A comienzos de la década de 1920, los trenes que cubrían las montañas al oeste de Tokio debían detenerse por una razón inusual: las vías que atravesaban un espeso bosque estaban repletas de enjambres de milpiés. Lo curioso es la puntualidad con la que sucede este fenómeno, siempre se ha presentado en intervalos exactos. Al pasar de los años, decenas de investigadores de talla internacional han estudiado este suceso sin encontrar una explicación científica. Pero, la respuesta estaba justo en sus narices.
Tras cinco décadas de investigación, el biólogo Keiko Nijima del Instituto de Investigación de Silvicultura y Productos Forestales de Tokio, logró concluir que la clave de la invasión de estos animalitos está relacionada con su ciclo de vida.
Y es que se descubrió que estos no tan agradables animales tienen complejo de oso, es decir, duermen durante el invierno para despertar frescos durante el verano. Además, se trata de una especie tímida, que prefiere pasar desapercibida bajo la oscuridad del subsuelo. Pero, al llegar al último año de su vida, le dan vuelo a la hilacha. Los milpiés deciden subir a la superficie, pasean por las vías del tren, para encontrar un ‘ligue’ y después de todo mueren felices después de aparearse. Eso sí, con una gran sonrisa.
Keiko Nijima resolvió el misterio que por más de 100 años tenía en jaque a los japoneses,}. La realidad es que los mil pies, no aparecen de la nada, sino que están durmiendo y despiertan cada 7 años, para aparearse, reproducirse y morir. Lo malo es que se les ocurrió hacerlo en las vías del metro de Tokio.
Este ciclo sin fin se ha venido repitiendo desde 1920 y es por eso qué los mil pies colapsan la red ferroviaria de Japón cada 7 años, impidiendo el paso de los trenes y conformando ríos y ríos de animales que se extienden por varios kilómetros.
¿Se imagina el metro de la CDMX inundado por milpiés?




