Navidad mexicana: cantos, colores y sabores.
La navidad mexicana no solamente es tradición musical y literaria, también está compuesta por elementos suntuarios y religiosos, como las piezas de cerámica o barro que alegran a los nacimientos, con la luminosidad de los foquillos multicolores, con las sencillas y exquisitas cabañas, pozos, nopaleras, casitas, puentecillos y magueyales muy a la mexicana, que integran el paisaje en torno a la tríada divina: la Virgen María, San José y el niño Jesús.
No puede faltar la parte esencial para esta festividad, que son las piñatas, arcas adornadas suntuariamente con papel de China y con relumbrosos papeles dorados y plateados. Recipientes frágiles, pero difíciles de romper ante el mareo previamente provocado por el “…dale… dale…. dale….no pierdas el tino…” Piñata mexicana, que por más que se le quiera atribuir origen italiano, es de raigambre mexicana, aunque muchos afirman que nació en Europa, para las fiestas de carnaval, donde se dice, la subían a los techos para después romperla y así entregar su contenido de sabrosa dulcería.
Sin embargo, la piñata es mexicana, porque fue hecha de barro, porque fue engalanada con el papel de China traído al puerto de Acapulco por el galeón de Filipinas, y porque en México se rompe entre una lluvia de versillos hechos especialmente para ella. Algunos de estos cantos, llamados villancicos, fueron traídos a México desde los primeros días de la conquista española.
Es la Navidad una fiesta de origen europeo, que pasado el tiempo habría de ser la más popular de todo México, por el desbordamiento de alegría y colorido que en ella se manifiesta. Concuerda con una fecha que también festejaban los nativos del Altiplano mexicano, derivada del solsticio de invierno. Distintas formas de celebración, que ante el contacto del mestizaje, llegarían a ser una sola: la fiesta de Noche Buena o Navidad, donde la unión es el lazo que vincula a todas las familias mexicanas, en torno a la mesa, donde se han de saborear las más exquisitas comidas de origen español e indígena.
Mesas coloridas, rebosantes de platillos como el bacalao al estilo vizcaíno, el pavo relleno, los romeritos con tortas de camarón, y la tradicional ensalada de Nochebuena, que son una verdadera sutileza gastronómica. Y qué nos dicen del ponche, bálsamo delicioso que conjunta el delicioso sabor del tejocote, la guayaba, la manzana, la caña de azúcar y todo lo que le quiera usted agregar, según la receta familiar.
En cuanto al pavo, su presencia en la mesa mexicana es tradicional desde hace varias centurias. Esta ave originaria de América fue adoptada por las culturas europeas, por considerarla de extremada finura, y muy agradable al paladar. A través de los años la convirtieron en el menú principal de la cena navideña y de fin de año.
La imagen decembrina mexicana se complementa con el rojo encendido de la Flor de Nochebuena o Cuetlaxóchitl, que desde los tiempos prehispánicos se cultivaba con esmero para adornar los nacimientos. Cuando llegó a México el norteamericano John R. Poinsset, al ver esta flor en la iglesia de Santa Prisca, en Taxco, decidió enviar las semillas a Carolina del Sur para cultivarla. La belleza de esta “flor que se marchita” (el significado de su nombre náhuatl) cautivó a los estadunidenses, quienes la utilizaron como símbolo de la Navidad.
Y todas estas fiestas se celebran con cantos y redondillas navideñas, de origen muy remoto en Europa. Cánticos enseñados a los indígenas por fray Pedro de Gante, quien desde el inicio de la colonización española, dio muestras de un gran amor hacia el aprendizaje y la educación musical de los nativos.
De esta manera, se fueron creando versillos alusivos al niño Dios, a las piñatas, y a los aguinaldos. Rimas populares que ya nada tenían de sacramental ni religioso, pero que comenzaron a retener el gran espíritu de la navidad mexicana: ¡Echen confites y canelones, p´a los muchachos que son muy tragones¡ …¡ No quiero oro ni plata/ yo lo que quiero/ es romper la piñata/ órale Juan/ no te dilates/ con la canasta de los cacahuates… Pero mira cómo beben los peces en el rio….”







