David Alfaro Siqueiros, el pintor combatiente, el coronelazo…

29 de diciembre 1896
Una banda armada cruza la noche e irrumpe en la casa del político ruso exiliado en México: León Trosky. Disparos cortan el aire, el sonido inunda las habitaciones de la casa enclavada en los linderos del río Churubusco, en Coyoacán, pueblo cercano a la ciudad de México. Era mayo de 1940, y David Alfaro Siqueiros comandaba la misión del mayúsculo atentado contra Trosky, quien en realidad salió ileso de ese episodio que a Siqueiros le costaría el exilio en Chile y en otros logares de Sudamérica.
Este breve relato forma parte de una de las muchas historias de la vida de David Alfaro Siqueiros, muralista, pintor, revolucionario activista político, siempre controvertido, pero sobretodo comprometido con su plástica y con las causas políticas que guiaron su camino desde 1914.
Pero para iniciar una historia primero hay que nacer, o lo que es lo mismo comencemos por el principio. José de Jesús Alfaro Siqueiros, más conocido como David Alfaro Siqueiros nació en la ciudad de México, como consta en su partida de nacimiento, el 29 de diciembre de 1896. Su padre lo llevo a vivir a Irapuato, Guanajuato, donde realizó sus primeros estudios. En 1911, ya en la ciudad de México, entró a la Escuela Nacional Preparatoria y por las noches asistía a la Academia de San Carlos, la escuela de pintura por antonomasia en ese entonces, y hasta ahora, en México. Desde aquellos primeros años se involucró en la huelga estudiantil de la Academia que protestaba contra el método de enseñanza y pedía la destitución del director.
En 1914, con apenas 16 años, se enlistó en el ejército constitucionalista para luchar por la Revolución, una experiencia que le llevaría a descubrir a las masas trabajadoras, a los obreros, a los campesinos, a los artesanos y los indígenas. Cinco años después, en 1919, partió a Europa. La intensa experiencia de la guerra y el conocimiento cercano del arte europeo, marcarían su mirada y su obra. La suma de ambas experiencias determinó su pensamiento artístico que cristalizó en el manifiesto publicado en Barcelona en la revista Vida Americana en mayo de 1921.
A su regreso a México, y junto con sus contemporáneos José Clemente Orozco, Diego Rivera y Fermín Revueltas, fundó el Sindicato de Pintores, Escultores y Grabadores Mexicanos Revolucionarios. Un año más tarde inició la publicación del periódico El Machete, que luego sería el órgano de difusión del proscrito Partido Comunista Mexicano. Debido a sus actividades sindicales y a su militancia en ese partido, fue encarcelado en Lecumberri y después se exilió en Estados Unidos, donde exhibió su trabajo en Nueva York y, en 1932, completó su mural América tropical, en la Sala Italiana de Olvera Street en Los Angeles, California. Siqueiros incansable, pintó en Argentina, el mural Ejercicio Plástico, en Nueva York Eco de un grito y El suspiro, ambos actualmente en el MoMA de esa ciudad.
Su activismo y simpatía por las causas republicanas lo hicieron embarcarse rumbo a España, e incorporarse en 1937 a las filas de los combatientes en lucha contra el franquismo. De esa época viene el sobrenombre de “el coronelazo”, mote con el que aun hoy se le identifica.
Pintó, en la antigua aduana de Santo Domingo en la ciudad de México (actualmente sede de la SEP), el mural Patricios y Patricidas, en el Tecpan de Tlatelolco, Cuahutémoc contra el mito, y en el Palacio de Bellas Artes el tríptico Nueva Democracia. Sus proyectos fueron innovadores para la plástica mexicana, entre los más interesantes se encuentran los murales de la Universidad Nacional Autónoma de México los cuales introducirían en México la técnica llamada “escultopintura”.
Luego de pintar en 1960, el mural del Castillo de Chapultepec titulado “Del Porfirismo a la Revolución”, Siqueiros fue aprehendido y acusado de disolución social por su participación en el Comité de Presos Políticos y la Defensa de Libertades Democráticas. Estuvo encarcelado cuatro años en la prisión de Lecumberri, ahí hizo los primeros bocetos para el proyecto de decoración del hotel Casino de la Selva de Cuernavaca. A su salida de la prisión, inició el proyecto Polyforum Cultural Siqueiros, como parte del complejo del entonces Hotel de México, esta fue una gran obra que junto con el mural La marcha de la humanidad, ocupa una superficie de mil 600 metros cuadrados de paneles articulados. Este mural es considerado el más grande del mundo.
Raquel Tibol, crítica de arte, considera que los murales de Siqueiros “están compuestos con base en asuntos de franca tendencia humanista que parten o llegan siempre a los temas medulares de las luchas de liberación de los pueblos oprimidos; las luchas de los desposeídos para conquistar una efectiva justicia social y el repudio a la guerra para oprimir, sojuzgar y envilecer a los débiles”.
Un artista inigualable, innovador y político, de armas tomar, el coronelazo, David Alfaro Siqueiros murió en Cuernavaca, Morelos, el 6 de enero de 1974, dejando un gran legado para la plástica mexicana.







