El sábado 24 de mayo de 2014 se llevó a cabo el “VII Fandango Fronterizo”. Se hizo en el último rincón del noroeste de nuestro país, en ese lugar donde México termina y comienza Estados Unidos, en la última punta del territorio, donde acaba Tijuana y comienza San Diego, donde se separan la Alta y la Baja California. El Fandango Fronterizo se hace año con año, desde hace 7, y en él músicos, bailadores y versadores de México y de Estados Unidos se reúnen para celebrar una fiesta tradicional jarocha con la barda fronteriza de por medio.
Un “fandango” es un tipo de fiesta muy particular, que se realiza alrededor de una tarima (espacio para el baile, para el zapateado) en torno de la cual se colocan los músicos con sus instrumentos y sus cantos. Los sones se van sucediendo, uno a uno, tan largos como el entusiasmo de la fiesta lo determine y las parejas o los grupos de mujeres se van rotando en la tarima sin dejar que el ánimo decaiga. El fandango jarocho se ha vuelto ahora el más difundido, porque es el que se conserva más vivo y con mayor fuerza (al igual que el huasteco), pero este tipo de fiestas acompañaron a la mayor parte de las manifestaciones musicales de México desde tiempos remotos, de manera especial a la tradición del mariachi que se extendía por todo el occidente de México y la zona del Pacífico, desde Jalisco y Michoacán hasta Nuevo México y la Alta California. Un fandango es una fiesta colectiva que, como todos los eventos comunitarios, tiene sus reglas y sus códigos de amabilidad. Es incluyente por excelencia y los sones son piezas musicales en las que los versos se cantan de una manera que permite la convivencia incluso entre desconocidos: alguien canta los primeros tres o cuatro versos de una estrofa (que puede ser conocida o nueva para los demás), otro le contesta (para lo cual sólo se necesita poner atención y repetir lo que se cantó), el primero completa la estrofa, el segundo vuelve a repetir lo que escuchó y después se incorporan dos estribillos que cada uno de los cantores conoce. La versada que se canta es a veces muy, muy antigua, otras veces es reciente o también se puede improvisar para la ocasión, pero siempre permite una creación colectiva que resulta divertida, intensa y emocionante.
En el “Fandango Fronterizo” la fiesta ocurre con la frontera de por medio. Se realiza en el área de Playas de Tijuana (del lado mexicano) y en el Friendship Park (del lado norteamericano). Los fandangos suelen hacerse de noche, pero este es diurno porque el parque del lado de San Diego cierra su acceso muy temprano. Los participantes llegan a pie (en el lado americano hay que caminar mucho) e instalan la tarima junto a la barda fronteriza: una tarima de un lado, otra del otro, imaginando que están juntas y que son una sola. Comienzan la fiesta y el baile, los sones se van desgranando, los versos se cantan y se responden de un lado a otro de la barda (quien canta lo hace con fuerza, cerquita del enrejado para que “allá” se pueda escuchar), las parejas se forman ignorando la barrera, y por unas horas los límites se rompen y la música, el zapateado y los versos logran que se borre esa malla, con orificios cada vez más chiquitos, que separa a dos mundos tan parecidos entre sí. Son muchos los músicos que llegan de ambos lados y es impresionante la gran difusión y calidad que ha alcanzado la ejecución de la música tradicional mexicana en el sur de California, con grupos de latinos, de descendientes de latinos y de norteamericanos que aprenden y enseñan la manera más exacta y hermosa de interpretar los sones de antaño.
Dicen los que han estado en el “Fandango Fronterizo” que no se puede verlo, y mucho menos participar de él, sin vibrar de emoción: por lo que significa, por lo que representa. Por eso quisimos compartirlo a través de este texto y de una galería fotográfica en la página electrónica de Radio México Internacional. Las imágenes nos las envió Margarita Pacheco, compañera productora de Fusión 102.5, la emisora del IMER en Tijuana Baja California. Le agradecemos enormemente este apoyo y nos sentimos también orgullosos de acercarnos a nuestros colegas de aquellos rumbos, a todos aquellos que hacen la radio, día a día, en esa interesante ciudad fronteriza. Gracias nuevamente y esperamos que los visitantes de nuestra página disfruten de esta experiencia.
Fotografías de Margarita Pacheco
















