
Figura 5. El núcleo del grupo estridentista. De izq. a dcha., Germán List Arzubide, Ramón Alva de la Canal, Manuel Maples Arce, Leopoldo Méndez y Arqueles Vela (Xalapa, Veracruz, 1925).
Cecilia Kühne
En esta hora de calcomanía deshilvanada
las manos de la risa
están sembrando alas.
Gerrmán List Arzubide
Un día cualquiera, en los lugares más concurridos de la capital, apareció un volante que decía:
“En nombre de la vanguardia actualista de México, sinceramente horrorizada de todas las placas notariales y rótulos consagrados sé sistemas cartulario, con veinte siglos de éxito efusivo en farmacias y droguerías subvencionales por la ley, me centralizo en el vértice eclactante de mi insustituible categoría presentista, equiláteramente convencida y eminentemente revolucionaria, mientras que todo el mundo que está fuera del eje, se contempla esféricamente atónito con las manos torcidas, imperativa y categóricamente afirmo, sin más excepcionales a los “players” diametralmente explosivos en incendios fonográficos y gritos acorralados, que mi estridentísimo y acendrado para defender de las pedradas literales de los últimos plebiscitos intelectivos: Muera el Cura Hidalgo, Abajo San Rafael, San Lázaro, Esquina, Se prohíbe fijar anuncios.”
Al calce una nota: “Comprimido Estridentista de Manuel Maples Arce”. Y luego varias rúbricas: Germán List Arzubide, Salvador Gallardo, M.N. Lira, Mendoza, Salazar, Molina, siguen doscientas firmas. Era, sin dudarlo, un manifiesto.

El poeta estridentista Germán List Arzubide (1898-1998), quien en 1997 recibió el Premio Nacional de Lingüística y Literatura. Foto de Rogelio Cuéllar incluida en su libro El rostro de las letras. 1900-1949 (Biblioteca de México/INBA/CONACULTA, 1997).
La vanguardia había llegado a suelos nacionales y desde el Distrito Federal hacía sonidos a la manera de los movimientos intelectuales más modernos de la época. Se llamó Estridentismo y nació a fines de 1921. Era una respuesta – un hermano artístico, una resonancia- de los movimientos culturales surgidos en Europa después de la Primera Guerra Mundial. La expresión de una humanidad harta de todo pero admiradora de la velocidad, el acero, lo técnico e industrial, la quebradura y el magnífico el ruido de las artes. Había un deseo de romper con el pasado en todos los campos, especialmente en el intelectual. Y nuestra suave patria respondía así al “Futurismo”, “Cubismo”, “Ultraísmo,” “Creacionismo, “Dadaísmo” y “Surrealismo.
El México estridente inició la renovación más drástica y escandalosa de la historia de la poesía y la literatura nacional. El famoso Manifiesto y los otros dos que seguirían, sacudieron a propios y extraños. Escandalizaron a varios, como era su propósito, pero también atrajeron a muchos. Sobre aquel momento, Germán List Arzubide –poeta, estridentista, fallecido para el mundo el triste 17 de octubre de 1998 – uno de sus más notables miembros, y quizá el que más vivió, confesó en una entrevista realizada tres años antes de su muerte: “Una mañana aparecieron en las esquinas los manifiestos y en la noche se desvelaron en la Academia de la Lengua, los correspondientes de la Española, haciendo guardias por turno, se creía en la inminencia de un asalto”.
Y es que los principales textos de este periodo -han dicho Luis Mario Schneider y Vicente Quirarte- sumergen al lector en aquella atmósfera efervescente de los novedosos e increíbles telegramas sin hilos o los vertiginosos 80 km/h, con olor a bencina, por el Paseo de la Reforma. Porque tanto List Arzubide, como Manuel Maples Arce, Germán Cueto, Leopoldo Méndez, Árqueles Vela, Salvador Gallardo, y los otros miembros sabían que el movimiento sería efímero y que se trataba tan sólo de una estrategia. Porque lo importante era que el arte existiera libremente y la consecuente labor del artista era sacudir las conciencias y volverse una herramienta para el cambio.
List Arzubide fundó las revistas Vincit y Ser, en 1923, junto con Manuel Maples Arce, escribió y publicó el Manifiesto N°2 del Movimiento Estridentista, en su natal Puebla. Después trabajó con el gobernador Lombardo Toledano, combatió a la sublevación Delahuertista y en 1926, fundó la revista Horizonte en Xalapa. Por petición de Augusto César Sandino llevó, enrollada en su cuerpo, la bandera que el general nicaragüense había capturado a los intervencionistas estadounidenses. En 1935, fundó el Teatro Guiñol en México. En 1936, trabajó en la Secretaría de Hacienda y formó el Ala Izquierda de Empleados Federales, y de 1941 a 1953 colaboró para la revista Tiempo.
La obra literaria y poética de List Arzubide empezó a ser reconocida hasta finales del siglo XX. En los últimos años de su vida recibió varios reconocimientos y homenajes, como el Premio Nacional de Lingüística y Literatura en 1997 y, en ese mismo añ. el Instituto Nacional de Bellas Artes realizó un homenaje al Estridentismo cuyo acto central fue la develación de un monumento en el Bosque de Chapultepec.
Hoy a los 17 años de su muerte Germán List Arzubide todavía es estruendo y hace ruido. Nos sigue entusiasmando el final del Tercer Manifiesto:
“El estridentismo es el almacén de donde se surte todo el mundo. Apagaremos el sol de un sombrerazo. ¡Viva el Mole de Guajolote!”






