{"id":17263,"date":"2020-09-23T23:29:33","date_gmt":"2020-09-24T04:29:33","guid":{"rendered":"https:\/\/www.imer.mx\/opus\/?p=17263"},"modified":"2020-09-23T23:32:06","modified_gmt":"2020-09-24T04:32:06","slug":"habitando-una-musica","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.imer.mx\/opus\/habitando-una-musica\/","title":{"rendered":"Habitando una m\u00fasica"},"content":{"rendered":"<div class=\"wpb-content-wrapper\"><p>[vc_row][vc_column][vc_custom_heading text=&#8221;Habitando una m\u00fasica&#8221; google_fonts=&#8221;font_family:Montserrat%3Aregular%2C700|font_style:400%20regular%3A400%3Anormal&#8221;][vc_single_image image=&#8221;17264&#8243; img_size=&#8221;full&#8221; add_caption=&#8221;yes&#8221;][vc_column_text]<\/p>\n<h5>Fuente: <a href=\"https:\/\/elpais.com\/cultura\/2020\/09\/17\/babelia\/1600352025_886271.html\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">elpais.com<\/a><\/h5>\n<p>17\/09\/2020[\/vc_column_text][vc_empty_space height=&#8221;8px&#8221;][vc_column_text]Confinado en M\u00e1laga, en una casa de campo, y absuelto de los viajes incesantes de una estrella internacional de la m\u00fasica, Daniel Barenboim se levantaba cada ma\u00f1ana y se pon\u00eda a estudiar las sonatas de piano de Beethoven. En la entrevista que le hace Jes\u00fas Ruiz Mantilla, a Barenboim se le nota el pudor de reconocer que ha disfrutado tanto en una \u00e9poca de calamidad y dolor: no ten\u00eda que extenuarse por aeropuertos y hoteles de gran lujo; no ten\u00eda que dirigir y luego asistir agotado y sonriente a esas recepciones que dan los multimillonarios y los patronos de las grandes instituciones musicales a eminencias como \u00e9l. Desayunaba, sal\u00eda al jard\u00edn, se sentaba al piano, abr\u00eda una partitura. Que a los 77 a\u00f1os a\u00fan tenga que estudiar con ah\u00ednco, y con visible entusiasmo, esas sonatas de Beethoven es un indicio de la riqueza sin fondo que puede contenerse en el interior de una m\u00fasica y tambi\u00e9n de la mezcla de constancia y de fervor que es el alimento de todo aprendizaje. Aprender no se acaba nunca. En nuestra \u00e9poca se asocia el talento con el efectismo, y el disfrute est\u00e9tico con la inmediatez, y nada que requiera una larga constancia parece atractivo.<\/p>\n<p>Daniel Barenboim grab\u00f3 a lo largo de tres a\u00f1os, una tras otra, las 32 sonatas de piano de Beethoven, que se publicaron en 1984. Ahora le cuenta a Ruiz Mantilla que las ha grabado o las est\u00e1 grabando de nuevo. Tantos a\u00f1os de familiaridad con esa m\u00fasica le habr\u00e1n dado un conocimiento \u00edntimo, detallado, granular de cada una de las obras, una visi\u00f3n completa de esa corriente creativa que atraviesa la mayor parte de la vida adulta de Beethoven y que se detiene, un tanto misteriosamente, cinco a\u00f1os antes de su muerte. Beethoven empez\u00f3 a publicar sonatas para piano cuando era sobre todo un joven int\u00e9rprete que asombraba por la calidad de su virtuosismo y sus facultades como improvisador. La desgracia de la sordera, dice Richard Taruskin, al apartarlo de la vida social y malograr su carrera de pianista, le hizo recluirse en la faceta m\u00e1s solitaria y especulativa de la m\u00fasica: y en concordancia tal vez con esa reclusi\u00f3n, las sonatas de piano que iba publicando dejaron de ser partituras atractivas y de no mucha dificultad para int\u00e9rpretes aficionados y salones dom\u00e9sticos, y se convirtieron en obras de una exigencia t\u00e9cnica extrema y de una intensidad expresiva que estaba m\u00e1s cerca de la confesi\u00f3n y el arrebato que del cultivado entretenimiento social. El gran recluso sordo y mis\u00e1ntropo se manten\u00eda alerta a las novedades tecnol\u00f3gicas de las que podr\u00eda beneficiarse su talento creativo. El piano, tal como lo conocemos ahora, con todas sus prodigiosas capacidades, estaba siendo perfeccionado justo en los tiempos de Beethoven, y \u00e9l dispuso antes que nadie de un modelo dise\u00f1ado en Londres por un fabricante admirador suyo que se lo envi\u00f3 a Viena. Hay sin duda una correspondencia entre la libertad desatada de las \u00faltimas sonatas, su radicalismo formal y su recapitulaci\u00f3n de la m\u00fasica de sus antecesores, y la flexibilidad, amplitud, la precisi\u00f3n, la capacidad de matices de un instrumento tan sofisticado.