Stevns y la convirtieron en una sede permanente para la escuela. Sus alumnos, que provienen de todo el mundo y tienen en su mayoría entre 17 y 25 años, se quedan en residencias de corta duración para perfeccionar sus habilidades tanto musicales como profesionales, lo cual incluye cómo lograr un equilibrio entre la vida laboral y personal.
La ubicación ayuda a lograrlo. Situada a menos de 800 metros del mar, la escuela también ofrece a los músicos visitantes la oportunidad de colaborar en un huerto, buscar comida en el bosque cercano, pescar para cenar o simplemente relajarse en una zona alejada de la ciudad.
Ese entorno es parte de lo que le atrajo a Johannes Gray, un violonchelista estadounidense de 23 años, que actualmente vive en París y que ganó el prestigioso Premio Internacional Pablo Casals en 2018. En un principio, Gray visitó la Escuela Escandinava de Violonchelo en 2019, y luego regresó para la primera cohorte de la escuela después de la pandemia, atraído tanto por las oportunidades de desarrollo profesional como por las actividades de entretenimiento.
“Jacob me ha estado dando consejos sobre cómo crear un programa y completarlo para hacerlo más interesante”, señaló Gray. “Pero, además, los dos somos muy aficionados a la comida y nos encanta cocinar, así que después de un largo día de ensayos, podemos salir a pescar o planear un gran festín. No todo es música”.
Así como los músicos se benefician del entorno, esta región primordialmente agrícola se beneficia de la pequeña afluencia de artistas internacionales. La escuela recibe algunos apoyos económicos del gobierno y las empresas locales. A cambio, los músicos visitantes (siete han venido para cursar la residencia actual) actúan en escuelas y centros asistenciales de la región… y tocan para las vacas.
Debido a las restricciones impuestas por el coronavirus, los dos conciertos del domingo se celebraron al aire libre, y la asistencia a cada uno de ellos se limitó a 35 personas (en ambas funciones se agotaron las entradas). Entre los asistentes, que tuvieron la oportunidad de probar hamburguesas preparadas por un chef local con la carne del ganado de los Haugaard, se encontraba la ministra de Cultura de Dinamarca, Joy Mogensen, quien señaló que era el primer concierto en vivo al que asistía en seis meses.
“He sido testigo de mucha creatividad estos últimos meses”, dijo en una entrevista. “Pero no es lo mismo hacerlo virtual. Espero que sea una de las lecciones que nos deje el coronavirus, cuánto todos nosotros, incluso las vacas, echamos de menos estar juntos en eventos culturales”.
Las dos especies que acudieron al concierto parecían disfrutarlo. Antes del evento, las vacas estaban dispersas por el campo, comiendo hierba bajo el sol brillante y amamantando a sus terneros recién nacidos, pero cuando los músicos, vestidos de etiqueta, tomaron asiento en el escenario repleto de heno y empezaron a tocar los primeros compases de “Jalousie (Tango tzigane)”, del compositor danés Jacob Gade, las vacas se amontonaron en la valla que las separaba del público humano y se disputaban los lugares.
Después de un programa que incluía un arreglo de “Rapsodia húngara” de Liszt y un bis del “Himno al amor” de Édith Piaf, que complació al público, los músicos quedaron tan encantados con sus oyentes de ganado como con los humanos.
“Es realmente agradable tocar para las vacas”, concluyó Gray. “Lo vimos en los ensayos: de verdad se acercan a ti y tienen sus preferencias. ¿Viste cómo se fueron todas en un momento dado? No son muy fanáticas de Dvorak”.

Niños prodigio, compositores jóvenes

El sábado 1 de mayo, el programa “Notas y Claves” trató sobre los niños prodigio compositores que fallecieron jóvenes (más allá de la fama de Mozart). Los compositores elegidos sobre los que hablamos fueron el español Juan Crisóstomo de Arriaga (1806-1826) y el inglés Thomas Linley el joven (1756-1778).
Las obras transmitidas:
1.- “Let God Arise”, anthem para solistas, coro y orquesta de Thomas Linley el joven, con las sopranos Julia Gooding y Sophie Daneman, el tenor Andrew King, el bajo Andrew Dale Forbes y el contralto Robin Blaze con el coro Holst Singers y la orquesta “The Parley of Instruments” dirigida por Peter Holman.
2.- Obertura Op.20 de Juan Crisóstomo de Arriaga. Interpreta la orquesta “Il Fondamento” dirigida por Paul Dombrecht.
3.- Obertura para noneto en fa menor Op.1, de Juan Crisóstomo de Arriaga. Interpreta la orquesta “Il Fondamento” dirigida por Paul Dombrecht.

