El federalismo en México. 200 años de desafíos y oportunidades para el desarrollo desde lo local.

Por Juan Pablo Aguirre Quezada
Investigador del Instituto Belisario Domínguez
del Senado de la República
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(El siguiente, es un artículo de opinión ciudadana. Las afirmaciones vertidas son responsabilidad de quien las emite y no expresan necesariamente la postura del IMER)
El Federalismo es la organización política de un país que cuenta con subdivisiones regionales y locales de gobierno. En México esta distribución se realiza en los órdenes federal, estatal y municipal; que busca así tener una mejor gobernabilidad al tiempo de ofrecer acciones de gobierno cerca de las localidades donde habita la población.
La Constitución Federal de nuestro país se promulgó el 4 de octubre de 1824. Su trascendencia fue tal que fue la primera vigente posterior a la consumación de la independencia nacional, además de ser un logro del Congreso Constituyente de 1823, dejando atrás las políticas públicas del primer imperio mexicano de Agustín de Iturbide, al tiempo de sentar las bases para la forma de gobierno como República representativa popular federal, de acuerdo con el punto 4 del Titulo primero de dicha Carta Magna.
Los principales puntos que contenía la Constitución de 1824 es la conformación de la nación mexicana; religión; territorio; función del Poder Legislativo (Cámara de Diputados y Senado de la República); organización del Supremo Poder Ejecutivo; los estados integrantes de la Federación; y la observación, interpretación y reforma a dicho texto legal. Días después de su entrada en vigencia, el presidente Guadalupe Victoria asumió sus funciones, así como las primeras legislaturas de ambas Cámaras y la creación de un Distrito Federal en la ciudad de México, lugar de residencia de los Poderes.
A lo largo de la historia del federalismo en México, nuestro país ha enfrentado diferentes desafíos como la creación de las entidades federativas señaladas en la Constitución de 1824 (Chiapas, Chihuahua, Coahuila, Durango, Ciudad de México, Jalisco, Estado de México, Michoacán, Nuevo León, Oaxaca, Puebla, Querétaro, San Luis Potosí, Sonora, Tamaulipas, Tabasco, Veracruz, Yucatán, Zacatecas, y Distrito Federal); la incorporación de Sinaloa (1830); merma del territorio, como sucedió en un primer momento con la separación de Texas (1836), y posteriormente la pérdida de Nuevo México y la Alta California (1848); y la aceptación como estados de la República de Guerrero (1849), Colima (1856), Tlaxcala (1856), Aguascalientes (1857), Campeche (1863), Hidalgo (1869), Morelos (1869), Nayarit (1917), Baja California (1952), Baja California Sur (1974), Quintana Roo (1974) y el cambio de nombre de la Ciudad de México (2017).
Un avance importante para el federalismo mexicano fue la inclusión del municipio libre en el artículo 115 de la Constitución de 1917, lo cual muestra una importante evolución respecto a la Carta Magna de 1857 debido a su incorporación normativa; su libertad de gestión; la elección de su titular por voto libre; elimina cualquier tipo de intermediarios entre las y los presidentes municipales y el gobierno de la entidad federativa; otorgamiento de personalidad jurídica; así como los derechos que pueden ser cobrados.
El federalismo en México presenta retos importantes como la materia presupuestal, además de continuar con los vínculos de unión y colaboración tanto de la sociedad como de los estados integrantes y sus municipios. La suma de esfuerzos entre los tres niveles de gobierno aún debe fortalecerse, a fin de brindar soluciones a la población en materias como seguridad pública, agua potable, protección civil, transparencia, rendición de cuentas, fiscalización, entre otros desafíos.
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