{"id":38044,"date":"2022-07-16T00:15:26","date_gmt":"2022-07-16T05:15:26","guid":{"rendered":"https:\/\/www.imer.mx\/opus\/?p=38044"},"modified":"2022-07-16T00:27:19","modified_gmt":"2022-07-16T05:27:19","slug":"adios-a-un-musicologo-ejemplar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.imer.mx\/opus\/adios-a-un-musicologo-ejemplar\/","title":{"rendered":"Adi\u00f3s a un music\u00f3logo ejemplar"},"content":{"rendered":"<p>ARTICULO ORIGINAL<br \/>AUTOR DE ART\u00cdCULO ORIGINAL: Ricardo Miranda<br \/>FECHA DE PUBLICACI\u00d3N ORIGINAL: Publicado el 15 de julio del 2022.\u00a0<br \/>TEXTO Y GR\u00c1FICOS ORIGINALES: <a href=\"https:\/\/www.razon.com.mx\/el-cultural\/adios-musicologo-ejemplar-490701\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Adi\u00f3s a un music\u00f3logo ejemplar<\/a><\/p>\n<p>En el a\u00f1o 2016, la exitosa visita a M\u00e9xico de Richard Taruskin comprob\u00f3, como afirma esta memoria, que la musicolog\u00eda en nuestro pa\u00eds ya no es \u201cun asunto de aficionados\u201d. El conocimiento del erudito se hizo evidente en sus colaboraciones pol\u00e9micas y, ante todo, en los seis vol\u00famenes de su Historia Oxford de la m\u00fasica occidental, que aseguran la permanencia de su legado. Estas p\u00e1ginas evocan con precisi\u00f3n y calidez tanto el genio como la figura del autor, fallecido este mes de julio.<\/p>\n<p><strong>LE DEBO A LUISA VILAR PAY\u00c1\u00a0<\/strong>el privilegio de haber conocido a Richard Taruskin (1945-2022), el music\u00f3logo norteamericano fallecido el primero de julio en California. Junto con Luisa lo trajimos a M\u00e9xico en 2016 para que impartiese algunas conferencias y un curso para j\u00f3venes investigadores. Que el especialista m\u00e1s importante de nuestro tiempo haya venido a dar clases ya nos dice algo acerca de c\u00f3mo la musicolog\u00eda ha dejado de ser, en nuestro pa\u00eds, un asunto de aficionados para convertirse, paulatinamente, en una disciplina acad\u00e9mica formal y reconocida. Desde luego no canto ninguna victoria, los espont\u00e1neos siguen saltando al ruedo, pero algo se mueve y cambia.<\/p>\n<p>De aquellos d\u00edas se dibuja en la memoria el recuerdo de una tarde cuando, tras comer op\u00edparamente en Xalapa, nos trasladamos al auditorio de la Facultad de M\u00fasica para una mesa redonda donde nos habl\u00f3 de dos temas favoritos, la relaci\u00f3n entre cr\u00edtica y mal gusto y los peligros del pensamiento ut\u00f3pico. Apenas pudimos entrar y en todos mis a\u00f1os en Xalapa no recuerdo haber visto as\u00ed de abarrotado aquel auditorio. Cuando salimos, Taruskin estaba feliz de haber tenido un p\u00fablico tan numeroso como interesado, con los j\u00f3venes sentados en los escalones, pero como en Xalapa lo m\u00e1s importante es la comida, nos dimos a la fuga para ir a cenar con otro grupo de alumnos al famoso Asadero Cien. Recuerdo tambi\u00e9n que mientras camin\u00e1bamos, rodeados de j\u00f3venes que le ped\u00edan las consabidas fotos y firmas de libros \u2014Taruskin era en aquellos momentos un<em>\u00a0pop star<\/em>\u2014, una bur\u00f3crata me alcanz\u00f3 para decirme que todav\u00eda no estaban listos los fondos que har\u00edan posible su visita. El esp\u00edritu kafkiano vive a sus anchas en la Universidad Veracruzana y aquella ocasi\u00f3n no dej\u00f3 de mostrar la estulticia de su sonrisa administrativa.<\/p>\n<p><strong>TARUSKIN INICI\u00d3 AQUELLA VISITA<\/strong>\u00a0a M\u00e9xico en Cholula, adonde lo hab\u00eda invitado la Universidad de las Am\u00e9ricas\u00a0<em>antes<\/em>\u00a0de los problemas tambi\u00e9n kafkianos que hoy la invaden. Ah\u00ed dict\u00f3 una estupenda conferencia sobre interpretaci\u00f3n musical (uno de sus temas favoritos) y nos hizo escuchar diversos ejemplos, incluido el famoso pasaje a solo del Quinto concierto de Brandemburgo tocado por Furtw\u00e4ngler. Entre cursos y conferencias lo llevamos a Teotihuac\u00e1n, que lo deslumbr\u00f3; al Museo Nacional de Antropolog\u00eda \u2014donde Antonio Saborit, su director, nos regal\u00f3 una inolvidable visita guiada\u2014 y, a firme petici\u00f3n suya, a la casa museo de Trotsky en Coyoac\u00e1n. Ah\u00ed Taruskin fue nuestro gu\u00eda especializado. Reconocido como el gran experto en m\u00fasica rusa \u2014para enojo de los music\u00f3logos sovi\u00e9ticos\u2014 la historia de ese pa\u00eds le apasionaba y le hab\u00eda dedicado no pocos esfuerzos. Sus famosos vol\u00famenes sobre Stravinski son referencia obligada y sus libros\u00a0<em>Definiendo a Rusia musicalmente<\/em>\u00a0y\u00a0<em>La m\u00fasica rusa<\/em>,<em>\u00a0en casa y en el extranjero<\/em>\u00a0son fuente inagotable de reflexi\u00f3n y aprendizaje.