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SINOPSIS
Con motivo del Centenario de la Independencia de México, Porfirio Díaz, en 1905, solicitó al arqueólogo Leopoldo Batres continuar con los trabajos de descubrimiento de la pirámide del Sol, en Teotihuacan. El encargo fue polémico por diversas razones: no contó con manos especializadas para ello, fue en un corto tiempo de cinco años y se utilizó dinamita para la remoción de tierra, siendo esto lo más alarmante. A más de 100 años de estos hechos, Teotihuacán en uno de los centros más importantes de México y decenas de historiadores estudian el legado arqueológico de Leopoldo Batres, sus aciertos y errores.