Cuenta la leyenda que cuando la creación del mundo había terminado, los dioses y humanos vivían en armonía. Todos vivían felices, a excepción del dios Quetzalcóatl que veía con enojo cómo los humanos eran subyugados por los demás dioses. Entonces decidió adoptar la condición humana para compartirles el conocimiento y el arte que poseían las deidades. Entre otras cosas el dios les mostró a los hombres el arte de la lapidaria, que consiste en el tallado de las piedras. Según la leyenda la primera piedra que labraron fue el jade.
La lapidaría consiste en extraer una forma en relieve o volumen espacial a través del tallado de piedras preciosas y semipreciosas. Se combina con la orfebrería en la creación de joyas, que representan un elemento decorativo muy personal.
A lo largo de la historia y en casi todas las culturas, las joyas, han tenido un sinnúmero de significados, usos y estilos. Son un testimonio material que nos ayuda a entender cómo vivían o trabajaban nuestros antepasados.
En las antiguas sociedades prehispánicas las joyas eran ricamente decorados y estaban destinadas a los jefes, sacerdotes o reyes, quienes podían conseguir materias primas escasas, como el jade que provienen principalmente de Guatemala. Mayas, toltecas, mexicas y los pueblos mesoamericanos en general tuvieron un especial acercamiento con el jade por su simbolismo. Se relacionaba con el maíz, la fertilidad, el aliento de vida y lo divino. Cuando Hernán Cortés ordenó a Moctezuma que le entregará sus tesoros más preciados, para su frustración, no recibió oro, sino jade, porque para los mexicanos prehispánicos el jade era considerado mucho más valioso que el oro.
El trabajo de la lapidaria requiere de mucha destreza, habilidad y paciencia. En los tiempos prehispánicos los artesanos pulían a mano las piedras preciosas, con escazas y rudimentarias herramientas.
Entre las piedras que desde entonces se labran y que se siguen trabajando hasta la actualidad se encuentran varias piedras semipreciosas como jade, ágata, ópalo, amatista, venturina, ónix, obsidiana, serpentina, malaquita, turquesa, topacio, ámbar, lapislázuli, espinela, cuarzo y aguamarina, entre otras. Hoy en día la Lapidaria en nuestro país se encuentra limitada a los estados de México, Guerrero, Jalisco, San Luis Potosí y Querétaro. En este último destacan las minas de ópalo de los municipios de Tequisquiapan y Colón.
Actualmente el arte de la lapidaría consta de cuatro procesos: El corte, con sierra diamante. El preformado de la piedra, que se realiza en una mesa con un disco de carburo de silicio. El terminado, que se hace en una maquinaria donde la piedra pasa hasta por más de tres grados de lija(de mayor a menor aspereza) y agua con polvo de diamante. Y, finalmente, el pulido, cuyo método varía de acuerdo a la dureza y brillo de las piedras a fin de conservarlas en óptimo estado.
Actualmente muchos lapidarios han dedicado toda su vida al perfeccionamiento del tallado con nuevos métodos y sistemas que perfeccionan la técnica.
El arte de la lapidaria aunado al trabajo de la metalurgia y la orfebrería permite la creación de joyas auténticas y únicas que pueden identificarse con sus portadores como ocurría en tiempos de nuestros antepasados.












