Manuel Orozco y Berra, descrito por sus biógrafos como un “escritor fecundo y ameno, investigador concienzudo e historiador de asombrosa erudición” nació en la ciudad de México, el 8 de junio de 1816. Su vida es notable en todos los aspectos tanto por su educación, como por su trayectoria personal y su labor como académico. Estudió en el Colegio de Minería donde obtuvo el título de Ingeniero en Topografía, después se mudó a Puebla donde se recibió como abogado en el Seminario Palafoxiano. Fue allí donde comenzó su carrera política como Secretario de Gobierno local. A su regreso a la Ciudad de México en 1852, trabajó en el Archivo General de la Nación, donde trabó relación con personajes ilustres de la época como Lucas Alamán y Antonio García Cubas, cronistas e historiadores que, además de fungir como sus maestros, le otorgarían un profundo sentido nacional que se reflejó en su escritura, su trabajo de investigación y su cuidadoso registro de la Historia de México.
El mismo devenir histórico, fue formando a Orozco y Berra y determinando su destino, a veces contradictorio: durante la presidencia de Benito Juárez, por ejemplo, fue nombrado, Ministro de la Suprema Corte, y después, durante el Segundo Imperio, director del Museo Nacional por órdenes estrictas de Maximiliano de Habsburgo. Hubo de saborear los dones de ambas actividades pero también pagar el precio. A la caída del Imperio fue declarado traidor a la Patria y llevado preso. Sin embargo su cárcel, que iba a ser el ex Convento de la Enseñanza, se cambió por una prisión domiciliaria debido a su delicado estado de salud. Al terminar las presiones políticas y ser declarado un hombre libre, la negrura se desvaneció, reaparecieron los libros, volvió la pasión académica y trabajó como un funcionario menor en la Casa de Moneda hasta 1888, año de su muerte.
Más que un recuerdo en la memoria, Manuel Orozco y Berra dejó un importante legado. Libros y proyectos fundamentales como el Diccionario Universal de Historia y Geografía -en 10 volúmenes-, la Historia antigua y de la Conquista de México, y la Historia de la Dominación Española en México, entre otros.
En el largo camino de Manuel Orozco y Berra para escribir una completa Historia de México, se encontró con que en la época todavía no estaba definido claramente el territorio nacional: Por ello se dio a la tarea de coleccionar todos los mapas y demás documentos que pudieran ayudarlo a delimitar la geografía del país cuya historia se proponía narrar. Fue así como formó una colección de más de tres mil documentos de todas las regiones, un esfuerzo nunca antes realizado. En 1871 se publicó, con el título “La Cartografía Mexicana”, un catálogo descriptivo de toda la colección de mapas de Orozco y Berra y de otros existentes en los múltiples archivos que había consultado. Con ello se formó la primera Mapoteca Nacional. A su muerte Don Manuel dejó su colección al Ministerio de Fomento, y actualmente se encuentra bajo el resguardo del SIAP-SAGARPA y está a disposición del público que desee consultarla. Se trata de una de las más bellas e interesantes mapotecas del mundo, se encuentra ubicada en el edificio del Observatorio de Tacubaya y, desde 1977, se llama “Mapoteca Manuel Orozco y Berra”, en honor a este gran hombre que le ayudó a México a definir su geografía y a encontrar las huellas de su pasado.
Texto: Cecilia Künhne
Fotos Mapoteca Manuel Orozco y Berra
- Foto: Carta Etnográfica Manuel Orozco y Berra de la Mapoteca Manuel Orozco y Berra
- Foto: Mapoteca Orozco y Berra
- Foto: Servicio de Informacion Agroalimentaria y Pesquera- SIAP. Mapoteca Orozco y Berra