<\/p>\n<p>Para quienes estudiamos cualquier asunto vinculado con la vida musical mexicana en los siglos XIX o XX, la lectura de los ensayos de Taruskin sobre m\u00fasica rusa es siempre reveladora, y basta sustituir el nombre de ese pa\u00eds por M\u00e9xico para darnos cuenta del provecho y val\u00eda de sus reflexiones. En particular, la historia de la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica le apasionaba. Quiz\u00e1 por ello, una de sus m\u00e1s famosas columnas en el\u00a0<em>New York Times<\/em>, del que fue colaborador habitual, fue aquella de 2016 donde polemiz\u00f3 sobre la novela que Julian Barnes dedic\u00f3 a Shostakovitch,\u00a0<em>El ruido del tiempo<\/em>. \u00bfHasta qu\u00e9 punto un novelista deja de ser historiador? \u00bfPor d\u00f3nde pasa la l\u00ednea que divide las tareas de un literato de las del music\u00f3logo metido a bi\u00f3grafo?<\/p>\n<p>Los novelistas \u2014escribi\u00f3 Taruskin\u2014 tienen todo el derecho de utilizar los datos hist\u00f3ricos para dotar de verosimilitud sus obras, y entera libertad de traspasar m\u00e1s all\u00e1 de los hechos, hacia donde su deseo les lleve. Los historiadores, sin embargo, est\u00e1n atados por las circunstancias, condenados a las vistas parciales y obstruidas que sus fuentes les ofrecen. Su \u00fanico recurso es seguir buscando y rezar mientras los novelistas pueden gozar de una vista sin cortapisas. Pero \u00bfqu\u00e9 es lo que ven? A menudo, describen deliberadamente lo que nunca sucedi\u00f3.<\/p>\n<p>A esa l\u00facida oposici\u00f3n metodol\u00f3gica a\u00f1adi\u00f3 en la frase m\u00e1s demoledora de su rese\u00f1a una conclusi\u00f3n muy dura: \u201c[Julian Barnes] quiere la libertad del novelista y la autoridad del historiador. Al buscar ambas se queda sin ninguna\u201d.<\/p>\n<p><strong><em>En efecto, la m\u00fasica est\u00e1 en medio de las cosas, de la historia,<br \/>de la vida. Un music\u00f3logo es el duende garcialorquiano que entra y sale de ella, nadando en sus aguas sonoras<\/em><\/strong><\/p>\n<p><strong>NO ME IMAGINO<\/strong>\u00a0c\u00f3mo habr\u00e1 sido polemizar con Taruskin. Y menos me habr\u00eda gustado hacerlo m\u00e1s all\u00e1 de alguna sobremesa o correo electr\u00f3nico que alcanzamos a cruzar. Era un hombre enciclop\u00e9dico y pose\u00eda una memoria descomunal. As\u00ed lo retrat\u00f3 James R. Oestrich, su editor en el\u00a0<em>New York Times<\/em>, pero no hace falta ning\u00fan testigo en el estrado para quienes lean algo de su\u00a0<em>Oxford History of Western Music<\/em>, un\u00a0<em>tour de force<\/em>\u00a0en cinco vol\u00famenes (m\u00e1s un sexto de \u00edndices y referencias) que, despu\u00e9s de todo, puede pensarse \u2014seg\u00fan \u00e9l mismo dec\u00eda\u2014 como la \u00faltima obra de su especie.<\/p>\n<p>\u00bfPuede una sola persona saber tanto de m\u00fasica? \u00bfY puede, adem\u00e1s, ponerlo por escrito e ilustrarlo con toda suerte de ejemplos musicales? Si la misma idea de una historia de la m\u00fasica ya es dif\u00edcil de contemplar, en virtud de las dificultades t\u00e9cnicas que implica escribirla, la noci\u00f3n de una historia de la m\u00fasica a cargo de un solo autor hoy se antoja imposible, m\u00e1s la necia insistencia de alg\u00fan aficionado que un libro medianamente serio. Pero la\u00a0<em>Historia Oxford\u00a0<\/em>de Taruskin acaba con tales prejuicios: que se detenga en tantos detalles y se meta a profundidad con varios compositores, t\u00e9cnicas y estilos; que subraye o se detenga sobre m\u00fasicas poco exploradas (como las p\u00e1ginas que dedic\u00f3 a Juli\u00e1n Carrillo como art\u00edfice de la m\u00fasica moderna) y que d\u00e9 cuenta de tantos y tantos aspectos de la m\u00fasica estudiada, se antoja una tarea tit\u00e1nica pero digna de ser emulada, siquiera entre varios music\u00f3logos.