Texto Sonia Yáñez
Desde los 12 años Fatoumata mostró su carácter y convenció a sus padres para vivir con su tía que era actriz. Así fue como conoció los estudios cinematográficos en Mali y comenzó a participar con algunas líneas en películas, hasta que en 1999 consiguió su primer estelar en Génesis, del director Cheik Omar Sissoko.
Desde ese momento llegaron diversas propuestas, sin embargo, a los 18 años su familia le solicitó que desertara del medio para casarse, como lo dicta la tradición. Fatoumata trató de hacer frente a su destino, pero en el 2002 llegó una propuesta del director Jean Louis Courcoult para integrarse a la compañía francesa “La Royal de Luxe”. El cineasta viajó a Malí esperando obtener una respuesta positiva, pero la familia de la chica negó la autorización.
Fatoumata reflexionó un poco y decidió cambiar el rumbo de su vida. Alcanzó al director en el aeropuerto de Malí, esquivando a la policía que la buscaba por la señal de alarma que sus padres activaron al señalar que su hija era una menor a la que acababan de secuestrar. Finalmente la chica tomó el vuelo a París. Así emprendió el viaje hacia la libertad.
Cuando Jean Louis Courcoult la escuchó cantar en los ensayos de la compañía decidió incluirla como solista en actuaciones que ameritaban canto. Así Fatoumata comenzó a cantar en bares y cafés. En esos lugares conoció a quién le abrió la puerta al mundo de la música: el músico maliense Cheik Tidiane Seck, quien la invitó a participar en los coros de Oumou Sangare y Dee Dee Brigdewater. En el 2010 Herbie Hancock la buscó para integrarse al disco “Imagine Project”, un año después ella lanzó su propio material con el sello de World Circuit bajo el nombre de “Fatou”.
A raíz de su visita al Festival del Centro Histórico, tuvimos la oportunidad de conversar con la cantante y actriz Fatoumata. El escenario: el mercado de artesanías de la Ciudadela. Ahí nos habló acerca de su música, que viene del sur de Malí en la región de Wassoulu; de la fusión de los ritmos tradicionales y su combinación con los géneros contemporáneos como el jazz, el rock y el pop, que complementan este lenguaje universal.
Desde la presentación de su disco, Diawara ha notado los cambios que se han desarrollado en su carrera, como su actuación en la película Timbuktu (2014), que cuenta la historia de una pareja maliense que fue lapidada por no estar casados; esta cinta fue nominada en los premios de la Academia como mejor film en lengua extranjera. La cantante comentó que este trabajo le recordó un poco su propia vida, pues ella interpreta a una chica que es castigada por extremistas islámicos por cantar.
Malí, su país, cuenta con un alto índice de violencia contra la mujer en el interior de las familias; muchas niñas son forzadas por sus propios padres a contraer matrimonio, algo que se considera ilegal, pero no por ello inexistente. Además, hay diversas leyes discriminatorias que ponen en desventaja a la mujer. Por ejemplo, las mujeres no pueden elegir entre un matrimonio monógamo o polígamo; esa decisión por ley le corresponde al esposo. Diawara ha mostrado su postura ante estas circunstancias y, al igual que la cantante maliense Oumou Sangare, incluye en sus canciones estas temáticas.
Por ello ante el cuestionamiento de sí su vida corre peligro, por la posición que ha tomado respecto a estos conflictos, Fatoumata esboza una sonrisa y contesta: “Siempre es un peligro pero, alguien tiene que hacerlo”.
La letra de sus canciones trata de mostrar no sólo la realidad respecto a los derechos de las mujeres en Malí, sino también la situación de los migrantes que se trasladan a Europa. Sus canciones son un acercamiento con aquellos que no tiene acceso a esa cultura mediática, para aclarar la situación que se vive en ese territorio. Ella comenta que contrario a lo que se pensaría, muchos políticos que saben de su trabajo no han sentido que represente un peligro para la vida política de Malí, porque entendieron su manera de funcionar. Ella propone soluciones con las letras de las melodías para mejorar la vida de las mujeres y los migrantes.
Diawara levanta su voz con la música para tratar de explicar a los hombres que si las mujeres y los hombres trabajan juntos progresarán; para decirles a las mujeres que “los políticos no van a liberar a la mujer, porque es la mujer quién encontrará su propia liberación”.
Para Fatoumata la música es un vehículo para despertar lo sagrado, se fundamenta en la pureza, la espiritualidad. Desde pequeña aprendió a conservar su infancia, guardar su pureza, y la simplicidad de la vida. Cuando quiere transmitir algo a su público recurre a la inocencia, mantiene una conexión con ellos, y se fusiona en una comunión con su música.
No hace mucho colaboró con el cubano Roberto Fonseca, quien le otorgó un amplio panorama respecto a los ritmos, pues sin importar el género musical y el país de origen las notas siguen siendo las mismas. Y esto se vio reflejado con el tema Bibisa, que aparece en el disco de Fonseca titulado “YO”.
Fatoumata siempre busca que su trabajo no la desnaturalice, trata de reencontrar a sus hermanos y producir algo para el futuro de África con el estandarte de la música.
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