A 100 años del estreno de “La Catedral” de Agustín Barrios

Víctor M. Oxley
Escritor e investigador
El diario El País le da un destaque titulando la referencia al concierto de “Brillante Recital de Guitarra”, así como también el diario La Tribuna Popular le dedica espacio con un artículo Barrios en La Lira.
Originalmente fue concebida cercana al año de 1921 en dos secciones, la primera subtitulada “andante religioso” marca compasillo como métrica para los compases. En esta se presenta el motivo de la obra cuya figuración dominante está dada por la corchea con punto y semicorchea seguidas por negra o por blanca para un respiro en la frase. Se la interpreta en tiempo moderato. La segunda sección esta signada por Barrios como “Allegro Solemne” y está mensurada en 6/8. La figuración dominante es la de semicorcheas, en arpegios que le imprimen un motor dinámico en toda su extensión. Agustín Barrios grabó La Catedral en agosto de 1928 para el sello Odeón. Al comparar la grabación de Barrios con los manuscritos disponibles, se puede constatar que algunas notas las omite, agrega otras y algunas notas las cambia. En el Allegro solemne incluso se puede corroborar que hace una omisión significativa de un acorde arpegiado. La primera sección denominada “preludio saudade” por Barrios, compuesta muy posteriormente a las dos secciones originales en el año 1938 en La Habana, esta mensurada en 2/4. El motivo está dado por la negra con puntillo y la corchea.
Siguiendo los cánones de Bach
Esta obra, La Catedral, muy expresiva del genio mangoriano, está construida heurísticamente siguiendo los cánones barrocos propios de Bach, desde sus partitas para violín solo. Entre las partitas de Bach podemos citar su partita nº 1 en Bm. Esta partita en tiempo de Allemande, marca un tiempo moderato y empieza según la escolástica del estilo con una corchea anacrusa seguida por una figuración dominante de corchea con puntillo y semicorchea, que se pueden identificar como constante a pesar de la ornamentación y elaboración progresiva que se le imprimen.
El segundo movimiento de la partita viene dado por un Double, en este, el motivo original de la Allemande se identifica notablemente, pero las ornamentaciones y las elaboraciones en figuración de semicorcheas le imprimen dinamismo vital. Así mismo, Barrios opera en su Catedral, tanto es así que el andante religioso es un Allemande en tiempo moderato y su Allegro Solemne un Double, hechos que pueden constatarse en la partitura.
Fiel al canon barroco, Barrios duplica la figuración del andante en el allegro. En la suite, es habitual que esta esté precedida por un preludio que alternase el carácter y el ritmo de las piezas constituyentes. La práctica barroca las usó con un solo tema, dos o más temas. En el caso de Barrios adopta una fórmula constante que sirve de esquema y deja que la amplificación especialmente en lo que atañe a la armonía, aporte variedad e interés a toda la sección. Es importante señalar que la suite, también denominada según países como sonata, partita etc. se constituye a partir de serie de piezas escritas en una misma tonalidad. La Catedral en sus tres partes se despliega sobre la tonalidad de Si menor. Como podemos constatar La Catedral como pieza tripartita se ajusta perfectamente al molde escolástico del barroco, y de ello podemos afirmar que, de modo intencional, Agustín Barrios le agregó el “preludio saudade” de manera orgánica, pues ella responde a una lógica estructural bien definida y acorde a los usos canónicos del estilo barroco bachiano.
La introducción bien meditada de las obras de Bach –por parte de Barrios– en su repertorio de concierto, práctica que mantendrá a lo largo de toda su carrera hasta su muerte, incluyó las obras que forman parte de las Sonatas y Partitas para violín del genio alemán de Eisenach.
El amigo y consejero musical de Barrios, Eduardo Fabini hizo las gestiones debidas para posibilitar presentaciones de su amigo y discípulo Agustín Barrios en los escenarios más selectos en la República Oriental del Uruguay, así a Barrios se le abrieron las puertas de los enclaves más granados del parnaso musical oriental, el Conservatorio La Lira, lugar en donde estreno su magnánima obra La Catedral como vimos, y en donde Fabini estudio sus primeras lecciones de violín y luego se desempeñara como profesor, y el más grande e importante teatro del Uruguay: El Teatro Solís en Montevideo.
Actuaciones en Europa
Cuando Agustín Barrios fue a Europa con la familia Salomoni, lo hace con la esperanza de darse a conocer como gran músico intérprete y compositor de la guitarra, y siendo así, a instancias de las gestiones y relaciones que Fabini le allanara, se presenta el 7 de noviembre de 1934 en el Real Conservatorio de Música de Bruselas, antigua catedral del arte en donde Fabini recibiera su primeros laureles del arte en 1903, siendo primer premio y medalla de oro como egresado de violín, y luego de composición en 1907.
En su presentación ante lo más selecto de la élite musical europea, Barrios interpreta la Suite completa de la Partita Nº 3 de Johann Sebastian Bach, obra que ya en sus años por el Uruguay bajo la tutela de Fabini había estudiado en profundidad, y siendo obra bien meditada en todos sus detalles, lo hace con una calidad sin igual dejando a los asistentes atónitos por tal proeza virtuosa de interpretación en la guitarra.
La lista de interpretaciones de Bach por parte de Barrios Mangoré, extractadas a partir de programas de concierto conocidos es la siguiente: de la Sonata Nº 1 en sol menor, BWV 1001: Siciliana (en dúo con Eduardo Fabini en un concierto en Minas, Lavalleja en el Uruguay); y Fuga (10 ocasiones); de la Partita Nº 3 en mi mayor, BWV 1006: “Preludio” (14 ocasiones); “Loure” (9 ocasiones), “Gavota en Rondó” (13 ocasiones); “Bourré” (6 ocasiones); de la Partita nº 2 en re menor, BWV 1004: “Allemande” (2 ocasiones); “Courante” (6 ocasiones); y “Sarabanda” (1 ocasión). En referencia a estas obras aún hoy se pueden ver dos manuscritos hechos por puño y letra de Agustín Barrios Mangoré. El Courante de la Partita nº 2 en re menor, BWV 1004 trunca en el compás 24, autografiada en honor a su amigo y mecenas uruguayo Don Martín Borda y Pagola; y Allemande de la misma obra bachiana referenciada, en versión para segunda guitarra en un cuadernillo de lecciones hecha por Mangoré para dar clases en El Salvador.
Las Partitas para violín solo de Bach dieron a Barrios la clave para su técnica de distribución de voces en el diapasón de la guitarra, le aportaron el uso virtuosísimo de la melodía adosada con escalas y arpegios en un rango o ámbito de tesitura jamás soñado en la guitarra hasta entonces, además le enseñaron como conducir las voces armónicas en los enlaces cadenciales –en secuencias al estilo bachiano– aportándole la forma magistral de los enlaces por grado descendente y continuo característicos de su obra madura.