<\/p>\n<p>Cierto, no es una lectura f\u00e1cil ni todas sus p\u00e1ginas est\u00e1n destinadas a un p\u00fablico amplio pues a menudo exige de sus lectores una buena formaci\u00f3n musical, capacidad para leer partituras y conocimientos s\u00f3lidos de armon\u00eda y an\u00e1lisis. Pero nadie dijo que la musicolog\u00eda fuera f\u00e1cil y s\u00f3lo los muy sordos dir\u00e1n que se puede\u00a0<em>hablar<\/em>\u00a0o\u00a0<em>escribir<\/em>\u00a0sobre m\u00fasica sin\u00a0<em>saber<\/em>\u00a0de m\u00fasica, sin saber\u00a0<em>leer<\/em>\u00a0m\u00fasica.<\/p>\n<p>Esa capacidad enciclop\u00e9dica no era gratuita. \u201cNo lo hurta, lo hereda\u201d, dir\u00edan en mi familia. Taruskin hab\u00eda estudiado con Paul Henry Lang, cuyas mil cien p\u00e1ginas intituladas\u00a0<em>La m\u00fasica en la civilizaci\u00f3n occidental<\/em>\u00a0fueron el libro de referencia que hace cincuenta a\u00f1os se antojaba insuperable. As\u00ed vemos hoy la\u00a0<em>Historia Oxford<\/em>\u00a0de Taruskin, aunque no faltan quienes acusan omisiones (habla casi nada de Sibelius, no menciona a ciertas compositoras norteamericanas, etc\u00e9tera). Como le confes\u00f3 \u00e9l mismo a un reportero, \u201cmientras Taruskin sea el rival a vencer, Taruskin est\u00e1 contento\u201d.<\/p>\n<p><strong>FUE UN MUSIC\u00d3LOGO EJEMPLAR<\/strong>, capaz de escribir para el mundo acad\u00e9mico y para el p\u00fablico que segu\u00eda sus rese\u00f1as o sus pol\u00e9micas columnas period\u00edsticas. Sus cr\u00edticas hacia consabidos compositores norteamericanos como Milton Babbitt o Donald Martino, su visi\u00f3n inquisitiva sobre figuras consagradas como Sch\u00f6enberg o Prok\u00f3fiev y su cuestionamiento de la llamada interpretaci\u00f3n hist\u00f3ricamente informada levantaron \u00e1mpulas, gritos y sombrerazos. Cuando en 2001, tras los ataques de septiembre, la Orquesta Sinf\u00f3nica de Boston decidi\u00f3 censurar algunos coros de la \u00f3pera de John Adams,\u00a0<em>La muerte de Klinghoffer<\/em>\u00a0(donde terroristas palestinos matan a un jud\u00edo en silla de ruedas), el llamado de Taruskin a distinguir entre paciencia y censura caus\u00f3 un revuelo que se sinti\u00f3 en ambas orillas del Atl\u00e1ntico&#8230; \u00bfqu\u00e9 nos habr\u00eda dicho de la\u00a0<em>cancelaci\u00f3n<\/em>\u00a0que hoy pende sobre algunos artistas rusos?<\/p>\n<p>La respuesta, casi con seguridad, le habr\u00eda llevado a uno de sus\u00a0<em>leitmotiv<\/em>. En uno de sus libros cuyo t\u00edtulo lo dice todo,\u00a0<em>El peligro de la m\u00fasica y otros ensayos antiut\u00f3picos<\/em>, reuni\u00f3 muchas de sus rese\u00f1as donde es f\u00e1cil encontrarle en medio de los temas m\u00e1s pol\u00e9micos. \u201cLa m\u00fasica es una poderosa forma de persuasi\u00f3n que opera en el mundo, un arte serio que posee una fuerza \u00e9tica y que impone responsabilidades \u00e9ticas\u201d, afirm\u00f3 respecto a la interminable discusi\u00f3n sobre Wagner y el antisemitismo. \u201cEs mejor que Wagner siga siendo\u00a0<em>tref<\/em>\u00a0(\u201csucio\u201d) en Israel y que la pol\u00e9mica arda [&#8230;] antes de que se convierta, en la vida de los conciertos en Israel, tanto como en cualquier lado, en otro narc\u00f3tico suave\u201d.<\/p>\n<p>Cuando Taruskin vino a M\u00e9xico, hubiera sido l\u00f3gico que nos hablase de sus trabajos acerca del nacionalismo en la m\u00fasica, o de alg\u00fan compositor o repertorio que tuviese rasgos afines con la m\u00fasica de M\u00e9xico. Desde luego, no quiso nada semejante y dedic\u00f3 su seminario para darnos a conocer uno de sus nuevos ensayos dedicado a Liszt y el mal gusto. Al inicio, las ideas de Taruskin parec\u00edan l\u00f3gicas y previsibles: hab\u00edan sido los despliegues ostentosos de t\u00e9cnica los que, con Liszt a la cabeza, se hab\u00edan convertido en el rasgo distintivo de los int\u00e9rpretes del siglo XIX. \u00bfEran tales despliegues m\u00fasica o circo? De la necesidad de distinguir entre ambos surgi\u00f3 una cr\u00edtica informada, seria, que pudiera ocuparse de los aspectos m\u00e1s importantes de la m\u00fasica, de su significado, de sus alcances est\u00e9ticos, culturales; y no de los tristes o aparatosos devaneos de int\u00e9rpretes o directores. Pero veinte cuartillas y dos horas despu\u00e9s, su discurso nos hab\u00eda llevado al centro mismo del problema de la m\u00fasica cl\u00e1sica en nuestro tiempo: su elitismo y su percepci\u00f3n como un arte lejano y en decadencia.