Por: André Espinosa
“Primero aprendí a hacer paisajes; sin eso no habría podido hacer murales. Se lo debo a Velasco”: Diego Rivera.
En el marco del Festival Internacional Cervantino, este martes 18 de octubre el historiador Julio César Merino Tellechea presentó la conferencia “El viaje de la vanguardia al muralismo de Diego Rivera” en el Museo Casa Diego Rivera. Expuso el proceso de aprendizaje y evolución del estilo del pintor, quien tomó como referencia a otros artistas. Tellechea enfatizó, por ejemplo, que para 1906, con apenas 20 años de edad, Rivera ya dominaba la técnica y entendía de apreciación/ejecución de la perspectiva en la pintura gracias a su paso por la Academia de San Carlos, donde aprendió del paisajista José María Velasco.
Tellechea apuntó que Diego aseveró: “Primero aprendí a hacer paisajes; sin aprender a hacerlos, no habría podido hacer murales. Se lo debo a Velasco”. También afirmó que hay similitud entre algunas obras de Rivera y Paul Cézanne; sin embargo, en el marco del impresionismo como una corriente obsoleta, en ese entonces (1906), el pintor guanajuatense aún no conocía el trabajo del francés. El mexicano buscaba una beca para viajar y aprender de la técnica europea, por lo que entró a un concurso de selección en donde compitió con el famoso pintor jalisciense Roberto Montenegro.
De acuerdo con el conferencista, hubo una contienda final entre ellos: “el ejercicio decisivo ―remarcó que quienes se dedican a la pintura, saben que es dificilísimo― fue pintar una espalda humana. No obstante, no hubo ganador en dicha prueba y finalmente fue una moneda al aire. Quien viajó a Europa fue Montenegro”. El historiador afirmó que Diego Rivera pagó su beca de estudios en Europa a través de su mismo trabajo; es decir, como moneda de cambio, enviaba a México sus cuadros pintados en el viejo continente, actualmente exhibidos en la Pinacoteca Diego Rivera (Veracruz). De esta manera, continuó su proceso de aprendizaje.

De 1916 en adelante, “ya no quieren pintar la realidad, ya quieren pintar lo que ellos ven”; como al retratar una montaña con el sol por encima: no solo había que pintar estos dos elementos, sino remarcar las divisiones entre el sol y la montaña con, por ejemplo, colores morado y verde, que en combinación aportan un efecto visual más fiel a lo que el ojo humano realmente vería al observar esa montaña contra la luz del sol. Rivera aprendió este “divisionismo” de Ignacio Zuloaga y El Greco, en complemento de la perspectiva, forma y estructura ya existentes en su propio estilo.
Con todo lo mencionado, Diego se adentró en el Cubismo. Pintó estructuras y personajes compuestos de formas piramidales, circulares y cúbicas que en suma concretan cuerpos, máquinas, casas, montañas, etcétera. Además, incluyó en su obra elementos nacionales, como se puede ver en el óleo sobre tela “Paisaje Zapatista”.
Por último en este proceso, según Julio Tellechea: “Diego se convirtió en un devorador de muros”; quien forjó su estilo aprovechando la mezcla de aprendizajes. Así que, dadas las amplias diferencias entre sus facetas durante su periodo formativo como artista, para Julio Tellechea persiste una incógnita: ¿por qué Diego Rivera se hizo cubista?
Los bocetos y obras que muestran este proceso, actualmente están exhibidas en una exposición temporal en el Museo Casa Diego Rivera y permanecerán ahí durante todo el FIC50.





