Fuente: www.lavanguardia.com
Steinway & Sons seduce a millonarios y coleccionistas con la edición limitada de un instrumento autónomo
Seguro que una de las mayores frustraciones de un multimillonario es no saber tocar el piano. Tener uno en casa ha sido siempre símbolo de dignidad y de sensibilidad musical, cuando no de snobismo, aunque en ese caso el instrumento se pasa la mayor parte del tiempo mudo, por mucho dinero que haya costado.
¿Pero qué pasa si de repente se ofrece a esa gente potentada la posibilidad de comprar un piano que lleve incorporado un sistema revolucionario por el que el mismo instrumento reproduce de manera autónoma interpretaciones sublimes del último siglo? ¿A quién no le apetece levantarse por la mañana y darse el capricho no ya de poner un disco de Lang Lang, sino de oírle tocar como si estuviera sentado al grand piano del salón de casa? O invitar a Vladimir Horowitz u otros artistas desaparecidos, como si del organista Maese Pedro se trataran, el de la leyenda de Gustavo Adolfo Bécquer cuyo órgano seguía sonando en Sevilla después de muerto.
Causa hilaridad, pero esta exquisita extravagancia ya es posible desde que hace un par de años o tres Steinway & Sons sacara la tecnología Spirio, que va más allá de la clásica pianola. Un modelo que ahora ha perfeccionado: el piano no solo reproduce sino que graba lo que toca y masteriza la pieza, algo muy útil para pianistas y estudios de grabación.