<\/p>\n<p>Theodor Billroth, el mecenas y amigo de Brahms que deseaba escuchar a solas la Primer Sinfon\u00eda, corporeizaba el problema, es decir, la construcci\u00f3n artificial de la m\u00fasica cl\u00e1sica como un espacio de \u00e9lite; una noci\u00f3n que hab\u00eda sido alentada mil veces (por Sch\u00f6enberg, entre otros, nos record\u00f3 Taruskin, con su demoledora frase: \u201cSi es arte, no es para todos, y si es para todos no es arte\u201d). Pero Liszt, que hab\u00eda escrito las obras m\u00e1s avanzadas y sofisticadas, lo mismo que una \u201cRapsodia H\u00fangara II\u201d que hasta Bugs Bunny interpret\u00f3, \u201chab\u00eda creado, con su impulso generoso y expansivo para incluir a todos y a todo, muchos problemas para ese proyecto\u201d. A Brendel, a Charles Rosen, la\u00a0<em>incorrecci\u00f3n<\/em>\u00a0\u2014musical, pol\u00edtica, nacionalista\u2014 de esa obra les causaba problemas. Si algo aprendimos en aquella memorable sesi\u00f3n fue el poder del pensamiento cr\u00edtico acerca de la m\u00fasica y, en particular, de olfatear y desmoronar los discursos ut\u00f3picos preconcebidos que a menudo son el verdadero obst\u00e1culo para darle a la m\u00fasica un espacio amplio y floreciente.<\/p>\n<p><strong>\u00a0\u201cLA MUSICOLOG\u00cdA<\/strong>\u00a0es uno de los agentes inventivos de la m\u00fasica\u201d, afirm\u00f3 en alguna p\u00e1gina de\u00a0<em>Text &amp; Act<\/em>, otro de sus libros imperdibles. La tonalidad que tal frase sugiere es acaso la que hoy impera tras estas l\u00edneas donde la tristeza de su partida y la admiraci\u00f3n por su trabajo se funden. Si algo hab\u00eda que aprender de Taruskin era su infinita capacidad para construir, para inventar la m\u00fasica desde un discurso renovado. No importa si se trata de su visi\u00f3n sobre m\u00fasicas rec\u00f3nditas \u2014como en el primer volumen de su\u00a0<em>Historia Oxford<\/em>, dedicado a las m\u00fasicas m\u00e1s antiguas\u2014, o sobre las m\u00e1s conocidas \u2014Liszt, Beethoven, Chaikovski\u2014, o si se trata de las p\u00e1ginas finales de su monumental\u00a0<em>opus<\/em>\u00a0donde habla \u2014\u00bfqui\u00e9n lo dir\u00eda?\u2014 de los textos de Rosario Castellanos utilizados por John Adams para su oratorio\u00a0<em>El ni\u00f1o<\/em>, estrenado el a\u00f1o 2000. Al hablar de esta obra, Taruskin no s\u00f3lo se remonta a la Conquista o a la matanza del 68, sino tambi\u00e9n al Londres de H\u00e4ndel, otra \u00e9poca en que lo sacro y musical resultaron en un repertorio comercialmente viable, como el de Adams, o como el de las pasiones de Gubaidulina o Rihm, de las que tambi\u00e9n da cuenta al final de su texto. \u201cEsa nueva espiritualidad, \u00bfes meramente otra pantalla tras la cual el arte elevado se aboca a su tarea cotidiana de reforzar las divisiones sociales al crear ocasiones de \u00e9lite?\u201d, se pregunta sin ofrecer m\u00e1s respuesta que su conclusi\u00f3n: \u201cEl futuro es cosa de los adivinos. Nuestra historia termina, como debe hacerlo, en medio de las cosas\u201d.<\/p>\n<p>En efecto, la m\u00fasica est\u00e1 en medio de las cosas, de la historia, de la vida. Un music\u00f3logo es el duende garcialorquiano que entra y sale de ella, nadando en sus aguas sonoras, ya hacia lo m\u00e1s hondo, ya hacia las gotas que salpican el aire. Taruskin fue un duende maestro de la musicolog\u00eda, un Puck de las pautas y sus arcanos, cuyas diatribas e ideas tel\u00faricas, a veces demoledoras, siempre desestabilizantes, echaremos en falta y habremos de a\u00f1orar.