<\/p>\n<p>Dice Barenboim que un m\u00fasico no es un int\u00e9rprete, sino un lector: un lector dotado de o\u00eddo absoluto, de atenci\u00f3n absoluta, que ha de ir leyendo una por una cada nota y absorbiendo y expresando toda su riqueza, consciente de lo que dice la partitura y tambi\u00e9n de lo que no dice, de los sonidos igual que de los silencios, como un lector de literatura percibe cada frase leyendo lo que est\u00e1 escrito en ella y lo que est\u00e1 implicado, lo insinuado, lo sugerido, lo no dicho, lo que se descubrir\u00e1 no en la primera, sino en la segunda lectura, o cuando el libro vuelva a leerse al cabo de los a\u00f1os, a la luz de la experiencia acarreada del lector, la de sus lecturas y tambi\u00e9n la de su vida. El Beethoven que termina la \u00faltima sonata, la n\u00ba 32, a los 52 a\u00f1os de su vida no se parece al joven que public\u00f3 las primeras casi 30 a\u00f1os atr\u00e1s, cuando era un joven virtuoso cargado de porvenir. El joven compone las primeras sonatas como una celebraci\u00f3n de una forma perfecta, equilibrada, luminosa, heredadera de Haydn y de Mozart, modificada ya por \u00e9l con un sesgo personal que todav\u00eda est\u00e1 afianz\u00e1ndose. En las sonatas finales, en la \u00faltima de todas, la forma se disgrega en mutaciones bruscas que traslucen el proceso mismo de tanteo y hallazgo de la composici\u00f3n. Los motivos se suceden como borradores que nunca cuajan en una invenci\u00f3n definitiva: uno de ellos cobra una extra\u00f1a furia de danza y suena como un boogie-woogie. La sonata, m\u00e1s que terminar, se va disolviendo como en un murmullo, las l\u00edneas borrosas de un dibujo, en papel en blanco, el silencio.<\/p>\n<p>Habr\u00eda que escuchar a Barenboim tocando esa sonata, llegando a ese final, en el piano de su casa, en el silencio tan raro del confinamiento. Tampoco \u00e9l es el mismo m\u00fasico que la grab\u00f3 en 1984, la misma persona. El encierro y la quietud le habr\u00e1n permitido una concentraci\u00f3n que solo estas circunstancias excepcionales han hecho posible. A Barenboim lo hemos visto dirigir de memoria las cinco horas de Trist\u00e1n e Isolda. A m\u00ed me gustar\u00eda saber c\u00f3mo es llevar en la conciencia toda esa m\u00fasica, c\u00f3mo ser\u00e1 ir progresando en la traves\u00eda de las sonatas de piano mirando solo la partitura, o imagin\u00e1ndolas, una por una, esa constelaci\u00f3n de formas y de emociones y estados de esp\u00edritu, el diario \u00edntimo de una vida entera. Se parecer\u00e1 al modo en que las personas llevaban antes en la memoria poemas enteros, aunque tambi\u00e9n quiz\u00e1s a la presencia que esa misma m\u00fasica iba adquiriendo en la imaginaci\u00f3n de Beethoven a medida que la compon\u00eda, en los \u00faltimos a\u00f1os, cuando ya hab\u00eda perdido por completo el o\u00eddo.<\/p>\n<p>De una manera vicaria, tambi\u00e9n el aficionado, aunque no tenga formaci\u00f3n musical, puede habitar en las sonatas, quedarse en ellas durante un largo tiempo, sin la prisa y la ansiedad de escuchar otras cosas, con un sedentarismo no del todo electivo, porque no habr\u00eda existido sin el confinamiento. En los d\u00edas inh\u00f3spitos de mediados de marzo yo encontr\u00e9 un abrigo en ese estuche de las sonatas de Beethoven grabadas por Barenboim en 1984, y a\u00fan sigo en \u00e9l. Cuanto m\u00e1s las escucho, m\u00e1s resonancias despiertan en m\u00ed, y m\u00e1s cosas nuevas descubro en ellas. No puedo imaginar c\u00f3mo ser\u00e1 tocarlas uno mismo, vivir de verdad en ellas.[\/vc_column_text][vc_empty_space height=&#8221;8px&#8221;][vc_column_text]Art\u00edculo original: <a href=\"https:\/\/elpais.com\/cultura\/2020\/09\/17\/babelia\/1600352025_886271.html\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">elpais.com\/cultura\/2020\/09\/17\/babelia\/1600352025_886271.html<\/a>[\/vc_column_text][\/vc_column][\/vc_row]<\/p>\n<\/div>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>[vc_row][vc_column][vc_custom_heading text=&#8221;Habitando una m\u00fasica&#8221; google_fonts=&#8221;font_family:Montserrat%3Aregular%2C700|font_style:400%20regular%3A400%3Anormal&#8221;][vc_single_image image=&#8221;17264&#8243; img_size=&#8221;full&#8221; add_caption=&#8221;yes&#8221;][vc_column_text] Fuente: elpais.com 17\/09\/2020[\/vc_column_text][vc_empty_space height=&#8221;8px&#8221;][vc_column_text]Confinado en M\u00e1laga, en una casa de campo, y absuelto de los viajes incesantes de una estrella internacional de la m\u00fasica, Daniel Barenboim se levantaba cada ma\u00f1ana y se pon\u00eda a estudiar las sonatas de piano de Beethoven. 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