Melody Gardot... lo sublime de lo no esencial
04 de julio de 2023
Por Mariana Pérez Viveros
Estoy en mi segundo día en el Festival de Jazz de Montreal y he tenido la suerte de poder presenciar el concierto de dos grandes estrellas del jazz vocal. Ambas muy distintas una de la otra, ambas talentosas.
Ayer Samara Joy con su voz potente y su actitud rebosante de jovialidad, de sorpresa por los grandes regalos que su talento le han otorgado en los últimos años. Anoche, Melody Gardot en La Maison Symphonique, un impresionante recinto de conciertos relativamente nuevo donde se presentó Natalia Lafourcade un par de días antes. Melody, a diferencia de Samara, tiene la seguridad de la experiencia, una mujer con porte, elegancia, con unas gafas oscuras que han dejado de ser un recuerdo de los estragos del accidente que la llevó a la música para convertirse en un accesorio que le dan un toque personal de elegancia y estilo.
Hace no mucho, la cantante y compositora estadounidense presentó un disco que podríamos llamar minimalista a lado del talentoso pianista franco-brasileño Philippe Powell, (sí, hijo de Baden Powell), un disco en el que solo suenan el piano y la voz de Melody…nada más. Sin embargo, sus presentaciones en Montreal se alejaron de ese minimalismo, ahora les acompañan un conjunto de cuerdas montrealense, dos percusionistas, un bajista y un saxofonista, un conjunto de primer nivel que, por cierto, es multicultural como casi todo en esta ciudad.
Gardot, habla en inglés, cuanta anécdotas en un francés fluido, canta en portugués, derrama amor y admiración por Powell y por sus compañeros de escenario a los que abraza, con los que se ríe, a los que dirige con sutiles movimientos de manos que les indica a dónde ir.

Podemos mencionar varios momentos de gran belleza, pero sin duda uno de los favoritos fue cuando Melody cedió el escenario a Powell para que interpretara el sublime tema Obstinada acompañado del percusionista Jorge Bezerra quien generó una atmósfera hermosa en el escenario con diversos instrumentos y su voz, con sonidos que parecían el viento… uno de los temas que más le gustan a Melody, según sus propias palabras, “Mi favorito del disco y en el que no canto yo…”
A pesar de que el grupo que la acompaña es numeroso y de que su voz es suave, casi como un susurro a veces, nunca se siente que la música la absorba o le estorbe, al contrario, la abraza, la acompaña, se acompañan. Cantó This Foolish Heart Could Love You, Les Etoiles, Samba en preludio y en el encore una de las favoritas de la audiencia mexicana, If the Stars Were Mine.
En algún momento del concierto, Melody hizo una pausa para comentar que se sentía feliz de estar en Montreal, de hacer aquello que durante los años de la pandemia “No se consideró una actividad esencial” dicho esto, por supuesto con un toque de ironía. La gente la despidió con una ovación de pie.
Así va el festival en su tercer día, mucha música de enorme tamaño, de gran sensibilidad, que me hace pensar, que efectivamente, hemos perdido a grandes leyendas del jazz los últimos años, pero que tenemos una camada que va a dejar huella profunda en la historia de la música y varios de ellos y ellas están reunidos esta semana en Montreal.