\u00a0<\/p>\n<p>RICARDO MIRANDA (Ciudad de M\u00e9xico, 1966) es autor de Manuel M. Ponce (Akal, 2020) y\u00a0<em>Ecos, alientos y sonidos, ensayos sobre m\u00fasica mexicana<\/em>\u00a0(FCE, 2001). Fue director del Conservatorio<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<figure>\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t<img decoding=\"async\" width=\"600\" height=\"300\" src=\"https:\/\/www.imer.mx\/opus\/wp-content\/uploads\/sites\/13\/Richard-Taruskin.jpg\" alt=\"\" loading=\"lazy\" \/><figcaption>Foto: Richard Taruskin (1945-2022).Fuente: kyotoprize.ox.ac.uk<\/figcaption><\/figure>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En el a\u00f1o 2016, la exitosa visita a M\u00e9xico de Richard Taruskin comprob\u00f3, como afirma esta memoria, que la musicolog\u00eda en nuestro pa\u00eds ya no es \u201cun asunto de aficionados\u201d. El conocimiento del erudito se hizo evidente en sus colaboraciones pol\u00e9micas y, ante todo, en los seis vol\u00famenes de su Historia Oxford de la m\u00fasica occidental, que aseguran la permanencia de su legado. Estas p\u00e1ginas evocan con precisi\u00f3n y calidez tanto el genio como la figura del autor, fallecido este mes de julio.<br \/>\nLE DEBO A LUISA VILAR PAY\u00c1 el privilegio de haber conocido a Richard Taruskin (1945-2022), el music\u00f3logo norteamericano fallecido el primero de julio en California. Junto con Luisa lo trajimos a M\u00e9xico en 2016 para que impartiese algunas conferencias y un curso para j\u00f3venes investigadores. Que el especialista m\u00e1s importante de nuestro tiempo haya venido a dar clases ya nos dice algo acerca de c\u00f3mo la musicolog\u00eda ha dejado de ser, en nuestro pa\u00eds, un asunto de aficionados para convertirse, paulatinamente, en una disciplina acad\u00e9mica formal y reconocida. Desde luego no canto ninguna victoria, los espont\u00e1neos siguen saltando al ruedo, pero algo se mueve y cambia.<br \/>\nDe aquellos d\u00edas se dibuja en la memoria el recuerdo de una tarde cuando, tras comer op\u00edparamente en Xalapa, nos trasladamos al auditorio de la Facultad de M\u00fasica para una mesa redonda donde nos habl\u00f3 de dos temas favoritos, la relaci\u00f3n entre cr\u00edtica y mal gusto y los peligros del pensamiento ut\u00f3pico. Apenas pudimos entrar y en todos mis a\u00f1os en Xalapa no recuerdo haber visto as\u00ed de abarrotado aquel auditorio. Cuando salimos, Taruskin estaba feliz de haber tenido un p\u00fablico tan numeroso como interesado, con los j\u00f3venes sentados en los escalones, pero como en Xalapa lo m\u00e1s importante es la comida, nos dimos a la fuga para ir a cenar con otro grupo de alumnos al famoso Asadero Cien. Recuerdo tambi\u00e9n que mientras camin\u00e1bamos, rodeados de j\u00f3venes que le ped\u00edan las consabidas fotos y firmas de libros \u2014Taruskin era en aquellos momentos un pop star\u2014, una bur\u00f3crata me alcanz\u00f3 para decirme que todav\u00eda no estaban listos los fondos que har\u00edan posible su visita. El esp\u00edritu kafkiano vive a sus anchas en la Universidad Veracruzana y aquella ocasi\u00f3n no dej\u00f3 de mostrar la estulticia de su sonrisa administrativa.<br \/>\nTARUSKIN INICI\u00d3 AQUELLA VISITA a M\u00e9xico en Cholula, adonde lo hab\u00eda invitado la Universidad de las Am\u00e9ricas antes de los problemas tambi\u00e9n kafkianos que hoy la invaden. Ah\u00ed dict\u00f3 una estupenda conferencia sobre interpretaci\u00f3n musical (uno de sus temas favoritos) y nos hizo escuchar diversos ejemplos, incluido el famoso pasaje a solo del Quinto concierto de Brandemburgo tocado por Furtw\u00e4ngler. Entre cursos y conferencias lo llevamos a Teotihuac\u00e1n, que lo deslumbr\u00f3; al Museo Nacional de Antropolog\u00eda \u2014donde Antonio Saborit, su director, nos regal\u00f3 una inolvidable visita guiada\u2014 y, a firme petici\u00f3n suya, a la casa museo de Trotsky en Coyoac\u00e1n. Ah\u00ed Taruskin fue nuestro gu\u00eda especializado. Reconocido como el gran experto en m\u00fasica rusa \u2014para enojo de los music\u00f3logos sovi\u00e9ticos\u2014 la historia de ese pa\u00eds le apasionaba y le hab\u00eda dedicado no pocos esfuerzos. Sus famosos vol\u00famenes sobre Stravinski son referencia obligada y sus libros Definiendo a Rusia musicalmente y La m\u00fasica rusa, en casa y en el extranjero son fuente inagotable de reflexi\u00f3n y aprendizaje.