León se convirtió en la capital del metal en México el pasado fin de semana
Después de más de años por fin se realizó el esperado “Candelabrum Metal Fest”, y hay que decirlo no fue una espera sencilla, muchas incógnitas e incertidumbres se formularon alrededor del evento, aunque con lo sucedido el pasado fin de semana todas esas dudas se disiparon, se olvido de alguna manera el difícil trayecto y su realización da bríos para que la fanaticada metalera mexicana e incluso internacional tenga un nuevo festival de metal cada año.
La sede seleccionada: León, Guanajuato, una peculiar elección pero acertada, pues nunca antes esta ciudad había recibido un festival de corte metalero y para los fans de la zona del bajío, de Guadalajara y Aguascalientes es un punto de llegada accesible con no más de dos horas de viaje. Esta plaza atrajo a mucha gente de esta zona y el espacio e infraestructura que tiene “La Velaria de la Feria” propició un ambiente animado y a la vez pacífico. El acceso fue fluido, la zona de comida y baños estaban muy bien ubicados, se agradece que los sanitarios estuvieran siempre en buenas condiciones, además la sombra que brinda la Velaria es un factor importante pues en ocasiones en este tipo de festivales por el clima, los fans pueden fastidiarse, en este caso no fue así, se notaba la felicidad y el ánimo de los presentes por ver a sus bandas favoritas.

Por cierto, las bandas. Cada una de las 20 agrupaciones presentes mostraron un show de calidad y cada una en su estilo musical expuso su versatilidad, técnica y sonoridad. Hablando con parte de la producción, ellos mencionaron que fue una selección de talento cuidadosa, se armó de una manera en que el festival tuviera diversidad de subgéneros dentro del metal. Escuchamos estridentes Blast Beats y guturales monstruosos con bandas de death metal como Cadaver y los headliners del día uno: Carcass. Tuvimos black metal con Mordskog, Midnight y Tribulation. El moshpit thashero lo armó Voivod, Piraña y los grandes headliners, Overkill. Del lado más heavy metal clásico destacó Night Demon y Attic con un estilo cercano a Mercyful Fate.


La variedad de subgéneros estuvo presente y en cuestión del sonido, personalmente fue impecable, la verdad es que cada banda sonó muy bien, se percibían los bajos, el nivel de las guitarras y batería fue el óptimo, sentías en el estómago los bombos retumbar. En general el equipo de sonido destacó, hubo muy pequeños desperfectos como en todo, pero nada fuera de lo común, eso sí, era un estruendo estupendo cada que sonaban las guitarras distorsionadas.
La puntualidad fue ejemplar, cada una de las 20 bandas salieron al escenario sin retrasos, si Tribulation tenía programado salir a las 21:30 horas, en ese momento tocaban. Eso los fans lo agradecen, en redes sociales se pudieron leer ese tipo de comentarios a favor de la puntualidad y la calidad con que respetaron toda la programación.


¿De los fans qué se puede decir? Como dicen, había de todo y sin ellos esto no hubiera sido posible. Agregaron el calor, el ánimo, los gritos, el relajo y la aceptación hacia el Candelabrum. Se notaba en sus rostros y en su lenguaje corporal que lo estaban disfrutando.
Vimos a los fans más clavados que desde primera hora estaban hasta adelante esperando la salida de los músicos, se veían a los grupos de amigos que cheleaban, caminaban por la Velaria, se metían al moshpit y por otra parte, también estaban los que preferían escuchar y ver a lo lejos con bebida en mano.


No hubo incidentes, no malacopeo como luego sucede, no hubo disturbios y es que no tenían motivo para armarlo pues la organización trabajó muy bien para mantener a todos contentos.
Desde un punto de vista personal las bandas destacadas en sus shows fueron Candlemass, que hicieron resonar el doom clásico, me dejaron atónitos los de Attic, disfruté mucho a Night Demon con su fusión de New Wave of british Heavy Metal y thrash. De las bandas mexicanas armaron la destrucción los de Piraña con su postura social y temas que atañen a nuestra actualidad y me encantó el lado experimental, instrumental y progre de Dies irae.


Carcass sonó excelente, los riffs, los blast beats volaron cabezas, Moonspell dio un show magnificó y quizá la banda que más se involucró e interactuó con el público, además que su música es genial para ser coreada, y finalmente Overkill lució con gran dinamismo y energía al final de la velada.






Como mencionaron los organizadores la primera edición es difícil, es un trabajo arduo darle exposición y más complicado tener la aprobación no solo del público, sino de los medios e incluso patrocinadores. Aunque con lo mencionado anteriormente y por cómo se llevó a cabo, esta primera edición ya tiene el sello de aprobación en todos los ámbitos. El Candelabrum se destacó por tener un equipo de sonido genial, un escenario bien confeccionado, un lugar cómodo y brindar una experiencia emocionante. Dieron en el clavo con la ubicación, con las bandas y es cierto que su objetivo era ir con el metalero más clavado, ir por grupos de calidad pero sí lo ponemos en balanza, fuera de lo que llamamos popular, fuera de las “bandas de siempre”, esto fue el atractivo que presentó y que con el tiempo me parece tomará mucha fuerza, para convertirse en el Festival de metal que todos queremos y sobre todo “merecemos”.
Texto: Moisés González
Fotografía: Rosete Ros y Moisés González






