En estos últimos días me ha girado por la cabeza la idea de qué sucederá dentro de 40 años en el aspecto musical. Vayamos lejos, pero no tanto, hace unos 80 años, aproximadamente, que se comenzó a escuchar música en vinyl; hace 50 apareció la cinta magnética, con ello, surgió el casete y el walkman; años después vimos la aparición de el CD, un acercamiento a la mayor calidad de escucha. Aquí haré una pausa, hasta este momento, las tres formas distintas de escuchar música tienen grandes características: son objetos, son tangibles, huelen, se rayan, se descomponen, pero siempre hay la opción de conservarlos, de alguna forma se quedan registrados, hay algo que los hace verídicos. Tienen alma.
Continuando de forma cronológica en la forma en la cual hemos venido escuchando música, le sigue la idea de bajar la calidad al audio, convirtiendo en un archivo digital, disminuir sus frecuencias y enterrándolos en diversos aparatos para su reproducción. El MP3 y iPod son prueba de eso. Hoy con 100 pesos puedes tener acceso a toda la música, hay varias plataformas que lo permiten. Pero, hay una situación, la música de esta forma se vuelve intangible, no hay objeto que nos conecte con ella. Hoy almacenamos desde 16 GB hasta 1 TB toda clase de información que se pierde en un limbo informativo.
Da miedo pensar en las posibilidades que tendrá la música en un futuro. Quizá la música clásica será algo más lejano. The Beatles, The Rolling Stones será esa “nueva” música clásica, lo similar a un Mozart o un Beethoven, claro, todo limitado y con su cierto valor. Me refiero a la lejanía con la que vemos a esos músicos. Da más miedo por los artistas jóvenes, la música nueva. Muchas piezas son excelentes obras, sin embargo, se pierden en el océano de la información. La era actual nos ha enseñado que después de 24 horas ya nada importa. Ni el futuro, mucho menos el pasado.
En esta entrega de Off Air, llega Steve Gunn, este cantante y compositor que nació en Lansdowne, Pensilvania, Estados Unidos. Gunn fue anteriormente guitarrista y productor en la banda de Kurt Vile and The Violators. Durante su carrera como el talento como solista se vio opacado, a pesar de que en su carrera cuenta con álbumes y EP’s que ha lanzado desde 2007. Steve es un guitarrista talentoso, ha escrito sobre el movimiento y los viajes. Su música es ideal para los viajes en carreteras, y claro, también los internos.
Su último álbum “The Unseen In Between” contiene sutiles y bonitos arreglos de cuerdas que enriquecen las canciones. Los músicos que le apoyan son Tony Garnier, bajista y colaborador habitual de Dylan y su productor y amigo James Elkington. Las composiciones viajan por paisajes acústicos haciendo referencia al folk de la escuela británica. La guitarra eléctrica transporta a una delicada psicodelia y no queda de lado los aires jazzeros. Este álbum representa un homenaje a su padre, fallecido justo dos semanas después de la publicación de su anterior disco “Eyes on the Lines”, considerado uno de sus mejores trabajos.
No sé exactamente lo qué va a suceder con la música en el futuro, es una situación que me da miedo. Me da miedo que las futuras generaciones no escuchen las piezas clásicas, a The Beatles, a Dylan, a The Rolling Stones, a Sei Still, a The Cure, al mismo Steve Gunn. Pensando en que cada vez es más difícil encontrar álbumes en las tiendas, mejor dicho, cada vez es más difícil encontrar tiendas de música, considero que el panorama no es muy esperanzador. Tal vez, es posible que en algún momento de la historia exista un klan que se dedique a escuchar música a escondidas por temor a ser señalados como seres raros y anticuados. Deberíamos comenzar a formar el grupo, reunirnos en las cuevas y dejar que la música nos transporte a otras dimensiones.
Canción recomendada: New Moon, pieza que hipnotiza con la cual abre The Unseen In Between, álbum más reciente de Steve Gunn.