<br \/>\nPara quienes estudiamos cualquier asunto vinculado con la vida musical mexicana en los siglos XIX o XX, la lectura de los ensayos de Taruskin sobre m\u00fasica rusa es siempre reveladora, y basta sustituir el nombre de ese pa\u00eds por M\u00e9xico para darnos cuenta del provecho y val\u00eda de sus reflexiones. En particular, la historia de la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica le apasionaba. Quiz\u00e1 por ello, una de sus m\u00e1s famosas columnas en el New York Times, del que fue colaborador habitual, fue aquella de 2016 donde polemiz\u00f3 sobre la novela que Julian Barnes dedic\u00f3 a Shostakovitch, El ruido del tiempo. \u00bfHasta qu\u00e9 punto un novelista deja de ser historiador? \u00bfPor d\u00f3nde pasa la l\u00ednea que divide las tareas de un literato de las del music\u00f3logo metido a bi\u00f3grafo?<br \/>\nLos novelistas \u2014escribi\u00f3 Taruskin\u2014 tienen todo el derecho de utilizar los datos hist\u00f3ricos para dotar de verosimilitud sus obras, y entera libertad de traspasar m\u00e1s all\u00e1 de los hechos, hacia donde su deseo les lleve. Los historiadores, sin embargo, est\u00e1n atados por las circunstancias, condenados a las vistas parciales y obstruidas que sus fuentes les ofrecen. Su \u00fanico recurso es seguir buscando y rezar mientras los novelistas pueden gozar de una vista sin cortapisas. Pero \u00bfqu\u00e9 es lo que ven? A menudo, describen deliberadamente lo que nunca sucedi\u00f3.<br \/>\nA esa l\u00facida oposici\u00f3n metodol\u00f3gica a\u00f1adi\u00f3 en la frase m\u00e1s demoledora de su rese\u00f1a una conclusi\u00f3n muy dura: \u201c[Julian Barnes] quiere la libertad del novelista y la autoridad del historiador. Al buscar ambas se queda sin ninguna\u201d.<br \/>\nEn efecto, la m\u00fasica est\u00e1 en medio de las cosas, de la historia,<br \/>\nde la vida. Un music\u00f3logo es el duende garcialorquiano que entra y sale de ella, nadando en sus aguas sonoras<br \/>\nNO ME IMAGINO c\u00f3mo habr\u00e1 sido polemizar con Taruskin. Y menos me habr\u00eda gustado hacerlo m\u00e1s all\u00e1 de alguna sobremesa o correo electr\u00f3nico que alcanzamos a cruzar. Era un hombre enciclop\u00e9dico y pose\u00eda una memoria descomunal. As\u00ed lo retrat\u00f3 James R. Oestrich, su editor en el New York Times, pero no hace falta ning\u00fan testigo en el estrado para quienes lean algo de su Oxford History of Western Music, un tour de force en cinco vol\u00famenes (m\u00e1s un sexto de \u00edndices y referencias) que, despu\u00e9s de todo, puede pensarse \u2014seg\u00fan \u00e9l mismo dec\u00eda\u2014 como la \u00faltima obra de su especie.<br \/>\n\u00bfPuede una sola persona saber tanto de m\u00fasica? \u00bfY puede, adem\u00e1s, ponerlo por escrito e ilustrarlo con toda suerte de ejemplos musicales? Si la misma idea de una historia de la m\u00fasica ya es dif\u00edcil de contemplar, en virtud de las dificultades t\u00e9cnicas que implica escribirla, la noci\u00f3n de una historia de la m\u00fasica a cargo de un solo autor hoy se antoja imposible, m\u00e1s la necia insistencia de alg\u00fan aficionado que un libro medianamente serio. Pero la Historia Oxford de Taruskin acaba con tales prejuicios: que se detenga en tantos detalles y se meta a profundidad con varios compositores, t\u00e9cnicas y estilos; que subraye o se detenga sobre m\u00fasicas poco exploradas (como las p\u00e1ginas que dedic\u00f3 a Juli\u00e1n Carrillo como art\u00edfice de la m\u00fasica moderna) y que d\u00e9 cuenta de tantos y tantos aspectos de la m\u00fasica estudiada, se antoja una tarea tit\u00e1nica pero digna de ser emulada, siquiera entre varios music\u00f3logos.<br \/>\nCierto, no es una lectura f\u00e1cil ni todas sus p\u00e1ginas est\u00e1n destinadas a un p\u00fablico amplio pues a menudo exige de sus lectores una buena formaci\u00f3n musical, capacidad para leer partituras y conocimientos s\u00f3lidos de armon\u00eda y an\u00e1lisis. Pero nadie dijo que la musicolog\u00eda fuera f\u00e1cil y s\u00f3lo los muy sordos dir\u00e1n que se puede hablar o escribir sobre m\u00fasica sin saber de m\u00fasica, sin saber leer m\u00fasica.<br \/>\nEsa capacidad enciclop\u00e9dica no era gratuita. \u201cNo lo hurta, lo hereda\u201d, dir\u00edan en mi familia. Taruskin hab\u00eda estudiado con Paul Henry Lang, cuyas mil cien p\u00e1ginas intituladas La m\u00fasica en la civilizaci\u00f3n occidental fueron el libro de referencia que hace cincuenta a\u00f1os se antojaba insuperable. As\u00ed vemos hoy la Historia Oxford de Taruskin, aunque no faltan quienes acusan omisiones (habla casi nada de Sibelius, no menciona a ciertas compositoras norteamericanas, etc\u00e9tera). Como le confes\u00f3 \u00e9l mismo a un reportero, \u201cmientras Taruskin sea el rival a vencer, Taruskin est\u00e1 contento\u201d.