Hoy a 100 años de aquel estreno, acto en el cual se incorpora una obra hoy obligatoria en el repertorio de la guitarra de concierto, podemos concluir con las palabras de John Williams, quien ha dicho de Barrios: “Como un guitarrista/compositor, Barrios es el mejor entre todos, sin importar su escucha. Su música tiene mejores formas, es más poética, ¡es más… todo!”

Los Amigos de Beethoven III

Este sábado 24 de abril a las 17:00 hrs. el programa “Notas y Claves” le presentamos el tercer programa de “Beethoven y sus amigos” con obras de 2 autores que participaron en el estreno de la 7ma. Sinfonía del compositor de Bonn. Estos son Andreas Romberg (1767-1821) y Antonio Salieri (1750-1825).
Las obras transmitidas:
1.- Obertura de la ópera “La Magnanimidad de Escipión” Op.54 de Andreas Romberg, con “Phion, orquesta de Güeldres y Ofráisel” dirigida por Kevin Griffits.
2.- Sinfonía no.1 Op. 6 en mi bemol mayor de Andreas Romberg. Interpreta “Phion, orquesta de Güeldres y Ofráisel” dirigida por Kevin Griffits.
3.- 26 Variaciones sobre el aire de Las Folías de España (1815), de Antonio Salieri con la “Orquesta de la Radiodifusión del Oeste Alemán” dirigida por Reinhard Goebel.

Los Amigos de Beethoven II

Este sábado 17 de abril a las 17:00 hrs. el programa “Notas y Claves”. Le presentamos el segundo programa de “Beethoven y sus amigos” con obras de otros 3 autores que participaron en el estreno de la 7ma. Sinfonía del compositor de Bonn. Estos son Mauro Giuliani (1781-1829), Giacomo Meyerbeer (1791-1864) y Domenico Dragonetti (1763-1846).
Las obras transmitidas:
1.- 6 Variaciones sobre un tema original Op.20 de Mauro Giuliani, con David Starobin en la guitarra clásico-romántica.
2.- Obertura de la música incidental para el drama “Der Struensee” de Giacomo Meyerbeer. Interpreta la Orquesta Filarmónica de la Radio de Hannover dirigida por Michail Jurowski.
3.- Concierto para contrabajo y orquesta en la mayor (orquestado por Gunther Schuller), de Domenico Dragonetti. Con Gary Karr, al contrabajo y la Orquesta Sinfónica de la Radio de Berlín dirigida por Uros Lajovic.

Gustavo Dudamel o cómo trabajar para hacer del mundo un lugar mejor a través de la música

Este tema se ha publicado en el número de Abril de 2021 de Vogue España.

