
No es fácil bailar un trompo, es más… es algo realmente complicado. Requiere de habilidad, concentración y mucha práctica. Se aprende con mucha paciencia y constancia, se avanza poco a poco y se van aprendiendo trucos y suertes con los que se gana prestigio y la admiración de los amigos. No es una diversión que requiera de mucho gasto. Hace falta, por supuesto, un trompo, pero también una cuerda, un espacio más o menos amplio y amigos para jugar. Se dice mucho que los trompos son juguetes del pasado y no es así. En realidad en México se sigue jugando mucho al trompo, sobre todo en las poblaciones pequeñas en las que los niños tienen más posibilidades de divertirse al aire libre. Se dice también que es un juego sólo para niños, para varones, y esto tampoco es verdad. Las niñas también lo juegan y desde hace mucho tiempo. Es muy hermoso el texto de Sor Juana Inés de la Cruz en su Respuesta a Sor Filotea, en el que platica cómo ella interrumpió el juego de trompo de unas niñas para cernir harina en el suelo y observar los dibujos que dejaban los giros del juguete. Dicen los que saben, que los trompos llegaron con los europeos, pero también hay indicios de que estaban aquí desde antes porque en todos los continentes y desde tiempos muy remotos, han existido juguetes que giran sobre una punta. Hace unos días platicamos un ratito, en la plaza de Tlayacapan, Morelos, con Luis Alberto, Montserrat, Luis Manuel y César, unos niños que estaban ahí jugando al trompo. Esto es lo que nos dijeron…
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Fotografías: Enrique Rivera






