By Rich Álvarez
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Todo parecía ser un sábado 28 de septiembre de 2019 común y corriente, y es muy arriesgado decir que es “común y corriente” con todos los tumultos que nos rodean a diario que con el cotidiano se quedan en la sombra. Vuelvo al punto inicial, todo parecía ser normal. La Ciudad de México tenía su movimiento constante, el flujo de personas corría por las calles de forma natural. Un día con cierto aroma de alegría y amargura, como todos los amaneceres en la Ciudad de México.
En la década de los años cincuenta existían un par de estaciones de radio que tocaban Rock and Roll: “La Pantera” acomodando el dial en el 590 y en el 790 “Radio Éxitos”. Muchos padres de los jóvenes de ese momento, por lo menos en México, prohibían escuchar Rock en los hogares, pues era algo mal visto y sin valor cultural. La alternativa para aquellos jóvenes era escuchar la radio por la noche, a escondidas, como si fueran una especia de yonqui musical en busca de que en el altavoz cantara Elvis Presley. Entre muchos de esos jóvenes, se encontraba el pequeño José Rómulo Sosa Ortiz cazando en la radio ese género movido y rebelde llamado Rock and Roll.
Sus padres, José Sosa Esquivel, famoso tenor de ópera, y la concertista de piano Margarita Ortiz Pensado, únicamente permitían que en la radio se escuchara música clásica, ópera y música sacra, el rock era algo que jamás entraría en casa pues contaminaba el ambiente. El pequeño José se escondía para escuchar al rey del Rock and Roll y tiempo después formar a Los Heartbreakers en donde tocaría el bajo. El espíritu rockero y rebelde se vieron opacados por la canción romántica y popular mexicana. Así, de tocar el bajo y mover el cuerpo al estilo del rock de la cárcel, las noches se convirtieron en reuniones bohemias a trío cantando serenatas a pie de balcones. El primer mal de amores que le causó su novia Lucero le permitió destacar y lucirse con la voz que lo llevó a coronarse, en pocos años, como el Príncipe de la canción.
José José ha sido la mejor voz en México, aunque ésta le duró muy poco. Su trascendencia es muy importante, ha cantado a cinco generaciones, y muy seguro a las generaciones que vienen. Grabó canciones en todos los géneros desde el bolero, pasando por un ligero pop-rock, un poco de soul, bossa nova y jazz. Su voz le permitió llegar a escenarios de todo el mundo. Las letras de los más grandes letristas y maestros las interpretó de una forma que nadie ha superado, al grado que hoy conocemos más de tres temas de memoria e inmediatamente nos remonta a mencionar José José, aunque lo hayamos escuchado directamente o lo tengamos en nuestras listas de reproducción. El Príncipe fue el Sinatra de mexicano.
Vivió la época dorada del disco y las ventas estratosféricas. Su vida todo el tiempo fue enfrentar la dualidad del bien y el mal. El duelo de amores fue algo que lo acompañó durante toda su carrera, el peso de la fama lo terminaba consumiendo cada que las dificultades se presentaban. Cantó y vivió sus dolores al límite. Durante una temporada de su vida superó el On the Road de Jack Kerouac viviendo veinticuatro horas en un taxi, de bar en bar, sin comer y alimentando sus almas y cuerpos con alcohol, el grupo fue llamado El escuadrón de la muerte.
La primera parte de la mañana del sábado 28 de septiembre de 2019 parecía ser de lo más común y corriente. Después, en redes sociales se comenzó a destacar la noticia que sorprendía con la muerte de la voz de México. Sí, José José dejaba de batallar con esos monstruos que por años lo habían seguido: las decepciones amorosas, los excesos, los abusos de los caimanes que hay en el ámbito de la música, los problemas familiares y los de salud. Don José José pese a todas las circunstancias siempre mostraba su lado amable, agradecido y humilde. Fue un grande desde muy pequeño, quizá sin desearlo. Para esa parte del día, México se detuvo. Los televisores presumieron sus entrevistas a cuadro, la radio se encendió y tocó por horas la discografía completa y en las calles se escuchaban las favoritas de esa voz, la mejor, la de José José, que ya desde hace años algunas estaciones dedicaban dos o tres horas de su programación para sonar sus canciones. Clavería, su barrio, le rindió homenaje cantando todas las canciones a las que puso voz.
Desde pequeño lo que sonaba en mi casa era José José. Hay una colección importante de CD´s, en las reuniones de año nuevo y navidad no falta. Mi hermano mayor heredó el gusto por El Príncipe de la canción gracias a mi papá que cada que podía colocaba en un moderno estéreo SONY de los años noventa algún disco de éxitos de aquel que fue paloma por querer ser gavilán. En toda fiesta siempre es bienvenida una canción de José José. En el mal de amores no se diga, cada canción tiene las palabras interpretadas de la mejor forma para sentir y expresar lo que muchas veces no se sabe cómo llegar hasta allá. Por años ha sido, y será, el acompañante de las fiestas hasta el amanecer.
Era 1970, muy joven, la interpretación de El Triste fue el primer paso que cambiaría la vida del ya llamado José José. La letra es de Roberto Cantoral y con esta primera interpretación en la segunda edición del Festival Mundial de la Canción Latina consiguió que su voz se inmortalizara. La televisión estaba experimentando todavía las transmisiones satelitales para todo el mundo y ciertamente nadie sabía qué era lo que se estaba generando en aquella presentación del Festival OTI en 1970. Donde todo el público se puso de pie para aplaudir a la compleja interpretación de aquel tema que suena y seguirá sonando por todas partes. En cada rincón de las calles suena El Triste.







