Más allá de ser el Benemérito

Parecería que Benito Juárez nunca se quitó su levita negra. Incólume, resistente, siempre de una pieza, ni el sol en el desierto de Chihuahua, ni los cálidos vapores en Veracruz, ni siquiera la furia – que lo calienta todo- lograron atraparlo en mangas de camisa. Y si fue así, no importa. Nadie que viva hoy es un testigo.

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