By Rich Álvarez
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La música, se siente y para sentirla hay que prestar atención a su ritmo, a qué provoca cuando entra por nuestro canal auditivo, a qué sabe y cómo se ve. Las sensaciones que genera son diferentes en cada individuo, algunos se paralizan y vibran por dentro, la simpática sensación de la piel y el cabello erizado podría ser la más común entre los humanos sensibles. La música se convierte en un vehículo electrificado que viaja a velocidad luz y recorre el cuerpo en un instante. Sensualidad, provocación, enojo, euforia, alegría, tristeza, valentía, en realidad una canción puede cambiar del gris al color, del amarillo al verde, del huracán a un día de campo y de manera inversa en cada situación. La música es magia y es poder, es hasta un lema.
Ahora, escuchar música es un ejercicio de individualidad, así estemos en un concierto. Todos los días en el transporte público me pregunto qué escucha el sujeto sentado frente a mí que mueve sin parar su pie derecho o la chica que a su lado izquierdo va leyendo concentrada las páginas de su libro, ambos llevan tendidos en sus oídos unos audífonos. Pero, ¿en realidad van escuchando o la música sólo los acompaña en el trayecto?, ¿qué sienten cada que el reproductor cambia de canción?
Deberíamos tener álbumes o canciones para cada momento en nuestra vida. Para salir y abordar el metro, el camión, subir a la bicicleta (no muy recomendable en la Ciudad de México), para el automóvil es fundamental cargar un buen álbum, no se diga para el momento de despegar en un avión. Todos estos viajes merecen un buen tema para hacerlos memorables. Hoy cargamos playlist infinitas y, muchas veces, sin sentido, es decir, repleta de canciones que no valoramos adecuadamente, simplemente las vamos acumulando.
El viaje que emprendemos por las noches, que es uno de los más importantes, pues realmente en el lapso de un día a otro, en nuestro cuerpo suceden millones de situaciones, una de ellas, la más importante: envejece. Y, eso a lo que muchos tienen miedo, envejecer, ese efecto natural de nuestra metamorfosis como seres humanos. Ese viaje es el que mejor debemos de acompañar musicalmente, no con listas largas de canciones que terminarán perdidas en el limbo, debemos crear listas, álbumes y canciones memorables para nuestra vejez. Un viejo vale por su memoria, pues es una máquina de historia.
The Flaming Lips es una de las bandas que necesita ser escuchada de forma contemplativa para no perder ningún detalle. Su último álbum es una suave dosis de sonidos espaciales y psicodélicos con una lírica poética a cargo del legendario integrante de The Clash, Mick Jones. Es un álbum que se antoja escuchar acompañando el silencio de la oscuridad, imaginando que por un instante tenemos la oportunidad de vernos desde el espacio y reflexionar en lo pequeños que somos y en la infinita naturaleza por la que estamos rodeados. Es un mantra que permite una reconexión con el universo. De eso se encargaron Wayne Coyne y los suyos, con el aderezo especial de Mick Jones. Es un álbum para acompañar la metamorfosis.
Nunca dejaré de pensar en qué será lo que escucha la persona que viene sentado a mi lado o frente a mí, si pudiera, le arrebataría un audífono y escucharía esa canción que lo hace mover un pie, llorar, sonreír o simplemente meditar. En nuestra memoria debemos guardar las canciones que nos provocan un movimiento extraño en nuestro ser, saber qué lo electrifica. Yo tengo en lista ya varias de The Flaming Lips, sumando un par de este nuevo álbum. ¿Ustedes?