Decía Daniel Barenboim que la vida de un director de orquesta empieza a los cincuenta años. A falta de una década para cumplirlos, Gustavo Dudamel (Barquisimeto, Venezuela, 1981) lleva ya otra al frente de la Filarmónica de Los Ángeles (LA Phil) y puede incluir en su currículum hitos tan diversos como ejercer de embajador de los relojes Rolex desde 2008, servir de inspiración para la serie televisiva Mozart in the jungle (emitida entre 2014 y 2018, narra las aventuras del joven conductor de orquesta Rodrigo de Souza en su aterrizaje en la Filarmónica de Nueva York), dirigir la YOLA (Youth Orchestra Los Angeles) durante el descanso de la Superbowl (2016), convertirse en el director de orquesta más joven de la historia en liderar el televisadísimo concierto de año nuevo de la Filarmónica de Viena (2017), ganar tres premios Grammy (en 2011 y 2019 y 2021, por Ives: Complete Symphonies), recibir la Medalla de Oro al mérito en las Bellas Artes del Ministerio de Cultura y Deporte español (2020) y capitanear la banda sonora del remake de West Side Story que Steven Spielberg tiene pendiente de estreno.

“Comencé a dirigir cuando tenía once años, algo prácticamente inconcebible dentro de los parámetros de lo que es un director de orquesta”, argumenta Dudamel al otro lado del Zoom, desde su casa de Madrid. “Empecé a tener esa experiencia desde niño, y nunca fui forzado a ello (algo que ha sido muy importante en mi educación como músico). Además, tampoco me he considerado un ser especial con un talento único. Todo ha sido el desarrollo de un trabajo, y me enfoqué en disfrutarlo, que para mí es esencial. Ahora, con cuarenta años, miro atrás y me pregunto cómo hice algunas cosas, o celebro lo bien que salieron otras. El año que viene cumpliré tres decenios dirigiendo prácticamente todo el tiempo… muchas veces la gente cree que yo aparecí de la nada en el concurso Mahler [en 2004 se alzó con el galardón para directores de orquesta menores de 35 años más famoso del mundo en su primera edición, y empezaron a lloverle ofertas profesionales a escala global]. No, hay una experiencia previa, hay una educación muy profunda con el maravilloso maestro José Antonio Abreu, está el apoyo de mi familia, mis compañeros… No es que no esté de acuerdo con Barenboim, que también es un padre para mí, pero yo no le pondría edad. Diría que mucho peso de lo que es un director está en la experiencia, y esta se vive en la misma dimensión en la que se vive la vida. No sé, quizá soy un joven viejo director”, concluye.

Durante la conversación, Dudamel hablará en varias ocasiones de su propia infancia para explicar cómo de allí viene todo, hasta la inspiración. Y fue acaso el maestro José Antonio Abreu, fundador del Sistema Nacional de las Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela (conocido popularmente como El Sistema) en 1975, el principal agitador de su conciencia infantil y el que le enseñó, entre otras cosas, que con tesón todo se puede lograr.

Para cuando tenía 16 ya estaba inmerso en giras alrededor del planeta con la Joven Orquesta Simón Bolívar (que, a día de hoy, sigue dirigiendo). Destacaba por su tenacidad, su carisma y su capacidad de trabajo en equipo. “Si percibes realmente al director como un elemento más de la orquesta, se entiende la dimensión verdadera de la labor que tiene. Para mí, eso ha sido fundamental, y me lo inculcó el maestro Abreu. Me siento muy orgulloso de formar parte del Sistema y de poder llevar este mensaje alrededor del mundo”, explica el venezolano. Y advierte: “Pero no soy el único que lo hace.”

Sin embargo, si El Sistema lo conocen todos los melómanos del planeta es gracias a este alumno aventajado que ha hablado de él constantemente y ha impulsado proyectos paralelos inspirados en el mismo para que otros, vengan de donde vengan y vayan a donde vayan, gocen de las mismas oportunidades que él tuvo en su Barquisimeto natal. Por eso, no resulta difícil sospechar que quizá la mayor vocación de Dudamel –incluso por encima de la dirección de orquestas– sea la de concienciar sobre la importancia capital de la música en la educación infantil y juvenil.

Gustavo Dudamel
“Necesitamos crear líderes, eso me parece muy importante. Crear líderes en las comunidades, inspirar, motivar…”, defiende el músico. No son palabras al aire. De hecho, tiene las ideas sólidamente aterrizadas en dos iniciativas concretas: YOLA y la Fundación Dudamel. Creó esta última hace más de un decenio para “promover el acceso a la música como derecho humano y catalizador del aprendizaje, la integración y el cambio social”, explica la actriz María Valverde, esposa del músico y copresidenta de la Fundación, que actualmente tiene girando por España (en colaboración con Fundación La Caixa) Symphony, una experiencia inmersiva de realidad virtual que sumerge a los visitantes en ‘un viaje al corazón de la música’. “No es solo un eslogan”, informa el venezolano. “¡Menuda paradoja! Una tecnología de vanguardia con una música que se ha tocado durante centenares de años.

