Texto y Fotografias: Charlie Arreguin
Llegaba esa época del año en la que caminaba por los pasillos de mi prepa y veía carteles pegados que anunciaban viajes al Cervantino. Entre eso y las historias de los míticos conciertos de Santa Sabina, Caifanes o incluso Los Tigres del Norte en la Alhóndiga de Granaditas, mis ganas de visitar el festival se quedaban siempre en un eterno “algún día”.
Tuvo que llegar la edición número 53 para sacarme de ese loop, para por fin perderme en los callejones de Guanajuato, ver actos que no entendía y recorrer todo el centro buscando escenarios. Al hablar con locales y asistentes frecuentes, todos coinciden en que el festival ha cambiado con los años: algunas cosas para bien, otras no tanto. Lo que más llama la atención es el público al que hoy va dirigido. Si antes llegaban camiones llenos de universitarios con ganas de fiesta, ahora predominan las personas mayores, listas para echarse una siestita en el teatro (lo vi).
La oferta de actos culturales era inmensa, hasta siento que me creció un poco más la cabeza (eso pasa cuando te haces más culto, ¿no?). Aunque los invitados de honor fueron Reino Unido y el estado de Veracruz, había artistas de varios rincones del mundo.
A continuación, una breve reseña de lo que pasaba por mi cabeza mientras me servía de este banquete cultural que solo el Cervantino puede ofrecer:
Sonido Gallo Negro (CDMX): Mi primer acercamiento con el icónico escenario de Pastitos. Solo bastaron los primeros golpes de percusión para que la cumbia psicodélica nos envolviera a todos. El theremin actuaba como guía espiritual, mientras las guitarras eran ese chamán regañón dispuesto a destruirte el ego.
Zumbao (Colombia): ¿Ir a un concierto de joropo? Por supuesto, siempre supe perfectamente qué era ese género. Ya en serio, fue una de las cosas más bellas que escuché en todo el festival. Llegué sin expectativas, sin saber lo que estaba por descubrir. Al escenario salieron cinco músicos que, además de conocerse desde niños, parecían haber crecido pegados a sus instrumentos: los dominan con una precisión hipnótica. Jamás imaginé que un solo de maracas pudiera emocionarme tanto.
Onírico Danza–Teatro del Gesto (México): El Teatro Cervantes fue el recinto encargado de llevarnos al duelo de un mago que se resiste a dejar la vida. En cuanto se abrió el telón, supe que saldría de ahí con ganas de contárselo a todos.La mezcla entre actuación y danza sirvió para narrar una historia donde la niebla, el sufrimiento y la belleza convivían al mismo tiempo. Por momentos resultaba abrumadora, pero el final, profundamente emocional, te regresaba con fuerza a la realidad.
Sama Abdulhadi (Palestina): De vuelta en los Pastitos, presenciamos un performance compartido entre la artista y el público. Como era de esperarse, el clima político se hizo presente, aunque sin eclipsar el poder de la música ni los sonidos con los que Sama hizo estallar nuestros cuerpos.
Reeps One (Reino Unido): La Alhóndiga de Granaditas se impregnó de beats ácidos y visuales que por momentos parecían salidos de una película de terror.
Había gente de la tercera edad que no entendía del todo qué estaba pasando, pero en cuanto Harry Yeff tomó el micrófono y empezó su beatbox, se rindieron en aplausos ante el talento que tenían enfrente.
Nathy Peluso (Argentina): Apenas eran las tres de la tarde y ya había gente formada para verla en una de las fechas del Grasa Tour. Es impresionante lo que Nathy hace sobre el escenario: una de las artistas más completas de nuestra generación. En cada canción ofrecía una masterclass de baile, canto y dominio escénico. Acompañada de una banda impecable, probablemente fuimos testigos de uno de los mejores actos del 53º Festival Internacional Cervantino.
Solo queda decir que esta edición del Cervantino casi llega a su fin, pero desde ahora podemos asegurar que ha sido un gran año para la música, el teatro, la danza y las artes en general. Toca procesar lo vivido y dejarnos moldear por lo que experimentamos este fin de semana. Al final, ese es el propósito de un festival como este: transformarnos como sociedad por medio del arte.












