A lo largo y ancho del territorio de México, existen un sinfín de monumentos y estatuas dedicados al recuerdo de José María Morelos y Pavón, sin duda uno de los personajes más importantes y queridos de nuestra historia. Hoy vamos a referirnos a uno de ellos, un monumento en el que coinciden presencias y momentos de los primeros años del siglo XX mexicano, que lo convierten al mismo tiempo en el punto de coincidencia de luminosas luchas libertarias y en el preámbulo de un momento muy negro de nuestra historia. Nos referimos a la estatua de Morelos ubicada en la Ciudadela, muy cerca de la Avenida Balderas, en el Centro Histórico de la ciudad de México.
Esta es su historia:
A principios del año 1912 se cumplía el centenario del Sitio de Cuautla, una de las más brillantes hazaña insurgentes de la Guerra de Independencia, en la que José María Morelos, su gente y los habitantes de Cuautla, resistieron, sin rendirse, el asedio de más de 40 días del Ejército Virreinal, al mando del General Félix María Calleja. Este centenario bien merecía un festejo por todo lo alto, pero los años previos coincidieron con el estallido de la Revolución Maderista y la derrota de Porfirio Díaz en mayo de 1911. A pesar del desconcierto por los cambios políticos, los alumnos y las autoridades del Heroico Colegio Militar decidieron recordar los 100 años de la hazaña de Morelos y encargaron el diseño de un solemne monumento al Ingeniero Carlos Noriega. La autorización para la construcción se dio durante el gobierno interino de Francisco León de la Barra, periodo posterior a la caída de Díaz, en el que se organizaron las elecciones que llevaron a Madero, finalmente, a la Presidencia de la República. El lugar elegido para la construcción, fue la plaza aledaña a la Ciudadela, ese viejo edificio construido para servir como fábrica de tabaco en el último cuarto del siglo XVIII y que después fue destinado a usos militares. El lugar tenía importancia dentro de la historia de José María Morelos y Pavón, ya que ahí fue sometido al juicio de la Capitanía General y permaneció preso entre el 27 de noviembre y el 22 de diciembre de 1815 para salir de ahí con rumbo a Ecatepec, donde fue fusilado (una placa de mármol con el recuerdo de estos acontecimientos había sido colocada en la puerta principal de La Ciudadela durante las fiestas del Centenario de la Independencia). Pero sigamos con la historia del monumento: la escultura que representó a Morelos se hizo con enorme cuidado, así como todos los elementos decorativos que se integraron de manera muy armónica. La inauguración ocurrió el 2 de mayo de 1912 y la encabezó el Señor Presidente de la República, Don Francisco I. Madero. Los alumnos del Colegio Militar, le dieron lucimiento a la ceremonia y todos recordaron con respeto al llamado “Siervo de la Nación”. Los asistentes admiraron la magnífica factura del monumento y pusieron atención a los apellidos inscritos en su base, los de todos aquellos caudillos que acompañaron a Morelos en Cuautla. Uno de ellos, sin embargo, les inquietaba: “Ayala”, Francisco Ayala, uno de los capitanes de Morelos en cuyo honor fue bautizada la villa en la que se había firmado, apenas unos meses antes, en Noviembre de 1911, el documento con las demandas que los campesinos de esa región seguían haciendo al gobierno de Madero: el Plan de Ayala, voz y anhelo del Ejército Libertador del Sur de Emiliano Zapata.
Mayo de 1912. México parecía estar tomando nuevos y más democráticos rumbos, pero los conflictos no cesaban y Madero enfrentaba los reclamos de los más diversos bandos. No pasaría ni un año completo para que la historia cambiara bruscamente. En febrero de 1913, La Ciudadela fue el escenario principal de la rebelión militar contra el presidente Madero, encabezada por Félix Díaz y Manuel Mondragón, y el monumento de Morelos fue testigo y víctima de los furiosos bombardeos de esos tristes días que pasaron a la historia con el nombre de “La Decena Trágica”. Los alumnos del Colegio Militar, artífices del bello monumento a Morelos, permanecieron fieles al Presidente, pero los acontecimientos concluyeron con el asesinato de Madero y el ascenso al poder de Victoriano Huerta.
Hoy, en el año 2015, el monumento de José María Morelos en la Ciudadela, sigue siendo admirado por los paseantes de aquellos rumbos: los lectores que visitan la Biblioteca México, los bailarines que se juntan para aprender danzón los sábados o los clientes del mercado de artesanías aledaño. Los niños corren por los pequeños jardines de la plaza y los novios se besan ajenos a los descalabros de la historia. Pero algo queda de esos singulares momentos: ahí, junto a la placa que recuerda la última prisión de Morelos, se sumó otra, muy parecida, que fue colocada en el año 1963. Esta lápida menciona la brutal muerte en ese sitio, durante la Decena Trágica, de Gustavo A. Madero, hermano del Presidente Madero y de Adolfo Basso, dos víctimas de esos días aciagos. Morelos observa desde su pedestal y espera tiempos mejores…
Gelería
Fotos Enrique Rivera























