Su nombre podría hacernos pensar que siempre encontraremos un mole de color amarillo intenso, pero no necesariamente es así. El amarillito puede adquirir tonos amarillos, naranjas o rojizos. Lo que realmente le da identidad es un ingrediente especial: el chile chilhuacle amarillo, un chile profundamente ligado a la cocina oaxaqueña y fundamental para conseguir el carácter de este mole.
Y aquí comienza la fiesta de sabores. El amarillito reúne chile chilhuacle, chile costeño, jitomate y miltomate, además de clavo, pimienta, comino, ajo y orégano. La manteca aporta ese sabor profundo que caracteriza a muchos guisos tradicionales, mientras que la masa de maíz ayuda a espesar la salsa hasta conseguir una textura que abraza cada ingrediente.
Porque en un buen amarillito, la salsa es la verdadera protagonista. Puede acompañar pollo o carne de cerdo, pero nunca llega sola al plato. Se encuentra con ejotes, chayotes, calabacitas y papas, verduras que se impregnan poco a poco de la salsa y terminan formando parte de ese conjunto de sabores, aromas y texturas que hacen tan reconfortante este platillo.
Prepararlo requiere algo que en estos tiempos parece cada vez más difícil de encontrar: paciencia. Los ingredientes se asan, se muelen y se integran poco a poco. Después viene el fuego, que hace su parte mientras los sabores se mezclan y la salsa adquiere cuerpo. Aquí no hay lugar para las prisas. El amarillito necesita tiempo para convertirse en ese mole espeso y aromático que termina llenando la cocina con su olor.
Y también hay algo muy valioso detrás de cada plato: productos de nuestra tierra. El maíz, los chiles, el jitomate, el miltomate y las verduras forman parte de una milpa que México ha cultivado durante generaciones. Elegir productos locales y nacionales no solamente nos permite comer mejor y conocer nuevos sabores; también significa apoyar a quienes los cultivan, los cosechan y mantienen vivas estas tradiciones.
El amarillito es mucho más que uno de los siete moles de Oaxaca. Es una muestra de cómo nuestra cocina puede tomar ingredientes sencillos y convertirlos en algo extraordinario. Porque conocer México también es sentarnos a disfrutar lo que nuestra tierra produce, descubrir las historias detrás de cada platillo y mantener vivas las tradiciones que nos dan identidad. Nos encontramos en la próxima parada, con más sabores, más historias y más razones para disfrutar de la buena mesa mexicana.