Pero lo cierto es que te lleva de verdad a lo que es el proceso creativo del arte musical, y está siendo muy bonito ver lo que está provocando en quienes viven la experiencia. Para mí es fundamental que la gente que no ha tenido acceso a la música clásica por la razón que sea, se sienta identificada a través de algo que es justo. Hablamos de hacer justicia al arte, al fin y al cabo, no aislarlo”. Confiesa, además, que durante la parada de Symphony en Madrid la visitó varias veces tan solo para ver las caras de los niños al salir de la ‘caja’ donde se proyectaba.

Yo diría que la Fundación representa lo mejor de Gustavo”, concreta María Valverde. A él, por su parte, se le ilumina la mirada hablando de todos los proyectos educacionales del proyecto que lleva su apellido (“Me da un poco de vergüenza que lleve mi apellido, pero lo asumo como una herramienta que nos puede ayudar a sacar adelante nuevas iniciativas”) y que ha sido apoyada, entre otros, por Rolex, firma relojera de la que el venezolano es embajador desde 2008. “Fueron los primeros que vieron una conexión con nosotros. Ellos, igual que la Fundación Dudamel, llevan años tratando de transmitir el mensaje de que el arte es una herramienta de transformación social, que va más allá de lo artístico. Lo han hecho a través de muchos otros programas, como el de los maestros que trabajan con diferentes discípulos de todas partes. Rolex es realmente una inspiración, y un partner fundamental para nuestra organización”, asegura el músico.

YOLA, también bajo la batuta de Dudamel, fue el requisito que el artista puso para aceptar la invitación formal de dirigir la Filarmónica de Los Ángeles (LA Phil) en 2009. “Conocí a Gustavo en 2005, e inmediatamente supe que si viniera a Los Ángeles revolucionaría la escena musical de la ciudad”, recuerda Chad Smith, CEO de LA Phil. “Y eso es lo que ha hecho desde que se unió a nuestra Filarmónica en 2009. Con su programa YOLA, que lleva la educación de música orquestal a las vidas de miles de niños que de otro modo no tendrían acceso a ella, ha equiparado nuestra labor social con la artística”. Lo cierto es que el venezolano ya sabía desde el principio que iba a aceptar el cargo (“Tenía el sí en la punta de la lengua”, bromea), pero aún así, decidió envidar a grande. “Les dije: ‘Para mí lo más importante es llevar mi raíz fundamental. O sea, no solamente quiero ir a dirigir la orquesta, deseo que la llevemos al corazón de la comunidad, formando una iniciativa inspirada en El Sistema’. Así nació YOLA, un proyecto por el que en su primer año (2007) pasaron 80 alumnos. Ahora son más de 1.300 los que reciben formación anualmente. Una selección de ellos ha actuado en el Walt Disney Concert Hall, el Hollywood Bowl y hasta en el intermedio de la Superbowl en 2016.

“La primera vez que trabajé con Gustavo tenía ocho años, y he tenido el honor y el privilegio de crecer bajo su batuta. Lo más increíble de aprender de él es la pasión que pone y cómo consigue que todo el mundo entienda rápidamente qué ‘imagen’ estamos intentando crear”, rememora Liliana Morales, la alumna de YOLA a la que Dudamel le regaló un violín en junio de 2019 durante la ceremonia para comenzar a construir el nuevo centro Judith and Thomas L. Beckmen de YOLA en Inglewood. El diseño corre a cargo de su amigo, el célebre arquitecto Frank Gehry, que se contagió de la pasión de Gustavo por la educación musical en un viaje que ambos hicieron a Venezuela para conocer El Sistema, y se quedó maravillado. “Como había podido ver de primera mano lo que se podía lograr, cuando desarrolló YOLA en Los Ángeles, me sumé para ayudarle”, interviene el veterano arquitecto, responsable, entre otros, del museo Guggenheim de Bilbao y la Fondation Louis Vuitton parisina. “La primera vez que vi a Gustavo trabajar con estos jóvenes músicos, me eché a llorar. Era riguroso y respetuoso con el trabajo de cada uno, al tiempo que les daba libertad para expresar la alegría que le sobreviene a uno cuando crea música”.

