La rosca y la música para un Día de Reyes.
La tradición milenaria del Día de Reyes tuvo sus efectos en la música popular latinoamericana durante el siglo XX. Se trata de una celebración relativamente poco mencionada en las canciones populares, aunque destacan algunos ejemplos muy interesantes.
Por ejemplo, Francisco Gabilondo Soler “Cri-crí”, compuso en 1938 “Los tres reyes” y “Canción de reyes”, que incluye una frase peculiar: “Van arrojando juguetes/ como quien tira confetis…”.
Carlos Argentino y la Sonora Matancera grabaron hace casi 60 años “A los reyes magos”, un tema jocoso que no solicitaba juguetes, sino una nena linda, cariñosa y que bailara cha-cha-chá.
El maestro Juan S. Garrido escribió en 1965 “Melchor, Gaspar y Baltazar”, alegre canción muy utilizada en los programas de televisión de aquel tiempo.
Sheila (Annie Chancel) grabó en francés y español un tema bastante conocido en América y Europa a partir de 1971: “Les rois mages” (Los reyes magos), que iniciaba “Como los reyes en Galilea siguieron la estrella del pastor…”
El maestro argentino Ariel Ramírez incluyó en su “Misa criolla” un alegre takirari titulado “Los reyes magos”, que habla de la llegada de los mágicos personajes; esta pieza fue grabada por Mercedes Sosa, y dice: “Changos y chinitas duérmanse/ que ya Melchor, Gaspar y Baltasar/ todos los regalos dejarán/ para jugar mañana al despertar…”
Santiago Yturria compuso hace poco menos de 20 años una canción con el mismo título, que se incluye en antologías de música infantil. Aplica el conocido juego de palabras, al decir “va a saltar” en lugar de “Baltazar”.
No pueden faltar las canciones que destilan tristeza, como “Regalo de reyes”, de David Lama, que estrenó Javier Solís en 1964 y cuyas frases han llegado hasta nuestros días: “Y si una gracia el cielo a mí me puede dar/ le pediré como regalo un día de reyes:/ besar tus labios y estrecharte junto a mí…”
Finalmente, la partida de la rosca el 6 de enero, marca el final del “maratón Guadalupe-reyes”, aunque tiene una fecha adicional: el 2 de febrero, Día de la Candelaria, con la tamalada que sufragan aquellos a quienes les “salió el muñequito” en la rosca. En realidad, se trata de figuritas que representan al niño Dios, que hace 70 años eran de cerámica pintada a mano y hoy son de plástico, a veces muy burdas y en ocasiones, finamente elaboradas. Se cuenta que la tradición del “muñeco” en la rosca data del medioevo y que originalmente se introducía un haba, pero… esa es otra historia. (Pablo Dueñas)







