Una tradición que perdura…
Más allá de la esfera del rito, la recreación de la antigua ceremonia del año nuevo rescata de la memoria colectiva los elementos culturales del pasado, al recurrir a la antigua tradición purépecha de transmitir, en forma verbal, los conocimientos de una generación a otra.
IMER (Beatriz Garza). La conmemoración del Año Nuevo Purépecha resurgió en 1983, después de casi 500 años de permanecer en el recuerdo tras la conquista española, con la idea de revalorar los conocimientos y raíces culturales prehispánicas.
Por lo anterior, las celebraciones del año nuevo cambian de sede cada año y a lo largo del evento se deja un micrófono abierto, a través del cual los purépechas asistentes aportan conocimientos recibidos en sus familias, de tal forma que en la actualidad, han logrado recuperar una gran cantidad de información no solo sobre la ceremonia, sino también sobre otros aspectos tan variados como juegos, música y datos históricos, entre otros, de la antigüedad prehispánica.
El festejo del Año Nuevo Purépecha tiene un profundo significado en cuanto al ciclo biológico del maíz, es una metáfora de la propia vida productiva de la comunidad y está regulado por el calendario prehispánico que se compone de ciclos de 52 años; años de 18 meses; meses de cuatro semanas y semanas de 5 días.
Los festejos inician en la madrugada del 1º de febrero para amanecer el día 2; pero el programa de eventos abarca gran cantidad de actividades entre conferencias, charlas y presentaciones culturales. Este año la celebración se llevó a cabo en el pueblo de Chilchota, ubicado en la región conocida como “Cañada de los Once Pueblos”, en la colindancia de Michoacán con Jalisco.


