Hay quien dice que la ciudad de Aguascalientes es el centro geográfico de México y que en la columna que adorna su plaza principal se encuentra el punto medio preciso del mapa de nuestra nación. Tal vez sea cierto, tal vez no. Lo que sí es un hecho innegable es que hace 100 años, en los meses de octubre y noviembre de 1914 la atención del país y del mundo se volcó hacia esta tranquila ciudad, cuando sesionó, en su elegante Teatro Morelos, la Soberana Convención Revolucionaria, en la que se reunieron todos los jefes militares que habían combatido al usurpador Victoriano Huerta para, una vez conseguido el triunfo, tratar de encontrar los acuerdos que posibilitaran un nuevo rumbo para el país. “Noviembre de 1914 puede señalarse como el mes más confuso y tormentoso en la historia de México”, escribió, hace cien años el ingeniero Vito Alessio Robles, testigo presencial de la legendaria Convención y autor de una magnífica crónica que acaba de ser reeditada por el INEHRM. Permítanos compartir con ustedes tres breves fragmentos de este libro excepcional, “La Convención Revolucionaria de Aguascalientes”, como una muestra de algunos aspectos de la ciudad en esos días y de la presencia de un personaje muy relevante: Francisco Villa.
“Aguascalientes ofrecía un aspecto pintoresco, con su bella Catedral, con su hermosa plaza en la que se erguía una esbelta y alta columna jónica, su bellísimo jardín de San Marcos circundando por típica y alta balaustrada, su inconcluida iglesia de San Antonio, de aspecto imponente y que parecía conjuntar la arquitectura moscovita por el remate de su torre principal, con el neoclásico de sus dos torres laterales y con el clásico antiguo de su cúpula, reproducción de la que se ostenta la catedral de San Pablo en Londres”
“El bullicio era enorme en Aguascalientes. Por sus calles y plazas circulaban centenares de oficiales y soldados, casi todos pertenecen a los estados mayores y a las escoltas de los generales que concurrieron personalmente a la Convención”
“Para las 4 en punto de la tarde el 19 de Octubre de 1914 habían sido citados los presuntos delegados a la primera junta previa de la Convención. Llegué un cuarto de hora antes. El teatro Morelos estaba pletórico. No había un solo asiento desocupado. El escenario, con decoraciones cursilonas, estaba destinado para la mesa directiva. A la derecha de ésta, otra mesa destinada a los taquígrafos parlamentarios, escogidos entre el personal de la Cámara de Diputados, a las órdenes del señor Sánchez Tagle, oficial mayor de la misma. A la izquierda y avanzadas hasta las candilejas, una tribuna muy alta a la cuál era necesario ascender por tres escalones”.
“El lunetario estaba destinado para los delgados. Una de las plateas inmediatas al escenario se apartó para los periodistas. Todas las demás plateas fueron ocupadas por los oficiales de los Estados Mayores y por los jefes y oficiales de las escoltas de los generales.
Los palcos y las galerías estaban repletos de civiles y soldados”.
Palabras de Pancho Villa ante la Convención.
Villa de pie en el escenario, emocionado en grado sumo, cuando se acallaron las ovaciones que fueron estruendosas, dirigiéndose al presidente de la asamblea, dijo:
-Con su venia, quiero decir unas cuantas palabras a mis hermanos de luchas y de ideales.
Concedido el permiso, se adelantó hasta las candilejas del escenario. Con voz fuerte en que se traslucía la emoción, expresó:
-Señores generales, señores oficiales que han sabido estar a la altura del deber para que todos unidos derrocáramos una tiranía como fue la del llamado gobierno de Huerta: Ustedes van a oír de labios de un hombre enteramente inculto, palabras sinceras que le dicta su corazón porque comprendiendo yo que entre las personas presentes hay hombres conscientes que sepan comprender los deberes para con la Patria y los sentimientos de humanidad, debo decir a ustedes que Francisco Villa no será vergüenza para todos los hombres conscientes, porque será el primero en no pedir nada para él: (Aplausos nutridos.)
“Únicamente me concreto a decirles que quiero mirar claro en los destinos de mi país, porque muchos son los sufrimientos porque ha atravesado”.
“En manos de ustedes están los destinos de la Patria, y si la Patria se pierde, sobre la conciencia de ustedes que son hombres conscientes, pesará eso. (Ovación larga y estruendosa.)” “Porque Francisco Villa les abre su corazón para decirles que nada quiere para él; sólo quiere mirar claro en los destinos de su Patria. He dicho señores”. (Aplausos nutridos y prolongados.)









