Supremacía rígida, Constitución blanda

Por Gibrán Jahaziel Zazueta Hernández
Secretario del Poder Judicial de la Federación
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(El siguiente, es un artículo de opinión ciudadana. Las afirmaciones vertidas son responsabilidad de quien las emite y no expresan necesariamente la postura del IMER)
Se encuentra en curso una reforma constitucional, prácticamente aprobada, que elimina la posibilidad de que la ciudadanía, los partidos de oposición, los órganos autónomos, los congresos locales y otros sujetos legitimados puedan inconformarse en contra de las reformas a la Constitución, es decir, blinda estas reformas en contra de cualquier objeción, al convertirlas en inimpugnables.
Esto es gravísimo, pues se suma a la reforma a Ley de Amparo que limita los efectos de las suspensiones y a la “Reforma Judicial”, de esta manera se han ido limitando los medios legales de defensa de la ciudadanía, restando eficacia al amparo y a todos los medios de control constitucional.
Dicha reforma ha sido llamada “Supremacía Constitucional” o mejor dicho “Supremacía de Morena”, pues aun cuando se alega que se pretende proteger el Texto Constitucional, elevándolo a rango incuestionable, lo cierto es que ese texto está siendo reformado una y otra vez por el “Plan C”, que incluye la reforma judicial, la militarización de la Guardia Nacional, la desaparición de los órganos constitucionales autónomos y otras ocurrencias que se han ido agregando, como la del Diputado Gutiérrez Luna, de agregar a la Constitución el “superpoder” otorgado a Guadalupe Taddei de nombrar titulares de órganos, sin necesidad de consultarlo con nadie, como respuesta a que los consejeros pretendían promover una controversia constitucional contra esa facultad.
Además, la reforma de “Supremacía Constitucional”, es una respuesta a la posibilidad de que la Corte anule parcialmente la Reforma Judicial; es burda la forma, flagrante la intención y una mala señal, que remite a paradojas como el que la reforma que prohíbe impugnar reformas constitucionales sea impugnada.
Parece chiste, juego de palabras o mera necedad, estamos lejos del diálogo y la madurez política, la crisis se agrava con cada ocurrencia legislativa que se va presentando sobre la marcha y que se pretende llevar al Texto Constitucional con la aplastante mayoría de Morena. Así, la Constitución se ha degradado a ser un instrumento más del oficialismo para llevar a cabo sus caprichos.
Esto me hace pensar que nuestra Constitución debería ser, conforme a la teoría constitucional, una Constitución “rígida”, pues prevé un procedimiento “dificultado” de reforma (dos terceras partes de ambas Cámaras y mayoría de Legislaturas); sin embargo, en los hechos está siendo muy “blanda”, dada la mayoría aplastante (artificial por la sobrerrepresentación), con la que cuenta el bloque oficialista, la cual se echa a andar ante cada nueva ocurrencia de sus integrantes, convirtiendo a la Constitución en un documento que refleja estas venganzas y arrebatos.
Ocurrencias que ahora se pretenden blindar de cualquier contrapeso, mediante la reforma de “Supremacía de Morena”, la cual de llevarse a cabo, le impediría a la oposición y la ciudadanía impugnar los desvaríos del oficialismo en esta “borrachera de poder”, producto de actuar como un bloque rígido, que no acepta el diálogo, ni que nadie le lleve la contra, parece ser que la Supremacía de Morena es más rígida que la Constitución, la cual se ha demostrado que es muy blanda, pues está perdiendo su esencia con cada nueva reforma.
Es momento de revisar la necesidad de dificultar aún más el proceso de reforma a la Constitución, pues tal vez se pensaba que 86 Senadores era algo muy difícil de conseguir para una sola fuerza política, pero las coaliciones electorales, la colusión de consejeros y magistrados electorales, así como los pactos de impunidad y los sobornos a legisladores traidores como los Yunes, nos demuestran que puede ser más rígida la voluntad necia y sorda de destruir el orden constitucional, que de preservarlo mediante el diálogo y la razón.
X (antes Twitter): gibran_zazueta