La llegada de Dudamel a Los Ángeles se convirtió en un soplo de aire fresco para el ambiente cultural de la ciudad. Desde que dirige la Filarmónica, esta se ha consolidado entre las orquestas más importantes del mundo, y ha trabajado mano a mano con artistas tan populares como René (también conocido como Residente, de Calle 13), Katy Perry, Chris Martin, Corinne Bailey Rae o Moby. “Creo que LA Phil me ha dado más a mí de lo que yo le he dado a ella. La dirección continuada de una misma orquesta puede acabar limitándose a la rutina de preparar un repertorio y tocarlo en un concierto. Sin embargo, lo que hemos logrado es una conexión humana muy profunda a través de la cual podemos alcanzar cosas maravillosas. No estoy hablando de perfección (si hablamos de ese término, lo cierto es que no existe), sino de cosas que signifiquen algo y sean transformadoras”, explica Dudamel. Y remata: “Lo que nos hemos dado es un jardín maravilloso de posibilidades que hacen que la orquesta Filarmónica de Los Ángeles sea un ejemplo en compromiso social y excelencia. Además, la programación de LA Phil es muy vanguardista, con compositores jóvenes, y queremos seguir por ese camino. La última temporada previa a la pandemia hicimos 50 estrenos, una cantidad gigantesca para cualquier institución artística. Es hora de romper los muros en los que está sumergida la música clásica, que muchas veces es vista por las nuevas generaciones como algo muy lejano”.

Gustavo Dudamel
Su espíritu, fresco e innovador, ha calado en los músicos con los que trabaja. “Tiene una manera muy contagiosa de comunicar el carácter y el estado de ánimo del fraseo antes de que lo toquemos. Sus gestos son muy variados, dependiendo de cómo quiere que comience, evolucione y termine una nota. Es increíble que, además, lo pueda hacer todo sin palabras, aunque las metáforas que evoca en los ensayos son muy divertidas”, confiesa Martin Chalifour, concertino principal de LA Phil desde 1995. “Muchos directores de orquesta pueden hablar y ser inspiradores, pero cuando empieza el concierto y tienen que permanecer en silencio, a menudo el resultado puede alejarse de sus expectativas. Ese no es el caso de Gustavo. Él brilla aún más en las representaciones, porque escucha y se adapta a nosotros tanto como nosotros lo hacemos con él”.

A sus cuarenta años, el talento y el tesón de Dudamel no ha dejado de crecer (quién sabe si las predicciones de Barenboim aún se pueden cumplir). Entre marzo y abril de 2020, se animó a debutar como presentador de radio en el programa At Home with Gustavo, añadiendo una categoría nueva a su currículo. A finales de julio, LA Phil regresó a un Hollywood Bowl vacío de espectadores para arrancar con sus conciertos en streaming SOUND/STAGE. A finales de verano, viajó a Europa. Dirigió la Filarmónica de Viena en Salzburgo para celebrar el centenario de su festival de verano; recaló en Barcelona (a donde regresa en marzo y abril de este año, al Gran Teatre del Liceu, al frente de Otello, de Verdi) y Madrid para reinterpretar la Novena de Beethoven, y las cuatro sinfonías de Schumann con la Orquesta Sinfónica de la Radio de Baviera en Múnich…”Y he dedicado mucho tiempo a estar con mi hijo, mi esposa y la familia. Ha sido un año muy transformador para todos. Y también muy ecléctico”.

De su apretada agenda, incapaz de mermarse totalmente ni siquiera en tiempos de confinamiento, puede desprenderse un último deseo social: ayudar a la gente recobrar el equilibrio emocional. “Va a haber un momento en el que la música y el arte jugarán un rol importantísimo en la recuperación espiritual de las personas. ¿Por qué? Porque la música tiene ese poder transformador. Por eso creo que la cultura no puede ser vista como algo secundario, sino como esencial. Es necesaria, sobre todo para nuestros niños y nuestros jóvenes. Debemos encontrar espacios en los que ellos tengan acceso a la creatividad, donde puedan contemplarla, entenderla, transformarla y entregarla. Son fundamentales.” Una vez más, Dudamel predica con el ejemplo.

Los Amigos de Beethoven I

En esta emisión de “Notas y claves” de Opus 94, presentamos el programa titulado “Los Amigos de Beethoven”. Se trata de obras de 3 compositores que participaron en el estreno de la Séptima Sinfonía de Ludwig van Beethoven (1770-1827), realizado en Viena 8 de diciembre de 1813: Ignaz Moscheles (1794-1870), Louis Spohr (1784-1859) y Johann Nepomuk Hummel (1778-1839).
Las composiciones son las siguientes:
1.- Ignaz Moscheles: Concertante en fa mayor para flauta, oboe y orquesta. Heinz Holliger, oboe; Aurele Nicolet, flauta y la Orquesta Sinfónica de la Radio de Frankfurt dirigida por Eliahu Inbal.
2.- Louis Spohr: Popurrí sobre temas de la ópera “Jessonda” Op. 64 para violín, violonchelo y orquesta. Antje Weithaas, violín; Michael Sanderling, cello y la Filarmonía de Turingia en Gotinga, dirigida por Hermann Breuer.
3.- Johann Nepomuk Hummel: Variaciones para piano y orquesta sobre un tema del singspiel “La Fiesta de los Artesanos” Op.115. Christopher Hinterhuber al piano y La Orquesta Sinfónica de Gavle, Suecia, dirigida por Uwe Grood.

