Texto por: Gabi Tulum
Fotografías: Cortesía de Tlacuache Punk Fest
200 pesos mexicanos pueden ser cuatro caguamas, un aporte voluntario a tu afore, un “desayuno de señora” en alguna cadena de restaurantes de clase media, o la entrada para ver a más de seis bandas mexicanas en un festival alternativo.
Tlacuache Punk Fest se realizó el pasado 6 de mayo en la Ciudad de México; bajo la premisa 4:20 friendly, en una especie de departamento acondicionado para eventos con capacidad de, aproximadamente, 150 personas.
La tarde comenzó con Disco Rosa, un ligero pero resonante dream pop de Veracruz. El dream pop, como subgénero del rock alternativo, se remonta a los años 80 y Disco Rosa lo versionó a la mexicana con Demos Magneta, un EP que en 2021 marcó su debut bajo un pasamontañas rosa que los acompaña en cada presentación.
Después de la pandemia por coronavirus en 2019, México se llenó de nuevas bandas que, durante el obligado encierro, encontraron el tiempo para explotar su lado artístico y lanzar ese proyecto musical que solo tenía lugar en sus sueños más profundos. Incluso, después de la pandemia, la revista Rolling Stone acuñó el término “postpunkdemia” a las bandas de punk y rock surgidas tras las interminables olas de covid.
En la Ciudad de México, eventos como Tlacuache Punk Fest retoman la bandera del Do It Yourself como respuesta a la incesante necesidad de que existan espacios para proyectos independientes que, desde sus medios, graban, producen y crean su propia música.
La tarde continuó con Jacarandas, banda originaria de Satélite que el 17 de febrero de este año compartió el sencillo “CONCRETO APARENTE”, un concentrado de gritos que terminó en un explosivo momento dentro del venue que, cada vez, reunía más calor humano.
Al caer la noche y la lluvia, Dominiko tomó sus instrumentos y presentó “BILLY”, su más reciente sencillo. Para este momento, un slam poderoso ya se había adueñado del espacio, habitado entonces por una de las nuevas grandes propuestas del shoegaze de Toluca. Hacia el final de la presentación, Erick Anzastigue entregó su guitarra a las personas que estaban frente a él para que éstas tocaran lo que quisieran mientras las distorsiones de los pedales hacían lo suyo.
En el momento en el que una banda y otra se conectaba a los amplificadores, el micrófono era tomado por el organizador de Tlacuache Punk Fest, Marcelo Flores aka Chelo Flores, un músico multiinstrumentista comprometido con promover la escena musical del sureste de México.
Llegó el turno de Señal de Humo, proyecto originario de Cancún que proclamó al punk como su religión desde sus inicios en 2018 con el sencillo “Mr. Kombi”; en su presentación, el vocalista pintó en su frente la palabra Head e invitó al público a bailar con él. Después, Demencia Infantil llegó con su “Uga Buga” a Tlacuache Punk Fest: un hipnotizante sonido de Ciudad de México que no necesita de letras profundas para transmitir una amplia gama de emociones a través de instrumentos de cuerdas y vientos.
Hacia el final de la noche Necromorfo, grupo originario de Hermosillo, se instaló entre los flashes de cámaras de las y los fotógrafos independientes que documentaban la noche; algunos con técnicas experimentales y otros con aparatos análogos como la cámara VHS. Yan Bili, vocalista de Necromorfo, usó una capa y un sombrero para cantarle a un montón de gente que estaba dispuesta a quebrar el piso al ritmo que Necromorfo quisiera.
En algún punto del Tlacuache Punk Fest la gente slameó tanto que algunas personas cayeron sobre los instrumentos de la banda en turno. Tal vez esa es la cercanía que se espera en eventos alternativos: dinámicas lejanas a las impuestas. Experiencias en donde un espectador puede formar parte del performance (o deformance) y las bandas, antes o después de tocar, conviven y conectan con amigos. Es común escuchar palabras de aliento y admiración entre unos proyectos y otros. Al final, así es como se va fortaleciendo una escena que cada día construye más alianzas.
Finalmente el Tlacuache Punk Fest cerró con The Orange Boys y su “Gustavo Bad”, un sencillo lanzado en febrero de este año que consolidó el sonido de los Orange. Entre la banda y los asistentes, se encontraba un ser enmascarado, caracterizado de diablo, que fluía entre los instrumentos y llenaba de energía las canciones que, ya por sí mismas, son provocadoras.
Tlacuache Punk es una muestra más de que tal vez el sueño americano del artista independiente ya no es figurar en los carteles de los grandes festivales de música, sino formar sus propios eventos y difundir sus obras, mientras exista tiempo para hacerlo… porque si no nosotros, quién y si no ahora, cuándo.
Observa la galería de fotos, cortesía de Tlacuache Punk Fest por Dokiflowe666, insolacionluminica y CherryMoy. Además, disfruta de la música de éstas y más bandas independientes en la programación habitual de Interferencia IMER.



























