Si hay alguna bebida con tradición en México esa es, sin duda alguna, el pulque. Su origen se remonta a los tiempos prehispánicos y su consumo ha llegado hasta nuestros días y se conserva, tanto en las zonas rurales como en las ciudades. Las pulquerías fueron muy numerosas y enormemente populares en la primera mitad del siglo XX. Eran locales muy singulares, con nombres extraños (“La Flor Pura”, “La Sonrisa”, “La Diosa Euterpe”, “Waterloo-Trafalgar”, “Los Recuerdos del Porvenir”), con vistosos murales, con banderitas de papel picado colgando del techo, aserrín regado en el piso y con unos peculiares recipientes de vidrio de distintos tamaños, en los que se servía la bebida: tornillos, chivos, catrinas… El impulso de las empresas embotelladoras de cerveza, desplazó un tanto al pulque y a las pulquerías del gusto popular, pero nunca han dejado de estar presentes en ciertos barrios y pueblos y en la periferia de las ciudades. Sin embargo, de unos años para acá, el pulque ha tomado nueva fuerza y se puede decir que incluso se ha puesto de moda. Han aparecido nuevas pulquerías, “neopulquerías” les dicen algunos, o bien se han recuperado algunas pulquerías centenarias del centro de la ciudad de México y se les ha inyectado nueva vida y una clientela más joven. Hace unos días platicamos con el dueño de “Las Duelistas”, pulquería de nombre misterioso, y esto es lo que nos contó…
Escucha el audio.
Fotografías de Enrique Rivera