El padre, el padrino y el ahijado

Este sábado 3 de abril a partir de las 17:00 horas, en “Notas y claves” le presentaremos un programa titulado “El padre, el padrino y el ahijado”, con 3 autores del Barroco alemán relacionados entre sí. Johann Sebastian Bach como el padre, Georg Philipp Telemann el compadre de éste y Carl Philipp Emmanuel Bach como el ahijado, y un instrumento que los unificó: la viola da gamba.

Carl Philipp Emmanuel Bach al teclado

Este sábado 27 de marzo a partir de las 17:00 horas, le presentaremos un programa con conciertos para instrumento de teclado y orquesta de Carl Philipp Emmanuel Bach (1714-1788)- Interpretan Miklos Spanyi al teclado y la orquesta Concerto Armonico Budapest, con Martha Abraham, concertino.

La mano izquierda de Bach

El 19 de octubre de 1894, durante las obras de demolición de la Iglesia de San Juan de Leipzig, se realizaron unas excavaciones para encontrar la tumba de Bach. Se sabía que sus restos habían sido sepultados junto al muro sur de esa iglesia, dentro de un ataúd de roble, el 31 de julio de 1750. Pero no se marcó el lugar y, con el tiempo, se perdió su ubicación exacta. Después de tres días de trabajo en condiciones climáticas adversas, los operarios localizaron tres ataúdes de esa madera, todavía poco frecuente en Leipzig. Uno era de una mujer, en otro se encontró a un varón de mediana edad con el cráneo destrozado y, en el tercero, estaba el esqueleto completo de un hombre mayor. El estudio anatómico determinó que este último podría ser el compositor de Eisenach. Pero la incesante lluvia dificultó mucho su extracción, y, al parecer, se perdieron no pocos huesos. En la monografía de Reinhard Ludewig, Johann Sebastian Bach im Spiegel der Medizin (Edition Waechterpappel, 2000), podemos leer todos los detalles.
El estudio del esqueleto de Bach se encargó a Wilhelm His. Este anatomista suizo, que era profesor de anatomía y fisiología en la universidad de Leipzig, lo montó en un tablero y lo fotografió. En 1895 publicó sus conclusiones encaminadas a demostrar la autenticidad de esos huesos y a determinar, además, la fisonomía del rostro de Bach. Era el primer intento de una reconstrucción facial. Para ello, el anatomista combinó el cráneo de Bach con varias mediciones sobre tejidos blandos de cadáveres. También contrató al escultor Carl Ludwig Seffner que realizó un molde en arcilla y bronce del cráneo de Bach. Seffner esculpió un busto de mármol a partir de los estudios de His y los rasgos del famoso retrato pintado por Elias Gottlob Haussmann, en 1746, el único para el que Bach posó. Ese busto se encuentra en el Museo Bach de Leipzig, aunque mucho más conocida es la estatua de bronce que realizó, en 1908, y se ubica frente a la Iglesia de Santo Tomás.
En 2008, los trabajos de His y Steffens sirvieron de punto de partida para una nueva reconstrucción facial en 3D. Un encargo del Museo Bach de Leipzig al Centro de Arte Forense y Médico de la Universidad de Dundee. La responsable del proyecto, Caroline Wilkinson, utilizó el molde de Seffner del cráneo de Bach y también los estudios de tejido de His, junto a una base de datos muscular y otras evidencias, para reconstruir digitalmente la fisonomía del compositor.
Pero volvamos a los huesos de Bach, que regresaron a la tierra, en 1904, aunque esta vez frente al altar de la nueva iglesia de San Juan. No duraron mucho allí. Los graves daños que sufrió ese centro eclesiástico durante la Segunda Guerra Mundial obligaron a su demolición, en 1949. Y los restos de Bach se trasladaron a su actual ubicación, dentro de la Iglesia de Santo Tomás. Durante ese traslado, el cirujano maxilofacial Wolfgang Rosenthal volvió a examinar el esqueleto de Bach y describió un detalle que confirmó, todavía más, su autenticidad. Al parecer, descubrió en los pies espolones calcáneos, la deformación habitual en el tacón de los organistas, conocida en Alemania como “Organistenkrankheit”, aunque no realizó nuevas fotografías y sus conclusiones aparecieron muchos años más tarde, en 1962, dentro de la revista de la Academia alemana de las ciencias naturales Leopoldina.
Los restos óseos de Bach volvieron a ser noticia hace ahora tres años, en relación con su 333 cumpleaños. Andreas Otte, un profesor de tecnología médica de la Universidad de Offenburg, publicó un extenso estudio en dos partes en el Archiv für Kriminologie donde determinó las medidas exactas del compositor, a través de una simulación geométrica y un cálculo matemático basado en la referida fotografía publicada por His, en 1895. Quizá no sorprenda mucho que Bach midiera 167 centímetros de altura, pero sí los 26 centímetros de envergadura que Otte calculó para su mano izquierda. Una extensión con la que podría abarcar fácilmente una duodécima, es decir, doce teclas blancas del teclado de un piano actual.
