By Ricardo Álvarez
La torre de control anuncia que aún no es posible aterrizar. El asfalto de la pista se encuentra cubierto por una gruesa capa de agua después de la tormenta. Es imposible que la aeronave comience a descender. El piloto prepara una vuelta más por el cielo. Un pasajero se coloca de nueva cuenta los audífonos del móvil.
La ciudad desde esa altura, y en ese punto de la tarde, en el claroscuro del crepúsculo, regala una postal de calles iluminadas y conectadas entre sí: las venas de la ciudad. La gente es sangre en constante movimiento. Desde arriba, todo allá abajo parece estar en orden. No son visibles los coágulos. No existen las dificultades.
Hay diferentes formas de volar, de llegar al cielo, de transportarse a lo desconocido. La música es una de esas formas. Funciona como sustancia, se cuela por los oídos. Para algunos es sólida y se mastica en los tímpanos. Para otros es un líquido que resbala desde la cabeza y llega hasta el dedo gordo del pie. Volar y escuchar música tienen una misma sensación: el tiempo transcurrido nos sitúa dentro de un largo y lejano instante.
En sí misma, la música, es un viaje que nunca termina. Semana con semana el radar de novedades se ve repleto de nuevos álbumes y sonidos de todo el mundo. Si bien hay que destacar la facilidad para distribuir, maquilar y producir un álbum o una pista, también es necesario enfocarnos en la realidad, pues cada vez prestamos menos atención a lo que escuchamos. Sin agregar que, las grandes disqueras, siguen imponiendo en los oídos de una mayoría lo que se debe escuchar.
Con lo anterior no quiero decir que debemos estar en contra de las disqueras, lo más popular en la radio o en las listas de reproducción; la idea es no convertirnos en un coagulo, o peor, en un cáncer. Las carreteras fluidas y despejadas son la mejor opción para un agradable viaje. La invitación de esta sección semanal titulada Off-Air es dejarse llevar a escuchar. Dejemos que el sonido inyecte nuestro ser. Considero que en la actualidad encontrar algo nuevo (entiéndase por nuevo algo que pudo haber ocurrido hace cincuenta años atrás, es decir, que lo nuevo no tiene temporalidad) es encontrar rutas a distancias más lejanas.
La propuesta de esta semana llega de Oslo, capital y ciudad más poblada de Noruega. Orions Belte, una banda formada en 2016 e integrada por Øyvind Blomstrøm, Chris Holm y Kim Åge Furuhaug, músicos experimentados que decidieron crear un proyecto sin encasillamientos sonoros. Su definición es la música que construyen. Su sonido es cualquier postal del mundo coloreada por una guitarra, un bajo y una batería.
Volvamos al pasajero del avión que se encuentra dando vueltas por el cielo al inicio de este texto. Decidió colocar en sus oídos un álbum que hoy puede llevar a todas partes en su dispositivo. Se encuentra a más de siete kilómetros del asfalto, desde arriba todo es minúsculo, menos la sensación de encontrase en un poderoso monstruo volador y la emoción de poder llevar en sus oídos la música que desea escuchar.
Con pistas en su mayoría instrumentales, Orions Belte cuenta con un álbum de nombre Mint, lanzado en 2018 con 9 tracks que acompañan al escucha por un recorrido de 35 minutos. Tiempo suficiente para generar un colapso emocional que inicia en la cavidad auditiva, convirtiéndose en la boca del túnel. El corazón se acelera. Cada latido es la alarma a algo desconocido, inquietante y emocionante. Caes por la pendiente de una extraña montaña rusa llena de colores que viaja a la velocidad de la luz. Te impactas en un líquido purpura fluorescente, te hundes en él. Al mismo tiempo te crecen alas. Vuelas. Aleteas tan rápido como un pequeño colibrí. Recorres los cuatro puntos cardinales en la oscuridad de una ceguera momentánea. Sur. Este. Oeste. Norte. Un flash instantáneo. Un pic-nic momentáneo por el Cinturón de Orión. Los viajes más largos ocurren en un breve instante y con unos audífonos bien puestos.
La aeronave toca asfalto. Fue un bucle imprevisto en el cielo. Repetidas vueltas sobre ciudades perdidas en un pájaro metálico. Para nuestro personaje todo quedó en ese aterrizaje. Un fade-out de vuelta a casa. El lector, se encuentra en la sala de espera a punto de cruzar la puerta y abordar el viaje que concluye con la llegada a Alnitak.
<<Are you able to “hear” how it sounds?>> Orions Belte
Atlantic Surfing – Orions Belte.






