
“Se Visten Niños Dios”, así dicen los pequeños carteles pegados en las ventanas, las entradas de las vecindades, los puestos de los mercados y en algunos talleres de costura.
“Se Visten Niños Dios”… y la gente acude llevando al niñito de yeso que desde el 25 de diciembre estuvo colocado en el centro del Nacimiento de su casa. La Fiesta de La Candelaria, la fiesta del 2 de febrero, es la que cierra el calendario litúrgico que se abre en la Navidad, continúa el 6 de enero con el homenaje de los Tres Reyes Magos y concluye con la conmemoración de la presentación del niño Jesús al templo y el encendido de las candelas. La Candelaria es la advocación de la Virgen María a la que se festeja en esta fecha y su celebración, ampliamente relacionada con la religiosidad popular y los antiguos calendarios agrícolas, es una de las que tiene más arraigo en todo México. Días antes del 2 de febrero, las familias se preparan para presentar en la iglesia al niño de su Nacimiento y esa preparación consiste en buscar las manos expertas que se encargarán de ataviarlo adecuadamente.
Muchas personas han hecho de esta tradición un oficio y se ganan algunos pesos extra cosiendo primorosos trajecitos y vistiendo con ellos a las figuras que representan al niño Jesús, a las que además adornan con todos los accesorios necesarios. Son distintos los modelos que la gente pide: el Niño de las Palomas, el Limosnerito, el Santo Niño de Atocha… En el pueblo de Zacualpan, al oriente del estado de Morelos, la señora Imelda Ríos Franco fue la primera que comenzó a cultivar esta tradición hace ya varios años.
Les presentamos algunas imágenes de su trabajo y una pequeña entrevista que en días recientes realizamos con ella.

Fotografía: Enrique Rivera