Otte relaciona esa envergadura con lo indicado por su hijo Carl Philip Emmanuel junto con su discípulo Johann Friedrich Agricola en la necrológica publicada dentro de la Musikalische Bibliothek, de Lorenz Christoph Mizler, en 1754. Allí destacan no sólo que “fue el mayor organista y clavecinista que haya existido”, sino también su capacidad para “ejecutar las mayores dificultades con la ligereza más fluida”. El organista y teórico Johann Nikolaus Forkel aporta más detalles acerca de su forma de tocar, y de sus inmensas manos, a partir de testimonios directos de sus hijos Wilhelm Friedemann y Carl Philipp Emanuel, dentro de su pionera biografía de 1802, Ueber Johann Sebastian Bachs Leben, Kunst und Kunstwerke: “Bach colocaba la mano sobre las teclas de la siguiente manera: los cinco dedos recorvados de tal modo que su extremidad caía perpendicularmente sobre el teclado (…) Los dedos no pueden caer ni ser arrojados sobre las teclas respectivas, según ocurre frecuentemente. Al contrario, están posados sobre la nota, con plena conciencia del poder interno que tienen que desarrollar”.
Pero el testimonio más preciso para apoyar el descubrimiento de Otte sobre la mano de Bach lo leemos dentro de Ideen zu einer Ästhetik der Tonkunst, un tratado de Christian Friedrich Daniel Schubart redactado, entre 1784 y 1785, durante su cautiverio en la fortaleza de Hohenasperg. Este poeta, compositor y organista alemán, que suele citarse en los libros de historia de la música como autor del poema Die Forelle que utilizó Franz Schubert en su popular lied de 1817, fue un activo escritor y polemista. Ejerció contra los jesuitas y denunció las prácticas absolutistas del ducado de Wurtemberg que provocaron su encarcelamiento, en 1777. No fue liberado hasta diez años después, aunque Hölderlin y otros asumieron la leyenda de que fue enterrado vivo, en 1791, y de que su féretro estaba rayado por dentro. Charles Burney conoció a Schubart en Luisburgo y escribe sobre él, dentro de The Present State of Music in Germany, the Netherlands, and United Provinces (1773). El historiador británico, que se entendió con Schubart en latín, afirma que estudió dentro de la escuela de Bach y que es un músico de genio original. “Muchas de sus piezas se han publicado en Holanda y están llenas de gusto y fuego. Toca el clavicordio con gran delicadeza y expresión; sus dedos son brillantes y elegantes”, añade. Pero sus pocas composiciones para teclado conservadas siguen siendo desconocidas, a excepción de sus canciones o el salmo con cuerda y órgano que escribió al final de su vida. Burney reconoce, no obstante, que apenas era valorado musicalmente: “La gente corriente lo considera un loco y el resto lo ignora”.
Su referido tratado Ideas para una estética del arte sonoro tan sólo se publicó póstumamente, en 1806, e incluye un preciso retrato de Bach, “el Orfeo de los alemanes”. Aquí le dedica certeras loas como compositor y teclista: “Fue un genio en grado sumo (…) Tocaba el clavicordio, el fortepiano y el clave con igual genio; y en el órgano ¿quién se le puede comparar?” Pero también escribe sobre su mano izquierda: “Su mano era gigantesca. Pulsaba por ejemplo una duodécima con la mano izquierda y glosaba con los dedos intermedios. Realizaba escalas en el pedalero con la mayor precisión; mezclaba los registros de forma tan imperceptible que el oyente prácticamente sucumbía en el torbellino de sus encantamientos. Su mano era incansable y aguantaba días enteros al órgano. Tocaba el clavicordio con tanta destreza como el órgano y cambió todas las partes del arte de los sonidos con la fuerza de un atlante”. Pueden leer lo que sigue dentro de la excelente traducción de Juan José Carreras de Johann Sebastian Bach: Documentos sobre su vida y su obra (Alianza Música, 2001), una monografía hoy agotada que pide a gritos una reimpresión.
Está claro que los teclados de la época de Bach eran más pequeños que los actuales, pero a las evidencias de Schubart y otros coetáneos se unen ahora a las mediciones de sus huesos realizadas por Otte, en 2018. Quizá ahora se comprendan mejor algunos pasajes de sus fugas y otras composiciones para teclado donde exige extensiones de undécima y duodécima en la mano izquierda. Por cierto: ¡feliz 336 cumpleaños, señor Bach!