<br \/>\nFUE UN MUSIC\u00d3LOGO EJEMPLAR, capaz de escribir para el mundo acad\u00e9mico y para el p\u00fablico que segu\u00eda sus rese\u00f1as o sus pol\u00e9micas columnas period\u00edsticas. Sus cr\u00edticas hacia consabidos compositores norteamericanos como Milton Babbitt o Donald Martino, su visi\u00f3n inquisitiva sobre figuras consagradas como Sch\u00f6enberg o Prok\u00f3fiev y su cuestionamiento de la llamada interpretaci\u00f3n hist\u00f3ricamente informada levantaron \u00e1mpulas, gritos y sombrerazos. Cuando en 2001, tras los ataques de septiembre, la Orquesta Sinf\u00f3nica de Boston decidi\u00f3 censurar algunos coros de la \u00f3pera de John Adams, La muerte de Klinghoffer (donde terroristas palestinos matan a un jud\u00edo en silla de ruedas), el llamado de Taruskin a distinguir entre paciencia y censura caus\u00f3 un revuelo que se sinti\u00f3 en ambas orillas del Atl\u00e1ntico&#8230; \u00bfqu\u00e9 nos habr\u00eda dicho de la cancelaci\u00f3n que hoy pende sobre algunos artistas rusos?<br \/>\nLa respuesta, casi con seguridad, le habr\u00eda llevado a uno de sus leitmotiv. En uno de sus libros cuyo t\u00edtulo lo dice todo, El peligro de la m\u00fasica y otros ensayos antiut\u00f3picos, reuni\u00f3 muchas de sus rese\u00f1as donde es f\u00e1cil encontrarle en medio de los temas m\u00e1s pol\u00e9micos. \u201cLa m\u00fasica es una poderosa forma de persuasi\u00f3n que opera en el mundo, un arte serio que posee una fuerza \u00e9tica y que impone responsabilidades \u00e9ticas\u201d, afirm\u00f3 respecto a la interminable discusi\u00f3n sobre Wagner y el antisemitismo. \u201cEs mejor que Wagner siga siendo tref (\u201csucio\u201d) en Israel y que la pol\u00e9mica arda [&#8230;] antes de que se convierta, en la vida de los conciertos en Israel, tanto como en cualquier lado, en otro narc\u00f3tico suave\u201d.<br \/>\nCuando Taruskin vino a M\u00e9xico, hubiera sido l\u00f3gico que nos hablase de sus trabajos acerca del nacionalismo en la m\u00fasica, o de alg\u00fan compositor o repertorio que tuviese rasgos afines con la m\u00fasica de M\u00e9xico. Desde luego, no quiso nada semejante y dedic\u00f3 su seminario para darnos a conocer uno de sus nuevos ensayos dedicado a Liszt y el mal gusto. Al inicio, las ideas de Taruskin parec\u00edan l\u00f3gicas y previsibles: hab\u00edan sido los despliegues ostentosos de t\u00e9cnica los que, con Liszt a la cabeza, se hab\u00edan convertido en el rasgo distintivo de los int\u00e9rpretes del siglo XIX. \u00bfEran tales despliegues m\u00fasica o circo? De la necesidad de distinguir entre ambos surgi\u00f3 una cr\u00edtica informada, seria, que pudiera ocuparse de los aspectos m\u00e1s importantes de la m\u00fasica, de su significado, de sus alcances est\u00e9ticos, culturales; y no de los tristes o aparatosos devaneos de int\u00e9rpretes o directores. Pero veinte cuartillas y dos horas despu\u00e9s, su discurso nos hab\u00eda llevado al centro mismo del problema de la m\u00fasica cl\u00e1sica en nuestro tiempo: su elitismo y su percepci\u00f3n como un arte lejano y en decadencia.<br \/>\nTheodor Billroth, el mecenas y amigo de Brahms que deseaba escuchar a solas la Primer Sinfon\u00eda, corporeizaba el problema, es decir, la construcci\u00f3n artificial de la m\u00fasica cl\u00e1sica como un espacio de \u00e9lite; una noci\u00f3n que hab\u00eda sido alentada mil veces (por Sch\u00f6enberg, entre otros, nos record\u00f3 Taruskin, con su demoledora frase: \u201cSi es arte, no es para todos, y si es para todos no es arte\u201d). Pero Liszt, que hab\u00eda escrito las obras m\u00e1s avanzadas y sofisticadas, lo mismo que una \u201cRapsodia H\u00fangara II\u201d que hasta Bugs Bunny interpret\u00f3, \u201chab\u00eda creado, con su impulso generoso y expansivo para incluir a todos y a todo, muchos problemas para ese proyecto\u201d. A Brendel, a Charles Rosen, la incorrecci\u00f3n \u2014musical, pol\u00edtica, nacionalista\u2014 de esa obra les causaba problemas. Si algo aprendimos en aquella memorable sesi\u00f3n fue el poder del pensamiento cr\u00edtico acerca de la m\u00fasica y, en particular, de olfatear y desmoronar los discursos ut\u00f3picos preconcebidos que a menudo son el verdadero obst\u00e1culo para darle a la m\u00fasica un espacio amplio y floreciente.<br \/>\n \u201cLA MUSICOLOG\u00cdA es uno de los agentes inventivos de la m\u00fasica\u201d, afirm\u00f3 en alguna p\u00e1gina de Text &amp; Act, otro de sus libros imperdibles. La tonalidad que tal frase sugiere es acaso la que hoy impera tras estas l\u00edneas donde la tristeza de su partida y la admiraci\u00f3n por su trabajo se funden. Si algo hab\u00eda que aprender de Taruskin era su infinita capacidad para construir, para inventar la m\u00fasica desde un discurso renovado. No importa si se trata de su visi\u00f3n sobre m\u00fasicas rec\u00f3nditas \u2014como en el primer volumen de su Historia Oxford, dedicado a las m\u00fasicas m\u00e1s antiguas\u2014, o sobre las m\u00e1s conocidas \u2014Liszt, Beethoven, Chaikovski\u2014, o si se trata de las p\u00e1ginas finales de su monumental opus donde habla \u2014\u00bfqui\u00e9n lo dir\u00eda?\u2014 de los textos de Rosario Castellanos utilizados por John Adams para su oratorio El ni\u00f1o, estrenado el a\u00f1o 2000. Al hablar de esta obra, Taruskin no s\u00f3lo se remonta a la Conquista o a la matanza del 68, sino tambi\u00e9n al Londres de H\u00e4ndel, otra \u00e9poca en que lo sacro y musical resultaron en un repertorio comercialmente viable, como el de Adams, o como el de las pasiones de Gubaidulina o Rihm, de las que tambi\u00e9n da cuenta al final de su texto. \u201cEsa nueva espiritualidad, \u00bfes meramente otra pantalla tras la cual el arte elevado se aboca a su tarea cotidiana de reforzar las divisiones sociales al crear ocasiones de \u00e9lite?\u201d, se pregunta sin ofrecer m\u00e1s respuesta que su conclusi\u00f3n: \u201cEl futuro es cosa de los adivinos. Nuestra historia termina, como debe hacerlo, en medio de las cosas\u201d.<br \/>\nEn efecto, la m\u00fasica est\u00e1 en medio de las cosas, de la historia, de la vida. Un music\u00f3logo es el duende garcialorquiano que entra y sale de ella, nadando en sus aguas sonoras, ya hacia lo m\u00e1s hondo, ya hacia las gotas que salpican el aire. Taruskin fue un duende maestro de la musicolog\u00eda, un Puck de las pautas y sus arcanos, cuyas diatribas e ideas tel\u00faricas, a veces demoledoras, siempre desestabilizantes, echaremos en falta y habremos de a\u00f1orar.<br \/>\nRICARDO MIRANDA (Ciudad de M\u00e9xico, 1966) es autor de Manuel M. Ponce (Akal, 2020) y Ecos, alientos y sonidos, ensayos sobre m\u00fasica mexicana (FCE, 2001). Fue director del Conservatorio <\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":38046,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"wp_popup_display_lightbox":0,"wp_popup_suppress":"","wp_popup_trigger":"","wp_popup_trigger_amount":0,"wp_popup_disable_on_mobile":false,"footnotes":""},"categories":[37],"tags":[65],"class_list":["post-38044","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-articulos-recomendados","tag-contemporanea","category-37","description-off"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.imer.mx\/opus\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/38044","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.imer.mx\/opus\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.imer.mx\/opus\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.imer.mx\/opus\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.imer.mx\/opus\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=38044"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.imer.mx\/opus\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/38044\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.imer.mx\/opus\/wp-json\/wp\/v2\/media\/38046"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.imer.mx\/opus\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=38044"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.imer.mx\/opus\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=38044"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.imer.mx\/opus\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=38044"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}